"Ahora, la Argentina tiene una verdadera Corte Suprema"

Carlos Fayt lleva 24 años de permanencia en el tribunal
Adrián Ventura
(0)
23 de febrero de 2008  

"Esta Corte y la de los 80 son muy buenas. Pero la actual tiene mucho futuro, porque Ricardo Lorenzetti la dirige muy bien", dice el doctor Carlos Fayt, que acaba de cumplir 90 años y lleva más de 24 años de permanencia en el alto tribunal.

Fayt piensa en el futuro y elogia a Lorenzetti, por quien siente afecto, pero intuye que él mismo -un jurista de origen salteño, que se volvió agnóstico- es el mejor ejemplo de lo que es un juez.

Las pruebas en favor de Fayt son irrefutables: a su avanzada edad, tiene una lucidez y vitalidad envidiables (sus preguntas incisivas, en la última audiencia del Riachuelo, desencajaron a los abogados del Estado); siempre conservó su honestidad e ideales republicanos; dedicó su vida a enseñar los valores constitucionales y conserva el mismo estilo de vida austero, que reparte entre la Corte, un modesto departamento en Barrio Norte y una casa en Villa Gesell.

La reforma constitucional de 1994 introdujo una cláusula para echar a los jueces mayores de 75 años. Fayt la desafió ante la Justicia y la norma fue declarada nula. Ahora, Fayt parece decidido a superar la marca histórica de permanencia de un juez en la Corte, que corresponde a Antonio Bermejo (1903-1929).

-Usted nunca compartió las ideas del peronismo, pero tres de sus 35 libros son sobre el peronismo.

-Mi tesis doctoral en la Universidad de Buenos Aires criticaba la reforma constitucional que aprobó Perón en 1949. Los jurados no me quisieron tomar el examen y tuve que escribir otra tesis. Pero, al margen de ese asunto, siempre me interesó estudiar el peronismo. Al fin de cuentas, yo enseñaba Ciencia Política. Además, siempre critiqué a los partidos -al peronismo y al radicalismo-, que compran votos. Por eso, en un libro de los años 40, en lugar de hablar de la soberanía argentina, hablé de la "sobornería" argentina. Yo, por mi parte, siempre admiré a los líderes socialistas Nicolás Repetto y Alfredo Palacios, pero me aparte del socialismo en el 58.

-¿El peronismo lo persiguió?

-No, nunca fui perseguido. Pero antes del primer gobierno de Perón, yo había inventado la Campaña Nacional de Educación Cívica, que transmitía con otros abogados a través de radio El Mundo, Splendid y Mitre. Eso se interrumpió y volvimos a hacer esa campaña luego de la caída del gobierno de Perón en las plazas porteñas. Un domingo, llegamos a juntar 70.000 personas.

-Usted llegó a la Corte en 1983. ¿Cómo ocurrió?

-En los 60, Arturo Illia, a través de un ministro, me había ofrecido ser presidente de la Corte, pero alguien me dijo que debía aceptar públicamente la ampliación del número de jueces. Rechacé la oferta y, como presidente de la Asociación de Abogados, saqué una resolución en contra. Obviamente, no fui nombrado. Pero durante el último gobierno militar volví a tomar contacto con hombres del radicalismo por casualidad. Nunca acepté la guerrilla, pero junto con Raúl Alfonsín y Alconada Aramburú presenté muchos hábeas corpus en favor de los detenidos. Entonces, cuando asumió Alfonsín, Alconada Aramburú me pidió que aceptara ir a la Corte.

En los 80, Fayt se pronunció a favor del divorcio y fue quizás el primer juez que habló de la doctrina de la real malicia a favor de la libertad de prensa, consagrada en 1996; votó por permitir la asociación civil de defensa de los homosexuales (causa CHA) y por no incriminar la tenencia de drogas para consumo personal (causas Bazterrica y Capalbo).

A comienzos de los 90, cuando el menemismo controlaba la Corte, él se opuso a que se habilitara la privatización de Aerolíneas Argentinas (causa Dromi); en 1992, habilitó el plan Bonex (caso Peralta), pero, en cambio, en los últimos años consideró inconstitucional, por excesiva, la pesificación de los depósitos (causas San Luis y Bustos). Por esto último, los ahorristas lo adoraron.

-Usted atravesó dos juicios políticos, pero, apenas comenzados, los diputados mismos desistieron de impulsarlos.

-Sí: uno de ellos se debió a que un hombre que entonces era ministro me llamó para pedirme que avalara la pesificación. Ni lo atendí y, al día siguiente, me hicieron juicio político, sin fundamento alguno. Ahora, la Argentina tiene una verdadera Corte, que todavía tiene bastante por andar, pero por lo menos, en la Argentina se puede decir que hay dos poderes.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios