Suscriptor digital

El doloroso recuerdo de dos hermanas que lo padecieron

Fueron abusadas por su padre alcohólico, ahora detenido
(0)
24 de febrero de 2008  

LA PLATA.- "Yo pensaba en cómo matarlo."

La que habla es Patricia. Tiene 27 años y una voz firme que sólo a veces vacila y revela un fondo de dolor. Delia, de 24 años, la escucha mientras ceba mate. Ambas sufrieron durante años la misma historia de horror. Son hermanas, y el hombre al que Patricia pensaba en matar es su padre. El de las miradas equívocas, el de las caricias inadecuadas, el que le prometió que no habría para ella "otro hombre que papá".

Los padres de Delia y Patricia se separaron cuando ellas tenían 6 y 9 años. La razón: él siempre fue un hombre violento y solía maltratar a su mujer, especialmente cuando estaba borracho, explican. Tres años después de la separación, el padre empezó a buscar en su hija a la esposa que había perdido.

"Cada vez que se emborrachaba se acordaba de mamá, y yo me parezco muchísimo a ella", señala Patricia.

Ahí comenzaron los abusos. El la miraba raro, se acercaba a ella cuando estaba acostada y la tocaba; luego fue avanzando más y más, hasta llegar a un paso de la violación.

Sucedió durante tres años y, cuando Delia tuvo doce, ella también empezó a sufrirlo en carne propia. Todo el drama se desplegaba ante la indiferencia de los vecinos e incluso de sus tíos, que prefirieron no involucrarse en esa situación.

"Me iba de casa, dormía en la plaza muchas veces", cuenta todavía conmovida.

Cuando su hermana menor empezó a sufrir abusos también, Patricia dijo basta. Se la llevó a vivir a la casa donde trabajaba por horas y, más adelante, pudieron alquilar otra vivienda.

Hoy viven en el mismo barrio de la zona oeste del Gran Buenos Aires y, aunque su padre está preso (fue condenado por la Justicia a 25 años de prisión en una causa por abuso sexual con otra víctima), no pueden olvidar lo que les pasó: algunos vecinos se lo recuerdan diariamente, insultándolas cada vez que las ven, como si fueran responsables de lo que sucedió.

"La gente creía que nos íbamos a ir del barrio, pero a nosotras nos costó mucho conseguir lo que tenemos y no podemos irnos porque la gente nos juzgue -dice Delia-. Nosotras nunca elegimos esto. Si yo hubiera elegido mi vida, todo sería color de rosa."

Animarse a contar

Hubo sólo una vecina, Estela, que al enterarse de lo que sucedía ayudó a las niñas y las acompañó a denunciar la situación de abuso. Hoy la consideran una especie de madre postiza; saben que no habrían llegado muy lejos sin su ayuda.

"A los chicos que estén viviendo una situación como la que vivimos nosotras les decimos que se animen a contar lo que les pasa. A veces un desconocido te ayuda más que un familiar", dice Delia.

Agrega su hermana: "Estela dice que las cosas que duelen hay que contarlas. Por eso nosotras siempre tuvimos ese coraje".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?