Walas: “En Argentina no existe el perdedor lindo”

El líder de Massacre habla de ser padre de un adolescente y de cómo egresó de la autodestrucción rockera para lucir su barriga. Mirá el video de "La reina de Marte".
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22 de enero de 2008  • 12:36

Una mañana de sol, la banda tocaba en los estudios de la Rock & Pop, pose sombría como siempre, y Mario Pergolini preguntaba: "Chicos, ¿quieren que se nuble?". Ahí se dieron cuenta de que eran como Fugazi, demasiado serios. Desde entonces, para ellos, el rock, sagrado durante los reinados de John Lennon y Bob Dylan, hoy convertido en fenómeno que sirve de relleno para festivales esponsoreados, ya no merece tanta solemnidad. Por eso Walas, el cantante, ya no quiere ser como aquel Ian Curtis de Joy Division, que se ahorcó en la cocina de su casa en Manchester a los 23 años, sino este personaje absurdo capaz de subirse al escenario con sus kilos embutidos en una campera animal print fucsia y negra, acariciándose sugestivamente la busarda desnuda. Walas, ex espíritu suicida del rock & roll, ya no copia los excesos de New York Dolls pero se le atreve al vestuario. El mamut es el nuevo álbum.

Massacre, especie en peligro de extinción, quiere escapar del underground de culto. Fernando Ruiz Díaz fue la luz al final del túnel del rock independiente que iba por debajo del oficial. Producido por Juanchi Baleirón –de Los Pericos–, El mamut encarna un "ahora o nunca", por eso el arte de tapa es un viejo grabador de los 80 que emerge sucio, cubierto de tierra. Desenterrado por ese grupo de antropólogos conocido como retro rock, Massacre hasta parece dispuesto a ser consumido en masa a la par de los Strokes.

¿Cómo llegaron a la superficie?

Cuando buscamos demasiado adentro, nos pusimos muy amargos. Entonces le pusimos color a nuestras vidas. Cuando te halagan un poco, vendés más discos y llevás más gente; cuando aparece una modelito top que dice "me encanta tu música", te la creés.

¿Ayudó trabajar con tu esposa como manager?

Estoy casado hace quince años. La Tori es mi manager hace unos siete. Digo que es una pichona de Negra Poli, porque nos llevó hasta donde estamos. Sin ella nos hubiéramos quedado en la sala tocando nuestras lindas canciones para nosotros. Es nuestra matriarca, nuestra terapeuta. Somos una pareja muy unida. Estamos recontra enamorados, cada vez más.

¿Dónde la conociste?

Nos conocimos en el rock & roll. Yo formaba parte de un grupo de amigos rekiller: Pocavida, Cadáveres, los que hoy están en Satan Dealers, She Devils, los primeros que hicieron garage en Argentina, rock extremo y suicida inspirado en el reviente de New York Dolls. Fuimos amigos, novios durante algunos años, y después nos casamos.

¿Tienen hijos?

No. Yo tengo un varón de 16 años que se llama Alan, de una pareja anterior. La mamá vive en España y Alan vive con nosotros. Se dedica a ser un adolescente divino que busca su identidad. Se pone botas de plataforma, calzas de leopardo, se pinta los ojos. Hasta hace poco tenía el pelo dark tipo The Cure y ahora se rapó como skinhead y usa pantalones militares.

¿Fuiste un padre rockero?

Yo soy hijo de padres separados. Todo lo que hago con Alan es tratar de no repetir lo que hicieron mis viejos conmigo. Soy hijo de un músico, amante de los violines y los chelos, que no me daba pelota. Y de una intelectual, divina, culta, en una casa llena de libros, pero que tampoco me daba bola. Me crió mi abuela. Mi vieja se murió estudiando; era una mina que iba a la playa y se llevaba un bolso lleno de libros en lugar de bronceador y toalla.

¿Cómo conociste a la mamá de Alan?

Yo pertenecía a una tribu de músicos, entre los que estaban los Casanovas, Los Violadores, que éramos muy amigos de un grupo de azafatas internacionales,un poco más grandes que nosotros, y entre ellas estaba la mamá de Alan. Eran azafatas que nos traían discos, ropa. Tenía 20 años y ella, 25 o 26. Y lo tuvimos a Alan. Ella estaba en una situación un poco más sólida. Yo no. Recién empezaba mi carrera artística. Estaba en otra (como mi viejo con sus violines), y no pensaba en tener un hijo. Hoy sí soy un padrazo que está encima de Alan permanentemente.

¿Y quiénes eran tus referentes en esa época?

Nuestros ídolos eran antihéroes, los adorábamos, pero tenían destinos chotos,terminaron mal. Johnny Thunders de los Dolls había muerto por drogón, pero, antes de morir, vivía vendiendo su colección de discos. Algo recalcitranteen la zona del perdedor y el no-éxito me marcaron. Me gustaban Ian Curtis, el loser existencial, y Johnny Thunders, el punk que vendía sus discos. Jugar a eso en la Argentina es riesgoso, porque es un país muy fálico, exitista, que te pide ganar, el gol. No existe el perdedor lindo, tenés que ser el Diego, el de la 10.

¿Cómo era la escena que te vio crecer?

A los triunfadores de entonces no les dábamos bola. Zas, Enanitos Verdes, grupos que considerábamos caretas. Había una segunda línea, que recién empezaba –Sumo, Los Twist, Soda, Cadillacs–, y le dábamos pelota como premio consuelo. En realidad, íbamos a ver grupos de punk rock: Violadores, Alerta Roja, Laxantes, Comando Suicida, Los Baraja... Cuando no había recitales punk, íbamos a La Esquina del Sol a ver a Sumo, Virus o Los Twist. Decíamos que el hardcore era música para gente resentida que no garcha, música de machos que se meten en un pogo con más machos transpirados que canalizan una energía que yo, personalmente, prefiero canalizar con una mina en portaligas. Eramos más glam. De alguna manera, representábamos a los primeros Metallica, que andaban en skate y usaban zapatillas Vans. También convocábamos a punks y skinheads, que armaban unas peleas terribles y había que esquivar el patrullero.

¿Las peleas en los shows son mito o realidad?

Tocábamos en Arlequines, en Perú al 500. Te asomabas por la ventana y veías la calle. Tocaba Massacre Palestina y por la ventana veíamos venir a todo un grupo de heavies al grito de "¡V8, V8!", y del otro lado, los skins al grito de "¡Oi, Oi, Oi!". Veíamos cómo se encontraban en la puerta, no pasaba nada, sacaban la entrada y adentro se cagaban a trompadas. Tengo casetes de aquellos recitales, y siempre se escucha un "chicos, si se cagan a trompadas no tocamos más".

MI OTRO YO

“Cuando era chico, en mi familia había más plata e iba a colegios privados. Cuando desaparecen los hombres de la familia, cuando mi viejo se va porque se separa y mi abuelo se muere, caemos en un estándar de menos guita. Yo venía de compañeritos chetitos con uniforme, y pasé a tener amigos sin tanta guita. Ahí ya iba a colegio del Eestado, al Moreno, un colegio alucinante donde nos conocimos todos los Massacre y que en ese momento no tenía director sino un interventor que tenía que ver con los milicos."

Mirá el video de "La reina de Marte":

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