Textos clásicos de la literatura, en la mirada creativa de Carlos Alonso

Una muestra reúne 120 ilustraciones que el artista argentino hizo en los 60 y 70
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29 de febrero de 2008  

Faltan días para que la muestra se inaugure, pero las obras de Carlos Alonso, dispuestas en las paredes de la sala, sin carteles indicadores ni textos complementarios, ya dibujan un recorrido que atrae inevitablemente la mirada, a pesar de las cajas, las obras que esperan ser colgadas, las escaleras y el tránsito de quienes apuran el montaje.

El jueves próximo se inaugurará en el Centro Cultural Recoleta la muestra "Carlos Alonso ilustrador", un conjunto de 120 obras que el artista mendocino residente en Unquillo, Córdoba, desde los años 80, realizó para ilustrar clásicos de la literatura durante las décadas del 60 y el 70. La muestra, que ocupa las salas 4 y 5 del centro cultural -un espacio generoso que se recorre cómodamente-, estará abierta al público hasta el domingo 6 de abril.

Son varios los textos que Alonso releyó en clave plástica. Algunos clásicos universales, como el Quijote y la Divina comedia ; otros clásicos argentinos, como el Martín Fierro, La guerra al malón y El matadero , a los que se suman Mademoiselle Fifi , de Maupassant; Romances del Río Seco , de Leopoldo Lugones; Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar , de María Teresa León, y varios textos de Pablo Neruda.

El coleccionista Jacobo Fiterman, presidente de la Fundación Alon, que organiza la muestra, atesoró a través de varios años buena parte de las obras que se exhibirán, mientras otra porción proviene del Museo Municipal de Bellas Artes de General Villegas, en la provincia de Buenos Aires. Muchas de las ilustraciones se exhibieron hace diez años, en una convocante muestra, con el mismo nombre, en cuatro salas del entonces Centro Cultural de Buenos Aires.

Universo estético

La exhibición, curada por Alberto Giudici, promete ilustraciones, pero el universo del maestro Alonso expande esta modalidad mucho más allá.

La fuerza expresiva, la violencia, la ironía, la denuncia social y la vinculación constante con el tiempo político, todos rasgos característicos de la obra del artista, están presentes en las obras colgadas, pero se hacen evidentes en una variedad de técnicas y estilos.

Así, hay dibujos de líneas simples y netas, como para el Quijote (una edición de Emecé de 1958, para la que Alonso ganó un concurso), pero también manchas que componen, como en El matadero (Centro Editor de América Latina, 1966). Hay blanco y negro excluyente en el Martín Fierro (Emecé, 1960); colores suaves y matizados en las acuarelas del texto de Lugones, de 1984; rojo que impacta en El matadero . Hay retratos casi naturalistas de Cervantes, pero imágenes de impacto surrealista en las parejas y los desnudos que ilustran los textos de Neruda, en cinco textos editados en 1974.

"Quisimos mostrar el cruce entre literatura e historia en las obras de Alonso", explicó Fiterman a LA NACION. "El es, básicamente, un testigo de su época", abundó.

Y es en las ilustraciones de la Divina comedia (de 1968, con prólogo de Ernesto Sabato) donde esta intención se nota más clara. Cuando recibió el encargo de ilustrarla, Alonso decidió instalarse en Florencia durante seis meses. El libro nunca tuvo circulación comercial, pero se hizo una edición de 350 ejemplares que contienen una serie de perturbadores collages y dibujos en los que el artista denuncia la violencia, el hambre, la tortura y la guerra que causa el "diabólico hombre blanco", como escribe, en italiano, en casi toda la serie.

"El Centro Cultural Recoleta es muy masivo en su público, así que intentamos hacer una muestra básicamente didáctica, que agrupe las obras en series según el texto que ilustran, y que estén acompañadas por reproducciones de las tapas de los libros a los que pertenecieron y extractos de ellos", comentó Adriana Fiterman, hija de Jacobo, arquitecta y montajista de la exhibición.

"Seguir los pasos de Carlos Alonso no deja lugar para la conciencia ingenua. Su comprensión del arte pareciera consistir en la función de desenmascarar hipocresías, de quitar el velo del no entiendo, de sentirse compelido a tomar partido", escribe Giudici en el catálogo.

Es justamente la sensación que se lleva el visitante: si un texto literario se vuelve clásico cuando establece un puente con el presente, cuando un artista lo ilustra, ese puente se enriquece. Ya lo dijo el propio Alonso en 1968, al finalizar su trabajo para el clásico de Dante: "No me siento un ilustrador, sino alguien que hace algo a partir de una obra clásica y fundamental para la cultura, y que trata de encontrarle puntos de coincidencia con nuestra época".

Un artista interpretado

Si las ilustraciones de Carlos Alonso se inspiraron en obras literarias, ahora el círculo se cierra: ensayistas y críticos se inspiraron en las ilustraciones del artista para escribir textos que se editarán en un libro que acompañará la muestra.

En cada uno, los autores interpretan la lectura que Alonso hace del texto, incluyen información sobre la edición en que se publicaron las ilustraciones, hacen jugar sus obras con otras expresiones artísticas y con sus contemporáneos, y dan datos del contexto político e histórico que ayudan a comprender la mirada del artista.

Así, la especialistas en filosofía y estética Elena Oliveras describe las ilustraciones del Quijote como una "forma elevada de arte". La especialista en letras Sylvia Saítta escribe "El Martín Fierro de Carlos Alonso", mientras José Pablo Feinmann contextualiza El matadero , de Esteban Echeverría. Gabriela Francone describe la interpretación que Alonso hace de la Divina comedia y su obsesión con el rostro de Dante, que repite e "interviene" de mil maneras, y el historiador y escritor Pacho O Donnell analiza Romances de Río Seco de Lugones.

Tres historiadoras y críticas de arte completan los aportes: María Teresa Constantin recrea Mademoiselle Fifi ; Laura Malosetti Costa lo hace con textos de Pablo Neruda, y Diana Wechsler con Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar .

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