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Vidas robadas, un cuento de amor y de denuncia

El actor habla de la tira que comienza mañana, a las 22, por Telefé, y que a la historia romántica suma el problema de la trata de personas
Natalia Trzenko
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2 de marzo de 2008  

"La tira te tiene que apasionar mucho para hacerla y a mí no hay nada que me apasione más que contar historias. Una película se hace por un tiempo muy limitado. Una obra de teatro te permite lograr la excelencia de ese personaje por repetición y por búsqueda. La tira es prueba, error y correción lo más rápido posible porque los tiempos te corren. No hay mejor gimnasia para un actor que ésa. Si me preguntaras qué es lo que le diría a alguien que está empezando en esto, no dudo un segundo: «Metete en una tira porque no vas a tener nunca tanta gimnasia de memorizar textos e interpretarlos y vas a trabajar con diferentes directores mientras aprendés sobre las cámaras y las luces. Todo lo que hagas después es más sencillo»." El doctor que receta una buena dosis de telenovela para el actor novato se llama Facundo Arana y mañana, a las 22, por la pantalla de Telefé, volverá al género de sus amores. El regreso al dramón televisivo después de graduarse con honores como galán cómico en Sos mi vida, será a bordo de Vidas robadas, una tiraque seguirá las líneas trazadas por Resistiré y Montecristo, con la que comparte uno de sus autores, Marcelo Camaño . En aquéllas, como en ésta, la historia de amor que toda telenovela debe tener va acompañada de una trama de misterio, policial y hasta solidaria. Pero si en Montecristo se adaptó la novela de Alejandro Dumas a los casos de los hijos de desaparecidos apropiados durante la dictadura, en Vidas robadas las desapariciones son otras y ocurren hoy en día, todos los días. Zona de riesgo: en el marco de una telenovela se hablará sobre el tráfico de personas. Un tema que a priori no parece encajar con la descripción más estricta del género. Arana no está de acuerdo.

"La telenovela te permite contar absolutamente todo. Cosas que serían absurdas en cualquier otro ámbito la novela lo aguanta y además te deja atado al televisor. El público que se prende en una tira agarra el código enseguida. Esto no es inventar la pólvora, es una telenovela, jugá a creerla. En este caso, hay algo muy interesante porque aunque no estamos descubriendo nada, Resistiré y Montecristo hicieron algo novedoso: contaron un cuento pero mientras tanto mostraron algo que ocurre. En este caso es lo mismo: no levanto la bandera, te muestro algo desde la ficción, desde mi lugar, sin correrme de eso", explica el actor que interpretará a Bautista Carrasco, un antropólogo que por una serie de tragedias se conectará con las víctimas de una red de secuestro y abuso de personas. Además de enamorarse de Ana, una fotógrafa profesional interpretada por Mónica Antonópulos.

Como pirañas

"Sin tratar de desentramar cosas que no nos pertenecen, vamos a contar algo que sirva como inspiración para mirar a gente que trabaja con estos temas hace mucho tiempo y que ocurra lo que tenga que ocurrir. El tema nos importa mucho, pero no nos distraerá de contar la historia", aclara Arana y como para que quede claro insiste: "Esto no es una cruzada, esto es un cuento".

Un cuento de amor que su protagonista está dispuesto a defender frente a las suspicacias de "los medios". Ese ente de varias cabezas que tanto puede meterse a hurgar en su vida privada sin pedirle permiso como hablar de su nuevo programa o hacerle esta nota. "Pueden hacer que un tema como la trata de personas tenga rebote y se vea. Aunque el sesenta por ciento de esos medios hoy están como pirañas buscando sangre y viendo qué se puede romper, cuán fuerte se rompe y haciendo bulla de eso que se rompió. Pero así está el mundo, uno entiende que no es el medio, es el mundo. Es el sesenta por ciento del mundo y nosotros vamos por el otro cuarenta", dice el actor, que para grabar los primeros capítulos de Vidas robadas viajó a Bariloche y a Península de Valdés junto a gran parte del equipo. La historia de amor y de denuncia se combina con el negocio que significa hacer una novela en un canal de televisión y la preocupación por la venta internacional.

"Teniendo en cuenta que tenemos la posibilidad de llegar a 60 países, como en Yago, pasión morena mostramos las cataratas del Iguazú y te puedo asegurar que todavía hoy hay turistas que van y preguntan por Yago, ahora mostramos la Patagonia. Es raro hablar con tanta seriedad de un tema como éste, cuando no soy un médico que abre a un chico para salvarle la vida, sino apenas un actor contando una historia. No estamos descubriendo la vacuna para ninguna enfermedad, estamos haciendo una ficción y aun así muchas veces resultamos embajadores de nuestras cosas", comenta el actor, que tiene experiencia en eso de las tareas de diplomático televisivo. Debe haber pocos espectadores de telenovelas en el mundo que no conozcan su cara. Claro que antes de enfrentarse con el público internacional, Vidas robadas deberá pasar por la prueba local. Y después de las experiencias de dos de los últimos ciclos diarios que puso Telefé Contenidos en el aire, El capo y Una de dos, el examen puede ser complicado. Hasta para Facundo Arana, que parece convertir en oro televisivo todo lo que toca (ver aparte).

"Nadie tiene la fórmula mágica del éxito. Si ocurre será una muy linda alternativa para el público a las diez de la noche; si no ocurre la sinergia, tendremos un plan B, C o D para contar la historia de distintas maneras y si aun así no ocurriera la sinergia, estaremos sentados acá de nuevo charlando de otra cosa", se ríe el actor. Pero en seguida se pone serio porque las pirañas vuelven al acecho. "Cuando ocurre el levantamiento de una ficción todo el mundo se pregunta qué pasó, yo miro el ruido que se arma en el medio, veo el pirañismo impresionante que hay, y me pregunto : «A esta gente que representa lo mejor de la actualidad artística, ¿así se la trata? Qué vergüenza. ¿Así me van a tratar si me pasa?». No me atajo, pero lo veo. Hoy, más que nunca hay que pisar firme y si me caigo por lo menos sé que había pisado firme."

De la cámara a las tablas

Mientras para la TV Arana empezará mañana a ser Bautista, un hombre noble rodeado de circunstancias oscuras, desde el 4 de enero pasado encarna al cínico Ricky Roma en Codicia , la obra escrita por el dramaturgo norteamericano David Mamet. Dos personajes más dispares sería muy difícil encontrar. Y tal vez por eso el actor no pudo dejar pasar la oportunidad de subirse al escenario junto a Alejandro Awada, Luis Ziembrowski, Federico Olivera, Oscar Alegre, Gonzalo García Luna y Jorge D Elía.

"Tuve una contradicción muy grande conmigo mismo porque siempre dije que no quería hacer una tira y teatro al mismo tiempo. Me parece que el actor tiene que comprometerse al 100 por ciento con lo que hace y no puede hacerlo con todo, entonces termina dando la mitad y la gente no paga para ver el 50 por ciento, no te cobran el 50 por ciento de la entrada porque yo estaba cansado. Siempre fui muy fiel a eso. Lo que pasa es que Codicia implicaba hacer algo que nunca había hecho y un proyecto que nada tiene que ver con mi identidad. Para que valiera la pena tenía que hacerlo con gente cercana y desde el director, Marcelo Cosentino, hasta los actores, son como hermanos", resume.

Entre las largas jornadas de grabación de la tira y el teatro apenas debe quedarle tiempo a Arana para ponerse del otro lado del mostrador y ser espectador por un rato. Sin embargo, quizás en ese cambio de perspectiva esté la clave de su éxito. Esa clave que ni él está seguro de conocer.

"Soy mucho mejor espectador de lo que hubiera pensado. No me pasa eso de verles los hilos a las ficciones, me puedo sentar y disfrutar. Darme el lujo de contar una historia sabiendo que del otro lado van a jugar a creerme porque yo sé jugar muy bien a creer lo que veo. Me gusta ese ida y vuelta. Es tremendamente lindo darte cuenta de que la profesión que tenés la seguís eligiendo hoy, porque comenzaste cuando tenías 18 y las cosas podrían haber cambiado. A muchos les pasa. Pero yo sigo eligiendo esto.

-A pesar de las pirañas...

-Cuando empecé las pirañas ya formaban parte, mordían menos, pero estaban. Creo que el mundo está tan revolucionado que todo es más sanguinario, todo duele más pero todo brilla más. Aun cuando sea por contraste, cuando uno mira para el lado de las cosas buenas, éstas brillan más.

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