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Aplausos y lágrimas para José Cura

El tenor debutó con éxito en Le Cid y dedicó su actuación a la memoria de su padre
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20 de enero de 2008  

Con una gran ovación de pie, el público suizo aplaudió al tenor argentino José Cura, el último domingo, en la prestigiosa ópera de Zurich, retribuyendo no sólo una brillante actuación artística sino, sobre todo, el sacrificio y la entereza de cantar esa noche. Cura dedicó la función a la memoria de su padre, fallecido en la Argentina la misma mañana en que el cantante debutaba el rol de Rodrigo, en una nueva producción de la poco frecuentada ópera Le Cid , del compositor francés Jules Massenet. Según consignan los diarios helvéticos, la muerte fue completamente sorpresiva. Sin embargo, el tenor afrontó con gran profesionalismo el compromiso tanto con su público -que asistía a una importante première - como con el teatro, que hubiera quedado en serias dificultades ante la eventual necesidad de reemplazo, en apenas cuestión de horas, para un rol que pocos cantantes poseen en repertorio. Cura debutó con solvencia, cosechó la gratitud de compañeros y público, y sólo al día siguiente viajó a su Rosario natal.

Las repercusiones en los medios suizos agregan que el director general de la casa, el austríaco Alexander Pereira, apeló a la fortaleza de los artistas para esta ópera in memoriam , trágica también por la muerte del destacado escenógrafo y vestuarista Andreas Reinhardt, fallecido al poco tiempo de comenzados los ensayos de la producción. Unánimemente destacaron la soberana batuta del francés Michel Plasson y el desempeño vocal de todos los cantantes -con notables elogios para Cura interpretando a Rodrigo en un "impresionante retrato del amor y el honor en la familia del desgarrado héroe español"-, así como las efectivas cualidades generales de la obra y ciertos aspectos de la puesta en escena. "Cura mereció los más altos respetos y las muestras de afecto de los espectadores porque, a pesar del triste momento personal, logró sobreponerse con enorme temple. El gesto del director Plasson, cuando subió al escenario al cabo de la obra y abrazó a Cura, conmovió a todos los presentes", escribió el Badische Zeitung .

Conquista

"El punto culminante fue, sin dudas, la escena de la desesperada Chimène en dúo final con Rodrigo, momento en el que ambos protagonistas -Isabelle Kabatu y José Cura- conquistaron al público tanto con su canto como con la actuación (según una crítica firmada por Alexander Dick). También oportunos los méritos del régisseur Nicolas Joel (cuya puesta logró además una precisa e imponente coreografía en los movimientos corales), que concibió un cuadro particularmente expresivo para la plegaria de Rodrigo, a través del cual supo mostrar, con magistral vuelo, la soledad del héroe en O souverain, o juge, o père , una escena que, en las circunstancias que precisamente le tocaban a Cura, debió haber sido inmensamente difícil de cantar, pero que el tenor interpretó con grandeza. La dinámica casi constante entre el forte y mezzo-forte no revistió mayores problemas para el tenor, que se impuso sobre la orquesta con una voz poderosa e interesante y una reserva siempre inagotable".

No obstante la desgracia, fue una noche artísticamente triunfal para el cantante argentino.

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