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Otra forma de pensar y de crear

Por Javier Villa Para LA NACION
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29 de marzo de 2008  

Hace un tiempo, artistas usuarios de Fotolog -una plataforma virtual para colgar imágenes, que los navegantes pueden comentar y vincular con otras imágenes- se preguntaban si lo que producían en este formato, distinto de sus producciones materiales, era, o no, arte. A estas alturas del imperialismo del arte contemporáneo, donde todo puede ser arte -aún sin depender de la calidad, velocidad o características de las producciones, sino de una mezcla entre las estrategias del productor para difundir lo propio y las de los mercados e instituciones para avanzar, zigzaguear o retroceder según les convenga-, esta pregunta no parece tener mucho sentido. Sin embargo, pueden surgir otras: ¿Internet es una herramienta más? ¿O habría que hablar de una tipología? Si es una herramienta, ¿se aplicaría a la producción de la obra, a su distribución o a su consumo? Difícil de responder: en el arte, algunas herramientas requieren una estructura de lenguaje particular y modifican conductas visuales. Y, en este caso, tampoco habría que distinguir entre el soporte de difusión o distribución, su producción y consumo; todo se fusiona. Si bien algunos aseguran que la Red es simplemente un soporte gratuito y de gran libertad para difundir las imágenes propias, también implica un proceso de producción con una manifestación estética específica y un formato de consumo particular. Más aún, no hay roles prefijados: todos producen, difunden y consumen. Entonces, cabe otra pregunta: ¿cómo esta herramienta modifica las formas de pensar y de estructurar el lenguaje visual en artistas de una generación que comenzó a acopiar información con Internet como una de sus fuentes principales? Por ejemplo, podría verse en las instalaciones de Leopoldo Estol una estructura de hipervínculo, donde un objeto conecta a otros y estos a unos nuevos. Y aunque la totalidad resulte armónica, la cadena asociativa puede tener callejones sin salida; si se aíslan elementos, pueden perder relación entre sí. Las instalaciones de Adrián Villar Rojas, en cambio, podrían compararse con un sistema de ventanas o pop ups : trabaja con diversos materiales o formatos, pero todo surge de un mismo tronco, como si fuese una página web específica o una carpeta con documentos de distintas extensiones en el escritorio de una PC. Los videos de Marcelo Galindo podrían acercarse a la estructura de producción y consumo de YouTube (similar a Fotolog pero en video), al realizar un collage de clips caseros que duran pocos minutos y se relacionan en una sucesión de cortes y continuidad. A su vez, hay artistas que trabajan explícitamente la influencia de Internet en los modos de pensar y consumir información, como Diego Bianchi o Nicolás Mastracchio. Los ejemplos abundan y, seguramente, las conductas visuales se irán modificando. Lo cierto es que Internet tiene poco más de 10 años y todavía no podemos definir cómo el óleo, que tiene más de 500, cambió la manera de ordenar el mundo en imágenes.

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