<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[LA NACION - Comunidad]]></title><category><![CDATA[Comunidad]]></category><link>https://www.lanacion.com.ar</link><atom:link href="https://www.lanacion.com.ar/arc/outboundfeeds/rss/category/comunidad/diversidad/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[LA NACION - Comunidad News Feed]]></description><lastBuildDate>Thu, 23 Jul 2026 12:38:20 +0000</lastBuildDate><language>es</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Cambio de época. Historias de amor de los que se animaron a armar nuevos modelos de familia]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/sociedad/cambio-de-epoca-historias-de-amor-de-los-que-se-animaron-a-armar-nuevos-modelos-de-familia-nid25112021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/sociedad/cambio-de-epoca-historias-de-amor-de-los-que-se-animaron-a-armar-nuevos-modelos-de-familia-nid25112021/</guid><dc:creator><![CDATA[Verónica Dema]]></dc:creator><description>Los especialistas consideran que el rasgo distintivo en la actualidad radica en la legitimación de la diversidad; los procesos de transformación se aceleran y las estructuras vinculares se actualizan</description><pubDate>Fri, 26 Nov 2021 00:10:17 +0000</pubDate><category><![CDATA[Sociedad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Antonio Aracre sintió una <b>“afrenta horrible”</b> cuando su exesposa, la mujer de la que se había enamorado y con quien tuvo dos hijos, le pidió el divorcio. <b>“Para que seas libre”, le dijo. </b>“Qué fuerte esa frase, ese dejarme libre para que yo pudiera abrazar la libertad de ser quien quería”, reflexiona ahora. En ese momento, hace algo más de 10 años, él se enojó mucho: no podía entenderlo. <b>Su mujer lo comprendió antes que él mismo.</b></p><p><b>“Teníamos el sueño cumplido, como el de tantísimas familias”,</b> rememora Tony, como le gusta que lo llamen. “Es muy difícil luchar contra tu orientación sexual y en esos años<b> ella debe haber percibido lo que a mí me pasaba”. </b>Con el paso del tiempo, él se animó a vivir experiencias amorosas con personas de su mismo sexo.</p><p>Tony es CEO de Syngenta y encontrar un lugar en su agenda no es sencillo, pero reserva una hora para conversar con LA NACION sobre su cambio de vida. Cree que es importante compartir su historia.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/Z7ECNUFXI5EZFIX53PYLBY3XPU.JPG?auth=e5c186fe6138e6df96ce9cabd8b859f550d2fa925bd6407f78f85f39b0fc41cd&smart=true&width=2500&height=1667" alt="A los 40 años, Tony recorrió unos 20 consultorios de especialistas en busca de ayuda para comunicarles a sus hijos que era gay" height="1667" width="2500"/><p>Cuando asumió su homosexualidad, su<b> principal preocupación era cómo contárselos a sus hijos. Por nada del mundo quería herirlos. </b>Recorrió a los 40 años unos 20 consultorios de especialistas en busca de ayuda. El momento llegó con su hija menor, Julieta, que tenía 10 años; luego, con el más grande, Federico, de 13. No fueron conversaciones fáciles. “Si alguien me pregunta qué hacer en una situación así, diría que lo más importante para los chicos es que sepan que vos estás, que seguís siendo el mismo, que vas a estar cuando te necesiten y que tenés un buen vínculo con tu expareja, con quien tuviste esos hijos, que vean que son la prioridad”, dice.</p><p>Más allá de tener nuevas parejas, incluso convivir con otras personas, <b>sostener el amor familiar parece ser gran parte de la fórmula.</b> Como señala la<a href="http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20201222032537/Antologia-Elizabeth-Jelin.pdf" target="_blank"> investigadora Elizabeth Jelin </a>en <i>Pan y afectos</i> (Fondo de Cultura Económica): “El afecto dentro de la familia se construye socialmente sobre la base de la cercanía en la convivencia, de las tareas de cuidado y protección, de la intimidad compartida, de las responsabilidades (…) Hay, entonces, una tensión irreductible entre el amor y la pasión en la elección de la pareja –que pueden acallarse o desaparecer con el tiempo- y la <b>responsabilidad social de los vínculos de parentesco, </b>que se extienden a lo largo de la vida.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/CYRM5YEV5VFDTH6QDC2OAWYIPU.jpeg?auth=2afb4413ba2c2b37703ff966f8d1ca1c0b294fbbe0bbc5fee392689f5e830f86&smart=true&width=1024&height=768" alt="Tony y su hija Julieta disfrutan de un vínculo muy cercano y fluido" height="768" width="1024"/><p>Tiziano, de 5 años, entra como un rayo a la habitación donde están sus mamás y las mira como si supiera que hablan de él. Pide YouTube y papas fritas. Juliana Cammarota, o mami Juli, es la que va siempre detrás suyo, pero esta vez es Analía Acosta, o mami Any, quien sale a satisfacer sus demandas. “A veces me dice: ‘Me rompiste el corazón’, cuando lo reto por algo”, cuenta Juliana. “El sabe que conmigo no cuenta para esas escenas”, agrega Any, cuando regresa de atender al pequeño.</p><p>Ambas ríen y empiezan a enumerar la desordenada lista de distribución de tareas cotidianas: “A ninguna de las dos nos gusta hacer las cosas de la casa, vamos a reconocer”, dice Any. Su compañera coincide. Les da gracia la fantasía de que, por tratarse de dos mujeres, todo debe brillar en la casa. “Para bañarlo, yo”, agrega Any. “La comida, yo”, acota Juliana. “A mí me gusta el orden. Juli es más desordenada -retoma Any-. Ella saca una remera y te das cuenta enseguida porque todas las que estaban arriba quedan hechas un caos”. Ríen de nuevo. “Pero bueno, yo lavando soy un desastre y ella lo hace perfecto... o vamos al médico y Juli se acuerda de todos los remedios de nuestro hijo: se sabe el vademécum de memoria. Yo no conozco una aspirina”.</p><p>La conversación fluye y el clima es distendido en el hogar de estas dos mujeres que apostaron al amor tras un recorrido que no estuvo exento de angustias.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/SA2UEL74SRCMDIGCBQVJJOBQJU.JPG?auth=5bf185359a291192a097ddeda8bf5ced6d657c5bf534191a08757d5779388820&smart=true&width=2500&height=1669" alt="Las mamás de Tiziano se divierten cuando repasan la distribución de tareas del hogar" height="1669" width="2500"/><h1>“Mi vida dio un vuelco de aquellos”</h1><p>Cuando Fabián Vera del Barco <b>adoptó a Rodrigo, no sabía nada sobre discapacidad. </b>Ni de pasiones como las que podían despertar los Bomberos Voluntarios y el jiu jitsu.<b> Su hijo, que hoy tiene 20 años, le fue enseñando. Y hace una década que son familia.</b> “Mi vida dio un vuelco de aquellos. Yo era el típico gay cuarentón que viajaba, comía afuera y vivía haciendo vida social. Empecé a hacer las cuatro comidas diarias, a dormir ocho horas y a hacer deporte porque necesitaba ponerme al día físicamente para seguirle el ritmo a un niño de 10 años. Él tenía mucha energía física, a mí me rejuveneció. Evidentemente no estaba llevando una buena vida”, dice.</p><p>Unos años después, llegó Xiomara. “Ahí viene la niña”, anticipa Fabián por Zoom cuando ve entrar en cuadro a la pequeña de 3 años. Dice “hola” frente a la computadora y se sienta en las faldas de su padre. Ambos están conectados desde su casa en San Miguel de Tucumán. Ella mira fijo, muestra sus dientes. “Contá qué estás comiendo”, la invita Fabián. “Manzana”, contesta. Y cuenta que está por llegar su amiga Gaby. Hoy no tiene Jardín así que la niñera va a jugar con ella. “¿Por qué no vas a pintar, hija?”, propone su papá, y ella, obediente, se acomoda en la mesa del comedor.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/QC73MBCBWBH3XGZ4VPW572CTOU.jpg?auth=ef2c30f01e0f41e5c14ff451ad44a094b89d418a5cbce6d2b31f76afb1bcdad3&smart=true&width=2944&height=2208" alt="Fabián siempre propone selfies a sus hijos y posa orgulloso con la familia que formó" height="2208" width="2944"/><h1>“Yo quería ser nena, pero nací nene”</h1><p>Silvia y Sebastián disfrutaron de un embarazo que transcurrió sin complicaciones. Pero a los dos años del nacimiento, <b>esta pareja de médicos comenzó a notar que su hijo jugaba con trapos en la cabeza para simular que tenía el pelo largo </b>y que los disfraces con capas se transformaban en polleras. Más tarde, empezó a dibujarse a sí mismo con vestido. En la guardería les llamaron la atención porque su hijo se vinculaba con las niñas y con juguetes “relacionados al mundo femenino”.</p><p>En paralelo, arrancaron los <b>problemas para dormir, para comer, reacciones en la piel y broncoespasmos. </b>Lo relacionaron con celos por la llegada del hermanito, Nacho. Pero la angustia no cesaba, estaba cada vez más irritable y se volvía insostenible la dinámica familiar.</p><p>Hasta que un día, camino a la escuela, le dijo a su papá: <b>“Yo quería ser nena, pero nací nene”.</b> Y agregó una frase de la maestra del Jardín: “Lo que toca toca, pero la suerte es loca”. <b>Se abrió un mundo con esas palabras. Hoy, tiene 11 años y un nuevo nombre: Agostina.</b></p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/635G4LQYTNHGHF5ZL52G7MUYHI.JPG?auth=28540d769c425b1b1913c8c34f6f5e47f19232c6583ab8963833dacda477aa50&smart=true&width=2500&height=1667" alt="El amor familiar fue clave para que Agostina pueda atravesar su transformación" height="1667" width="2500"/><p>Los especialistas consideran que las legislaciones son claves en este contexto. Las leyes de <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/325000-329999/329771/norma.htm#:~:text=Que%20el%20art%C3%ADculo%202%C2%B0,mismo%20o%20de%20diferente%20sexo%E2%80%9D." target="_blank">Matrimonio Igualitario,</a> la <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/195000-199999/197860/norma.htm" target="_blank">Ley de Identidad de Género,</a> la ley de <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/120000-124999/121222/norma.htm" target="_blank">Educación Sexual Integral (ESI)</a> y la de <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/215000-219999/216700/norma.htm" target="_blank">Reproducción Asistida</a> son cuatro de las más relevantes.</p><p>Isabella Cosse, investigadora del <a href="https://www.conicet.gov.ar/" target="_blank">Conicet</a> y experta en estudios de familias, plantea que <b>el rasgo distintivo de la época actual radica en la legitimación de la diversidad. </b>“Esto es clave porque modifica una posición largamente sostenida por el Estado, que era reluctante a reconocer la diversidad de arreglos familiares que, no obstante, dada su envergadura, debía reconocer en las negociaciones cotidianas que involucraban las políticas concretas en el día a día.<b> </b>Ese retraso entre las transformaciones socioculturales de numerosísima población respecto a los marcos normativos ha cambiado”, sostiene. “La Argentina aprobó leyes que acompañan ahora ese proceso de transformación con nuevos marcos normativos y regulatorios. Es decir, el Estado estuvo a la cola, pero esto cambió”. Y agrega que nada de esto podría pensarse sin la potencia de lucha del feminismo y de los militantes LGBTIQ.</p><h1>“¿Por qué nos hacés pasar esta vergüenza?”</h1><p>“Para mí el punto de inflexión fue la Ley de Matrimonio Igualitario, que fue mucho más que un hecho jurídico que te habilita a casarte con alguien de tu mismo sexo: <b>quebró un paradigma en la sociedad”,</b> dice Tony. A partir de entonces, sintió una “legitimación social”, que se tradujo en sentirse como una persona igual a las demás: <b>“Ya no tenés que cargar con la vergüenza con la que te educaron”</b>.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/J536EDQNFFCGBHB3G6ZTQT2IAQ.JPG?auth=c3fa5e042260c8df318cdf19bb5739d5ac7373f7910ef54219d07a42608402be&smart=true&width=2500&height=1667" alt="Tony se sintió más cómodo en su rol como líder cuando pudo contar que era gay en la compañía donde trabaja" height="1667" width="2500"/><p>Dice que, “en lo personal”, la ley lo habilitó “moralmente” y le permitió superar los temores a replantearse quién realmente era y cómo quería vivir. “Muy en mi interior siempre supe que era gay, pero era tal el grado de vergüenza y represión con los que viví de chico y de adolescente que a esos temas no te los permitís pensar”.</p><p>Repasa una historia de bullying que también les contó a sus hijos. Lo entristece recordarla e imaginar que aún hoy hay chicos que sufren por algo así. Por eso pide que se aplique la ESI y <b>que la comunidad docente esté atenta.</b></p><p>“Tenía 9 años, iba a cuarto grado y los citaron un día a mis padres a la escuela. Yo estaba ilusionadísimo de que fuera para felicitarlos por algún logro mío, así que estaba muy ansioso esperando en casa. Y llegan y los veo con una cara medio rara. Me dicen: ‘¿Por qué nos hacés pasar esta vergüenza?’<b> Fue la frase más dura de mi vida, porque era de mis papás, las personas que más te quieren en el mundo.</b> A esa edad, si ellos veían en mí algo que no estaba bien tenían razón”, dice. “Y esto venía a cuento de que yo jugaba mucho en el recreo con las chicas, que <b>me gustaba el juego del elástico, </b>saltar la soga, esas cosas. Fue tan fuerte que a partir de ahí empecé a generar una coraza: cambié la forma de relacionarme, cambié mis juegos, cambié probablemente hasta lo que me permitía hacer y ser”.</p><p>La coraza fue dura, aunque no inquebrantable. Algún resabio de aquello siempre intentó salir. “Cuando conozco a la mamá de mis chicos y me enamoro, me caso y nace mi primer hijo, yo estaba feliz, pero igual <b>surgían en mis sesiones de terapia cuestiones que tenían que ver con sueños</b>-rememora Tony. Mi terapeuta le restaba importancia y me decía siempre que él me había curado y que quería hacer una tesis, presentar un trabajo en congresos sobre mi tema. No tuve suerte, porque tal vez otro psicoanalista me hubiese hecho transitar otros caminos”.</p><p>Su recorrido estuvo cargado de obstáculos, por eso le preocupa que otras personas no atraviesen lo mismo. “Siempre mi consejo a quien me pregunta es que haga lo posible por salir del clóset, porque estar ahí sabiendo que uno es gay te enferma de la cabeza, del cuerpo, te deja muy triste. Hay que buscar la forma de salir porque nunca te arrepentís.<b> No conozco a nadie que se haya arrepentido”, </b>plantea.</p><p>El paso siguiente a hablarlo con sus hijos fue contarlo en su trabajo. Lo acababan de nombrar director general en la compañía y <b>no era sencillo afrontar esta conversación con su jefe. </b>“Es muy importante cuando ejercés una función de líder ser legítimo y transparente. Sentía que no lo estaba siendo, por más de que era algo personal. Para mí no hay cuestiones personales y laborales cuando algo es tan importante”, afirma.</p><p>Su jefe lo felicitó por el coraje y auguró que trazaría un camino para que otras personas sintieran la libertad de expresarse. <b>“Fue una escala ascendente que me devolvió aire, porque descubrís cosas nuevas en vos también, tu personalidad cambia porque dejás que se expresen cosas que no salían por miedo”</b>, concluye.</p><h1>“Salí del clóset en mi casamiento”</h1><p>Juliana y Analía tuvieron <b>recorridos muy distintos en cuanto a su sexualidad.</b> Any recuerda que, a los 4 años, en el acto de la escuela de su hermano, se enamoró de una maestra. Siempre supo que le gustaban las chicas y lo dijo desde la adolescencia. La experiencia de Juliana tuvo capítulos muy particulares. “Yo salí del clóset en mi casamiento”. Había muy pocas personas que sabían de su relación con Any. Para la mayoría, ellas eran amigas. <b>“Vivía una doble vida. En lo laboral mentía. La forma de decirlo fue mandar la invitación a todos para el casamiento”,</b> repasa.</p><p>Juliana define su adolescencia como una etapa “muy triste”. Se dedicaba a estudiar, tenía algunos amigos, pero siempre se sintió “sapo de otro pozo”. Tuvo novios varones, pero las relaciones llegaban hasta el momento de planificar o pensar en una familia. “Yo salía corriendo”, admite.</p><p>En cambio, cuando le presentaron a Any fue “amor a primera vista”. Nunca había conocido a una mujer lesbiana, para ella era toda una novedad, y el atractivo agregado era que vivía libremente su sexualidad. “<b>Ella quería proyectar una familia y yo tenía una lucha interna, no soportaba vivir fuera de la norma, para mí era muy difícil ser diferente”, </b>rememora Juliana.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/VSYFU45JURCEFG4HGTRDHJODSM.JPG?auth=8fd610bf908713ec1e3e7fce944d1a43184e74013e952b5629165b204bcfbbc7&smart=true&width=2500&height=1669" alt="Juliana tuvo que atravesar momentos muy duros para aceptar su orientación sexual y para proyectar una familia con otra mujer" height="1669" width="2500"/><p>Nunca dudó de sus sentimientos por Any, simplemente le parecía imposible que le gustara otra mujer. Así que se separaron. <b>“Voy a ser normal”, </b>le contestaba a un amigo que le preguntaba si la extrañaba. Ahora se ríe de aquel proceso suyo. Seis meses transcurrieron desde la despedida y un día se animó a llamarla. “Esa vuelta ya era con otra idea, de formar algo serio”, dice. Aunque seguían sus miedos, esos que llevaba a terapia. “Cuando salió la ley de matrimonio para mí fue muy importante porque me habilitó internamente, <b>se acortó la distancia con el deber ser. </b>Y también me permitió avanzar en una familia, pensar en un hijo. Afuera sigue habiendo muchísima homofobia, pero legalmente algo se establecía como norma y eso fue para mí lo más importante”.</p><p>Según las últimas cifras disponibles, desde la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, en julio de 2010, se concretaron <b>más de 20.000 bodas entre personas del mismo sexo; </b>sólo en la ciudad de Buenos Aires, fueron 3060.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/Z6AT537QSRBVJFXJNUJRKU6A4E.jpeg?auth=7f9a000ed28d12f5f0d4d1b873b8dff7f2ac552075db0df1a1c9524d12f0be7c&smart=true&width=1125&height=1119" alt="El día del casamiento de Analía y Juliana" height="1119" width="1125"/><p>La Ley de Matrimonio Igualitario también le cambió la vida a Fabián, aunque no se casó. “Siempre quise ser papá”, cuenta, pero ninguna de sus parejas lo acompañó en ese deseo. “En 2010, <b>cuando se aprobó la ley, fue muy importante para mí porque ahí me animé a presentarme solo en el registro de adopción”, </b>relata.</p><p>Antes, no había nada que se lo impidiera legalmente, pero con la ley se sintió avalado. Recuerda que, aunque la legislación estaba en vigencia, se tuvo que exponer a formularios en los que pedían que firmaran él y “su señora”. Un año después de haber presentado todos los papeles, como no lo llamaban, decidió <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/quiero-una-familia-nid04052021/" target="_blank">ir a una convocatoria pública</a> en Lomas de Zamora, en la provincia de Buenos Aires, adonde estaba viajando con frecuencia para cursar su doctorado en Filosofía. En esas convocatorias hay listados de niños que esperan ser adoptados y suelen incluir grupos de hermanos, chicos con enfermedades crónicas o discapacidad y preadolescentes.</p><p><b>“Me presentaron a Rodrigo, un niño con muchísimos hermanos, de una familia totalmente desintegrada. </b>A los 6 o 7 años había quedado solo en esa situación, no tenía a nadie que lo cuidara”, reconstruye Fabián. El pequeño<b> tiene un retraso mental moderado,</b> que le provoca dificultades para la comprensión abstracta de las cosas. <b>Cuando se conocieron, Rodrigo no hablaba, </b>solo se comunicaba por señas. <b>El mismo día que se vieron pronunció las primeras palabras. </b>“Estábamos viendo unas fotos que yo había llevado y, cuando vio a Tom y Jerry, los nombró en voz alta. Nadie le conocía la voz. Ahí me empecé a quebrar”, recuerda Fabián. En ese momento Rodrigo se acercó a abrazarlo. <b>“Yo me largué a llorar. Mientras tanto sentía las palmaditas de él en mi espalda”. </b>Así empezó el vínculo de padre e hijo.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/2HHLE42S7RHDTOPTOC44RNSOMQ.jpg?auth=4084a8e496c220eccd9f2c51cf3dbd8e986dd46cbf881581d43ae6ebaf2a559e&smart=true&width=2560&height=1920" alt="Fabián y su hijo Rodrigo durante un viaje a Ámsterdam" height="1920" width="2560"/><h1>“Pasamos a ser mal vistos en algunos lugares”</h1><p>A la familia de Silvia, Sebastián, Agostina y Nacho <b>la Ley de Identidad de Género les allanó el camino. </b>Cuando empezaron a investigar las actitudes y manifestaciones de su hija dieron con profesionales como Adrián Helien (referente en el Hospital Durand) y Valeria Pavan (activista y coordinadora del Área de Salud de la CHA) que <b>les hablaron de la posibilidad de una hija transgénero. </b>“Les llevamos dibujos, porque ella planteaba a la familia y se dibujaba como una princesa, su hermano Nacho era el príncipe y estábamos sus padres”, cuenta Silvia.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/XITK4SVTCRBBNGBXIMNBZBILMQ.jpeg?auth=1d298f8f75fc9d701a221956b59f67cb4f3e3fd8ad8168ef28fe3f3e693cfadd&smart=true&width=1024&height=576" alt="Agostina se dibuja como princesa en el retrato familiar" height="576" width="1024"/><p>Ambos profesionales les dijeron que lo que había que hacer era<b> aceptar a su hija, hacerle saber que la querían tal como era, </b>que la dejaran jugar con lo que quisiera y que pusieran a disposición ropas que le gustaran. Eso les cambió la vida. “Fue increíble cómo empezó a comer mejor, a dormir mejor, se terminaron los problemas en la piel y los temas respiratorios”, enumera su mamá.</p><p>La transformación la vivió todo el grupo familiar. <b>“Para la mirada de muchas personas nosotros somos los culpables de algo. </b>Pasamos a ser mal vistos en algunos lugares”, admite. “Yo soy feliz de tener a mi hija y nos abrió la cabeza, nos vino a sacar una venda en los ojos sobre el respeto por las diversidades”.</p><p>El acercamiento al grupo de <a href="https://www.facebook.com/xadres.familiassinmoldes.1" target="_blank">Xadres, familias sin moldes,</a> que convoca a personas con familiares trans, por ejemplo, les representa un espacio de integración amorosa para su hija, quien encuentra allí una contención entre pares.</p><p>El Estado avanzó meses atrás en el reconocimiento de identidades no binarias, lo que implica que en el DNI además de la opción de sexo femenino y masculino también esté disponible la posibilidad de la equis (X). <a href="https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/247092/20210721" target="_blank">El decreto (N°476/21)</a> se enmarca en la Ley de Identidad de Género, que desde su sanción ya supera los <b>10.000 cambios registrales, </b>según las últimas cifras.</p><p>El licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y especialista en diversidad sexual Alejandro Viedma señala: “Toda la humanidad y, por ende, nuestra sociedad, es diversa y, paradójicamente, aún habitamos en un mundo que tiende a normalizar, a estandarizar desde las infancias y a generar violencias contra las diferencias”. Agrega que, en ese sentido, es necesario que haya más concientización, por ejemplo, en capacitaciones y formación para docentes y profesionales.</p><p>En el nuevo paradigma planteado, el concepto de familias no solo remite a los lazos biológicos. Como dice Viedma, “el conjunto de decisiones que se tomen en función de la construcción de una familia<b> será singular, personal y subjetiva </b>de cada adulto responsable y, por ende, intransferible”.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/MUP7HC3TJJDHDFCIH2EQ2B63WU.jpg?auth=249b4f086b9f45c60d8a6e910dd5d0034800d564f29344282f6ba694163bc967&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[‏‏‎ ‎]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[“Era el más macho. Nadie se daba cuenta de que quería ponerme los tacos”: la historia del influencer que pasó del rugby a ser furor con sus videos]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/era-el-mas-macho-nadie-se-daba-cuenta-de-que-queria-ponerme-los-tacos-la-historia-del-influencer-que-nid11112021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/era-el-mas-macho-nadie-se-daba-cuenta-de-que-queria-ponerme-los-tacos-la-historia-del-influencer-que-nid11112021/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description>Lucas Spadafora es actor y sus videos son furor en redes, especialmente entre los más jóvenes; pero para llegar a donde está hoy tuvo que hacerle frente a los prejuicios, principalmente a los suyos  </description><pubDate>Thu, 11 Nov 2021 15:30:53 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p><b>“¿Por qué soy actor? Porque actué toda mi vida”.</b> Lucas Spadafora lo dice serio. Genera suspenso. Pero enseguida suelta la risa para explicar de qué habla. <b>Se recuerda como “el más macho” en el vestuario del club de rugby en donde jugaba de </b><i><b>wing </b></i><b>derecho en Bella Vista</b>: el pibe que tenía novia, que iba a estudiar Medicina, que pertenecía a un círculo en el que los chicos eran rugbiers y las chicas jugaban al hockey, que era “uno más”. “¡Y la gente me creía! Siento que ahí empezó mi lado artístico, sin darme cuenta”, asegura. <b>Pero adentro le pasaba de todo</b>. “Sufría ansiedad, porque no mostraba lo que realmente era. <mark class="hl_yellow"><b>Nadie se daba cuenta de que quería ponerme los tacos, las pelucas y salir a </b><i><b>draguearme </b></i></mark>(N. de la R.: caracterizarse con rasgos que se asocian a lo femenino para crear un personaje).<mark class="hl_yellow"><b> Era un sentimiento de mucha soledad</b></mark>”, agrega.</p><figure><video height="720" width="1280" poster="https://cdn.jwplayer.com/v2/media/rtRhQu6Q/poster.jpg?width=1280"><source src="https://cdn.jwplayer.com/videos/rtRhQu6Q-46NIuRKO.mp4" type="video/mp4"/></video><figcaption>Hablemos de todo con Lucas</figcaption></figure><p>Hoy, <b>entre los veinteañeros, su nombre resuena con fuerza.</b> Este joven de 21 años participó del Cantando 2020, actualmente integra El gran premio de la cocina y forma parte del elenco de <i>Abejas, el arte del engaño, </i>la nueva miniserie original de Flow que se estrenará próximamente y es el primer proyecto audiovisual del que participa como actor. En redes, <b>suma 854 mil seguidores en su cuenta de Instagram </b>(<a href="https://www.instagram.com/lucasspadafora/?hl=es-la" target="_blank">@lucasspadafora</a>) y un número similar en Tik Tok. Casi 10 millones de “Me gusta” acompañan sus videos, que son furor. Ahí están los personajes a los que Lucas les da vida con pelucas de colores, tacos altos, vestidos vistosos y <b>un humor que colma de absurdo escenas de la vida cotidiana con las que es muy fácil conectarse.</b> Angélica, Caty, Nancy o Charlotte, −algunos de sus personajes− pueden ser una amiga, una hermana, la vecina de la esquina o una misma.</p><p>En el Mes del Orgullo LGBT+, Lucas asegura: “<b>Los videos fueron mi manera de expresarme y poder ser mi verdadero yo, aunque suene súper grasa. Para mí fue una liberación, porque rompían con todos los esquemas que yo había aprendido</b>”. Al principio, reconoce, no quería romperlos. “Salir de la normalidad” en una localidad conservadora como Bella Vista, le daba miedo. Así que luchó por quebrar el molde y ahí quedó a la intemperie el verdadero Lucas: “<mark class="hl_yellow"><b>El mayor desafío fue enfrentarme a mí mismo.</b></mark> Tuve que romper con mis cadenas mentales. Mi yo artista me salvó de todas las etiquetas y estructuras”.</p><h1>De 14 seguidores, a casi un millón</h1><p><b>Lucas cree que el orgullo es una sensación más que una palabra. Un proceso interno. </b>“Es: ‘qué lindo haber llegado a ser quien elijo ser’”, resume el joven. Pero llegar ahí no fue fácil. <b>Arrancó en YouTube con 15 años y 14 seguidores.</b> No se animaba a que sus videos fueran públicos y sólo los compartía con un puñado de personas con las que se sentía seguro. Cuando finalmente decidió dar el salto, en la escuela se tuvo que bancar los murmullos, las miradas de reojo, los comentarios de pasillo:<b> había pasado de ser un rugbier más al “loco de las pelucas”. </b>Al mismo tiempo, los seguidores empezaron a crecer. Pasar los videos a públicos fue como abrir las compuertas del dique y en marzo de 2018 ganó un Martín Fierro Digital como el más interactivo en Instagram.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/NP3UHI5FRFH3TOTWDAKNELRJ2E.JPG?auth=6e25f8973ab58c4c220515d424b38465b411247e737993b9000d8e8df5b37e2f&smart=true&width=2000&height=1333" alt="“El mayor desafío fue enfrentarme a mí mismo. Tuve que romper con mis cadenas mentales. Mi yo artista me salvó de todas las etiquetas y estructuras”, asegura Lucas. " height="1333" width="2000"/><p>Criado en una familia compuesta por una mamá psicóloga y psicopedagoga; un padre licenciado en Comercio Exterior y profesor universitario, y una hermana más grande, “toda correcta”, que estudia Derecho y con la que son “el ying y el yan”, Lucas les habló por primera vez de su orientación sexual a los 18 años. Dice que más allá del proceso que pudieron hacer −”siempre estuvieron abiertos y acompañándome”− y del miedo al qué dirán, derribar sus propias barreras fue el <i>quid</i> de la cuestión: todo eso que vamos construyendo dentro nuestro a partir de los roles y estereotipos de género que mamamos desde los primeros años.</p><p><b>“Hay muchos pensamientos que te quedan adentro y uno mismo no se acepta. Yo sabía que no estaba siendo yo. Sentía un peso, culpa: ése es el sentimiento. Una sensación en la panza de no tener escape”</b>, explica Lucas. “No quiebres las muñecas”, “no te maquilles”, “comedia musical no es para vos”, “hablá como macho”. Todas esas frases iban cimentando el personaje que mostraba a los demás. “Pero muchas veces nuestros pensamientos, no son propios. En eso se basa la desconstrucción. <mark class="hl_yellow"><b>En preguntarte: ¿es esto lo que yo pienso o es lo que me inculcaron, lo que me metieron?</b></mark>”, reflexiona.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/RXYD6VD2DBHW5GDT55PCSPR5H4.JPG?auth=c5d0561a485f4a439ac60483c2b254b787b963b37057ecc7a41146e4400c7bd2&smart=true&width=2000&height=1333" alt=""Más que una palabra, el orgullo es una sensación. Es: ‘qué lindo poder haber llegado a ser quien elijo ser’", señala el joven influencer. " height="1333" width="2000"/><p>Con el <i>boom</i> de sus videos en redes y la inmersión en el mundo artístico, nuevas amistades le empezaron “a abrir la mente”. Entre ellas, Lucas menciona especialmente a la actriz Sofi Morandi. “Era gente que me decía: ‘acá no hay drama de que te chapes a un chabón’, ‘che, vos podés actuar y podés vivir de eso. Podés estudiar canto, estás a tiempo’. Me incentivaron y me abrieron todo ese mundo. Si no, hoy en día estaría operando. Imaginate que yo te toque médico: crisis”, dice sin dejar nunca el humor de lado.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/COOGEIPPLVAOBBMS46Q3MOXXJU.JPG?auth=5a388f34fffa91f26575453ec044df7f637ae3ed6dfbbe3da693f8ac31c0b6d0&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Lucas arrancó en Youtube con 15 años y 14 seguidores: no se animaba a que sus videos fueran públicos. Dar ese paso fue como abrir las compuertas del dique y en marzo de 2018 ganó un Martín Fierro Digital como el más interactivo en Instagram." height="1333" width="2000"/><p><b>¿Cómo fue ese camino de pasar de ser el Lucas de antes, al Lucas de hoy?</b></p><p>Fue ir dando pasos. Cuando salí del clóset, me era muy difícil verme a mí gay. Suena ridículo de explicar, pero yo había crecido con tantas cosas de mi entorno... Después, me fui dando cuenta de que yo no era el que estaba mal, era la gente que me juzgaba o todos esos pensamientos que me habían quedado pero que no me pertenecían a mí, le pertenecían a otros. Sería hermoso que el cambio fuera: “bueno, me voy a amar a mí mismo y listo”. Pero no es tan fácil sacarse esos pensamientos.</p><p><b>¿Qué hiciste para romper con eso?</b></p><p>Tuve un momento en que anotaba esos pensamientos en una listita y veía de dónde venían, y también que no eran la realidad. Me juzgaba a mí mismo. Pensaba: “¿cómo me voy a poner maquillaje?”. Entonces, ¿cómo otras persona no te va a juzgar? <b>La deconstrucción es entrar en uno y pensar, primero, por qué juzgo, y empezar a repreguntarse cosas que tenemos de muchos mandatos</b> y que está en uno querer cambiarlas. Te lo pueden decir mil veces, pero hasta que vos no haces el <i>click </i>y no te lo preguntás, no pasa nada. Es un proceso.</p><p>**</p><p>En las redes, cientos de sus seguidores le dejan mensajes del estilo “gracias a vos, empecé a tener menos vergüenza”, o “a quererme más”, o “a reírme de mí mismo”. Eso a Lucas lo llena de orgullo. “<b>En muchos mensajes hasta me han dicho que los ayudé con su salud mental y eso me encanta porque no es algo de lo que se hable mucho y es un tema importante</b>. Es hermoso saber que están del otro lado. A mí me <i>flashea </i>hasta el día de hoy”, dice. Y agrega algo más: “La palabra, el poder hablar, es lo que te salva”. Los consejos que Lucas da suelen tener una base común: “Poder tener a alguien de confianza que te muestre otras percepciones, otra manera de ver la vida, es muy importante. Lo que siempre les recomiendo es: recurran a alguien. Capaz no tiene que ser tu mamá o tu papá, porque cada familia es un mundo, pero siempre hay alguien que te va a escuchar y dar una mano. Si no está en tu grupo, búscalo en otro lado”, concluye.</p><h1>Más información</h1><p>Esta nota forma parte de la serie <mark class="hl_yellow"><b>“Hablemos de todo”</b></mark>, una iniciativa de LA NACION que, a través de notas periodísticas y material audiovisual, busca romper tabúes y seguir derribando prejuicios sobre temáticas que en general esquivamos. El proyecto cuenta, además, con material de servicio para la audiencia respecto a dónde buscar más información, pedir ayuda o asesoramiento. En este <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hablemos-de-todo/" target="_blank">link</a> podés encontrar todas las notas.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/WNABP4KZTVFLVC6SCZUYFJLATY.JPG?auth=236200109d16f3b73b5c0538cb5ea48ec8621193d2b41843886c1856880c4f9b&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Lucas Spadafora, humorista y actor]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ricardo Pristupluk</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Diego Poggi: “En mi casa siempre se ocultó mucho y lo peor que nos puede pasar es dar cosas por sentado”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/diego-poggi-en-mi-casa-siempre-se-oculto-mucho-y-lo-peor-que-nos-puede-pasar-es-dar-cosas-por-nid31082021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/diego-poggi-en-mi-casa-siempre-se-oculto-mucho-y-lo-peor-que-nos-puede-pasar-es-dar-cosas-por-nid31082021/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description>El periodista reflexiona sobre cómo “eso que no se dice” termina generando mucho más daño del que pensamos; y habla del impacto positivo después del shock, que tuvo el tweet en el que compartió la respuesta de su papá cuando le contó que tenía novio</description><pubDate>Tue, 31 Aug 2021 13:48:34 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Fue el 8 de enero. Diego Poggi acababa de salir de un local de comidas rápidas y, todavía en el estacionamiento, le mandó por WhatsApp un audio a su papá:<b> estaba de novio con un chico, se iban de vacaciones juntos y quería compartir la noticia con su viejo. </b>Eran las 10.47 de la mañana. La respuesta llegó por escrito a los nueve minutos: “Linda noticia, no la quería escuchar nunca. Que seas muy feliz, olvidate de que tenés papá”. Unos minutos después, el periodista compartió el intercambio con su casi medio millón de seguidores en Twitter. <b>Y la bomba estalló.</b></p><p>Pasaron siete meses desde <b>ese tweet que revolucionó las redes </b>y reprodujeron los principales portales del país: en pocas horas, los Poggi estaban en todos lados. Pero de enero a agosto, hubo muchos cambios. No solo en lo laboral (Diego dejó Todo Noticias en abril, días atrás debutó como columnista en <i>Cortá Por Lozano,</i> por Telefé, y tiene otros proyectos en puerta, mientras continúa con su programa diario en Radio Berlín), sino también en lo personal, que incluyó una larga charla que se debía con su familia. “En<b> mi casa siempre se ocultó mucho. Y lo peor que nos puede pasar es no hablar de ciertos temas, dar cosas por sentado. Basta de suponer</b>”, dice Diego, que tiene 33 años, sentado en un bar de Palermo del que es habitué, muy cerquita de su casa.</p><p>En diálogo con LA NACION, reflexiona sobre el impacto que ese tweet tuvo en su vida; repasa los cientos de mensajes que recibió de otros que, como él, tenían charlas pendientes con los suyos; y pone el dedo sobre una llaga que, sea cual sea nuestra historia, nos toca a todos de cerca: <b>cómo “eso que no se dice” termina generando mucho más daño del que pensamos. </b>En la familia de Diego había temas que no se hablaban. Estaban ahí, en una nebulosa espesa. Hoy, la balanza tiene para él un saldo positivo: a partir de compartir su experiencia (y más allá del altísimo costo emocional que tuvo), <b>no solo se abrió una puerta para el diálogo en su casa, sino en la de varios.</b></p><p>Después de pedirse un café con leche con tostadas de pan blanco y queso crema, asegura: “Este fue un año de supercambios. <b>Pero creo que es muy positivo lo que pasó. </b>Fue como un cachetazo que me hizo darme cuenta de quién soy, qué quiero y en mi familia ayudó un montón, con un costo de exposición que nunca hubiese querido porque ellos no tienen nada que ver con los medios: yo soy el único bicho raro”.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/VNCIACMVRVH35FZDNG43L5QCZE.JPG?auth=984d55fb0180cc0b1011e193f6a07631ff93b299b1903ca1c8cab70529d5d3bf&smart=true&width=2000&height=1333" alt=""Una de mis mejores amigas me escribió: Hoy mi viejo vino a casa. Se me apareció de golpe y me preguntó si era buen papá. Me quedo con esas cosas", dice Diego. " height="1333" width="2000"/><p><b>¿Qué puertas se abrieron a nivel familiar a partir de aquel famoso tweet?</b></p><p>Esa noche fui y tuvimos una charla que fue un poco picante, pero creo que le dije a mi papá todo lo que no le había dicho en mi vida: me abrí completamente. ¡Pero completamente! Hubo gritos, llantos, volumen bajo, pasamos por todo. Creo que a partir de ese momento, a mi viejo algo le quedó dando vueltas y no sé qué le pasó por su cabeza, pero sé que me banca y eso es lo que uno quiere: uno quiere la aprobación de sus padres. Y de alguna manera está, pero todavía les cuesta. Por ejemplo, todavía no me preguntaron si corté o no corté. No saben.</p><p><b>¿Era la primera vez que hablabas públicamente de tu orientación sexual?</b></p><p>Nunca sentí la necesidad de escribir “soy gay”. Si yo fuese un pibe que no labura en los medios, me parecería totalmente al pedo. Pero cuando pasó lo de mi viejo, que fue cuando estaba de novio (ahora estoy soltero), estaba tan contento que se lo quería contar a mi familia, porque me parecía una locura no compartir un momento lindo. Cuando me respondió eso, por un lado me puse triste, pero tampoco me sorprendí porque lo conozco: sé que él lo dice pero porque no tiene recursos, herramientas. Es muy rústico. Yo me acuerdo cómo eran mis abuelos y lo entiendo a mí papá, y sé todo el amor que me tiene. En ese momento me enojé un montón y ni sé por qué escribí un tweet. Nunca pensé que iba a repercutir de la manera en que repercutió. No lo pensé.</p><p>***</p><p>Entre lo impensado, lo imprevisto, estuvo <b>una catarata de mensajes de todo tipo.</b> Pero, principalmente, muchos de gente grande: no eran pibes los que más le escribían, sino personas casadas, con hijos, que se habían sentido conmovidas por su historia, que también tenían cosas de las cuales hablar que costaban demasiado. “Los pibes más chicos creo que no tienen tanto quilombo hoy, creo que con el laburo que se vino haciendo, con hablar de estos temas en la tele, la radio, en los medios, y el cambio generacional, la tienen un cachito más fácil, un pasito. A mí me llamó la atención los mensajes de gente grande que no se anima a cambiar toda su vida. Algunos los respondo, pero hay veces que no te podés involucrar en todo”, cuenta Diego.</p><p><b>¿Te imaginabas que ibas a recibir tantos mensajes?</b></p><p>No, para nada. Recibí mensajes de un montón de gente: cercana, de otra que no me hablaba desde hacía un montón de tiempo y de quienes no conocía. Me acuerdo que ese fin de semana fue horrible. El tweet fue un viernes y nunca me había pasado de estar de una en todos los medios. Una excompañera de trabajo me escribió: “Boludo, ¡estás en todos lados!”. A mí no me interesaba ser noticia por eso: la estaba pasando como el orto. A veces uno abre una puerta a la vida privada que después es muy difícil de cerrar. Yo nunca mostré con quien salgo, soy retranquilo y fue todo un tema. Pero agradezco haber hecho terapia mucho tiempo, tener la familia y los amigos que tengo, porque sino no sé cómo me hubiese pegado.</p><p><b>¿Te acordás de algún mensaje que te haya impactado particularmente?</b></p><p>Una de mis mejores amigas me escribió: “Hoy mi viejo vino a casa. Se me apareció de golpe y me preguntó si era buen papá”. Después, una compañera de laburo me dijo: “Hace un año que se murió mi vieja. Hoy mi papá sale con un chico un poco menor que él y me dice que te mandamos un beso los tres”. Me quedé con eso. Ahí dije: qué bueno, por lo menos se habló del tema en algunas casas esa noche y se movieron cosas, porque para mí lo peor que hay es no hablar. ¿Por qué no hablar de la felicidad del otro? En mi casa siempre se ocultó mucho todo.</p><blockquote><p>Por lo menos se habló del tema en algunas casas esa noche y se movieron cosas, porque para mí lo peor que hay es no hablar. En mi casa siempre se ocultó mucho todo.</p><p class="citation">Diego Poggi</p></blockquote><p><b>¿Habías intentado antes hablar del tema con tus viejos?</b></p><p>En algún momento lo había hablado, pero no hay peor persona que la que no quiere ver. Yo se los dije de la manera que pude, pero siempre lo tenía a mi viejo mandándome videos virales de minitas por WhatsApp, bien de padre machista, mecánico. Yo creo que de la manera en que se los había dicho, se habían enterado, pero no lo quisieron ver nunca. Son de otra generación. Mi viejo cumplió 70, mi mamá cumple 65. Pensaban que yo les iba a llevar una mujer, que iba a tener hijos y que iban a ser abuelos. Y pueden ser abuelos, pueden tener nietos, pero no de la forma en que ellos se lo imaginaban.</p><p>**</p><p>Diego vivió en la misma calle del barrio de Flores hasta los 23 años. Desde el jardín hasta el secundario inclusive, fue al mismo colegio parroquial (“Ahora entro y me incendio”, dice entre risas) y tuvo los mismos amigos, los que hasta hoy siguen siendo los incondicionales de siempre. Su mamá, María Guadalupe, es ama de casa y comerciante. Su papá, Héctor Aníbal, es mecánico, igual que lo fue su abuelo, Roberto Aníbal. Tiene un taller en Parque Chacabuco, donde trabaja con su hermano Martín, de 26 años. Siguiendo la línea familiar, el segundo nombre de Diego también es Aníbal, y aunque nunca le interesaron los autos admite que los fines de semana pone el TC de fondo, porque esos ruidos son los de su infancia.</p><p>Su familia también son Mari y Adriana, abuela y tía maternas. Con las dos, el periodista se identifica mucho: con su abuela, porque nunca se queja, porque a pesar de las dificultades va siempre para adelante. Con su tía, porque siempre lo acompañó en sus intereses. Los cinco, esa “familia chiquita” (falta Conguito, un Yorkshire que tiene 10 años), están representados en cinco pájaros que, en el antebrazo derecho de Diego, sobrevuelan un árbol que se tatuó hace un par de años. “Somos unidos, pero hay temas que quedaron por ahí, que no se hablaban: se suponía. Y no hay nada peor para mí, porque uno se hace la cabeza con un montón de cosas y no vas a ningún lado. Es tu imaginación. Por eso está bueno siempre hablar de todo”, subraya Diego. En el brazo izquierdo tiene otro tatuaje, el primero: “Life is too short to be afraid” (La vida es demasiado corta para tener miedo). Por error, Afraid está con doble “f”.</p><p><b>¿Miedo de qué tenías?</b></p><p>Siento que a veces soy cagón y otras no, me animo y soy muy frontal. Pero a veces soy recagón con un montón de cosas. Los miedos muchas veces se generan por lo desconocido.</p><p><b>¿Y tu viejo? ¿Qué miedos pensás que tenía?</b></p><p>El miedo más grande de mi viejo, al ser mecánico y en un ambiente muy machista, creo que era que fueran los clientes (yo los conozco, son unos capos) y que lo carguen a él o que me hagan daño a mí. Que le digan: “Tu hijo es puto”. Pero no pasó. Cuando sucedió todo esto, Martín, mi hermano, me decía: “Lo llaman todo el día los clientes y lo cagan a pedos por lo que hizo”. Se empezó a dar vuelta la tortilla y mi viejo lo empezó a tomar de otra manera. Es muy buena gente mi papá, es atento, es extremadamente honesto, es un tierno. Pero hay cosas, como con los sentimientos, que le cuestan…. Cada vez menos, o por lo menos se hace cada vez un poco menos el boludo.</p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/CQXFzBxghO-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:658px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/CQXFzBxghO-/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">View this post on Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a></div></blockquote><p>***</p><p>El paso de Diego por el colegio no fue fácil. Los márgenes de lo posible estaban marcados por lo esperable: si sos varón, de mínima te tienen que gustar el fútbol y las chicas. Pero él tenía otros intereses. Y aunque la pelota era su momento de “descargue”, donde tiraba un par de patadas como una forma de canalizar la angustia que le pesaba en el pecho (porque el bullying, estaba), lo suyo iba por otro lado: desde chico le encantaba la radio y la música. Pedía casetes vírgenes y grababa sus propios programas y, en vez de irse de viaje de egresados de séptimo, pidió una computadora en la que empezó a editar y a deslumbrarse con Internet, que estaba dando sus primeros pasos en las casas de la clase media argentina. Hoy, esa red invisible que genera conexiones hasta lo infinito, hace que sus mensajes lleguen a miles de personas.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/J35EL4BDGFAHXPGYUQ74SAETTA.JPG?auth=aba3d84576da2d130b046089ccb622541c830e63135a479e7edfd19667739041&smart=true&width=2000&height=1333" alt=""Siento que todavía sigue habiendo prejuicios, aunque cada vez menos. No hay que bajar los brazos porque hay pibes y pibas que siguen matando, que siguen recibiendo golpes. Hay mucho laburo para hacer", reflexiona el periodista. " height="1333" width="2000"/><p><b>¿Qué aprendiste de esa experiencia, de lo que generó tu tweet? ¿Cambiarías algo?</b></p><p>Yo tengo algo: no me arrepiento de las cosas que hago, porque por algo lo hice. Puedo pedir disculpas o perdón si afecté a alguien. Si vuelvo para atrás, creo que me tomaría el trabajo de charlar con mis viejos antes. Pero pasó así, y a los dos o tres meses, ya estaba todo arreglado. Sirvió. Fue un poco brusco. Pero el cachetazo es un toque: te pica un cachito y después se va. No hubiese querido hacerle pasar un mal momento a mi familia porque no se lo merecen.</p><p><b>En la Argentina hay leyes pioneras como la de matrimonio igualitario, pero también sigue habiendo muchos prejuicios. ¿Qué desafíos pensás que tenemos por delante?</b></p><p>Las leyes están buenísimas. Que se amplíen derechos para personas que no los tenían, lo banco mil. Pero sí siento que todavía sigue habiendo prejuicios, aunque cada vez menos. No hay que bajar los brazos porque hay pibes y pibas que siguen matando, que siguen recibiendo golpes, que echan de las casas. Hay mucho laburo para hacer y está bueno que se siga hablando de este tema. Falta mucho. Pero creo que las nuevas generaciones tienen mucha energía para luchar por sus derechos y las redes sociales ayudan mucho a que el mensaje se difunda más rápido.</p><p><b>¿Qué le dirías a los padres o a las madres que no se animan a habilitar la charla con sus hijas o hijos de ciertos temas?</b></p><p>Les suplicaría que busquen la forma de hacerlo. A veces uno se imagina las cosas de una manera, como juntarse a tomar un café, pero puede ser un mensaje por WhatsApp, una videollamada, una carta, un mensaje, simplemente un “te banco”. También lo que les diría es que si les cuesta aceptar algo de sus hijos, que lo primero que les digan sea: “Te banco, acá estoy, me cuesta un montón, pero lo vamos a trabajar”. El soporte es clave. Porque uno si se lo dice a los padres, es porque necesita contención. Creo que la contención es lo principal. Después es un proceso, como todo: como aprender a manejar. Uno tiene que aprender.</p><p>***</p><p>Hace unos días Diego estaba en un local y se le acercó una mujer. Le contó que su hijo estaba saliendo con una chica trans, y le dijo: “Yo hubiese preferido mil veces que vengan con un chico. El otro día estaban en casa jugando a la Play y me confundí con el pronombre. ¿Qué hago?”. El conductor le respondió: “Bancalo y decile que para vos es una situación inesperada, que estás sorprendida, pero que estás aprendiendo”. Y entonces, ya más como mantra que como consejos, repite: “Basta de suponer”. Dice que cuesta, pero que hablar sana y libera. De tanto hablar, todavía no tocó las tostadas.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/DQ7Q3NA2ANHODKW6D5YHI4PFQU.JPG?auth=dd549b46158c9940d45f66a6ad12d97d35068e0e6a280422d98f55525ae0019b&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Spivacow / AFV</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Maca Sánchez: “Me costó mucho transformar el miedo y la vergüenza en amor por mí misma”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/maca-sanchez-me-costo-mucho-transformar-el-miedo-y-la-verguenza-en-amor-por-mi-misma-nid28062021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/maca-sanchez-me-costo-mucho-transformar-el-miedo-y-la-verguenza-en-amor-por-mi-misma-nid28062021/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description>#MomentoOrgullo. La delantera de San Lorenzo recuerda lo que sintió la primera vez que fue a una marcha LGBT; cómo fue el camino para pasar de los prejuicios propios y ajenos a empezar a “disfrutar de la libertad”</description><pubDate>Mon, 28 Jun 2021 12:57:47 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Sábado. Noviembre de 2016. Maca Sánchez todavía no es la cara de la lucha por la profesionalización del fútbol femenino en la Argentina ni una de las voces fuertes del feminismo local. Es una piba de 25 años que hace cuatro llegó desde Santa Fe a la ciudad de Buenos Aires persiguiendo el sueño de hacer carrera en el fútbol. Está en su departamento de San Telmo y sale a la calle. <b>No lo piensa demasiado: lo hace.</b> Camina por la Avenida San Juan, va hasta la 9 de Julio y sigue en dirección al Congreso. Hay algo en esa fiesta de banderas arcoíris que la hace sentir abrazada. Se deja llevar. Salió de su casa sola, pero no está sola. En esa <b>Marcha del Orgullo</b>, se supo por primera vez “parte de algo mucho más grande”.</p><p>“Sentí que un montón de personas compartían lo mismo que yo, que era un colectivo enorme, que nos acompañábamos y que estábamos juntos y juntas, con los mismos sentimientos, con los mismos miedos también, <b>con la vergüenza en algún momento de nuestra vida</b>. Poder visibilizar todo eso y transformarlo en una gran fiesta para mí fue único”, reflexiona hoy Macarena, jugadora de San Lorenzo (en 2019 firmó el primer contrato profesional con el club) y directora ejecutiva del Instituto Nacional de la Juventud (Injuve).</p><p>En el <b>Día del Orgullo</b>, si la delantera de 29 años tuviera que resumir en un recuerdo el quiebre que se produjo en el modo de vivir su orientación sexual, sería esa primera marcha a la que fue en la primavera de 2016. Ese fue su <b>#MomentoOrgullo</b>. Porque si bien abrirse paso como mujer y lesbiana en el mundo del deporte −bastión fuerte del machismo−, no fue fácil, <b>aceptarse a sí misma tampoco</b>. “Antes era una persona que estaba escondida y muy reprimida de todo lo que me pasaba y sentía. Me costó muchísimo cambiarlo”, dice Maca en diálogo con LA NACION. Si bien como sociedad dimos importantes avances en el camino por la inclusión de la diversidad de formas de sentir y de ser, subraya que los desafíos siguen siendo enormes.</p><p><b>¿Qué se movió adentro tuyo ese día en que decidiste ir a una Marcha del Orgullo por primera vez?</b></p><p>Suelo ser muy impulsiva y hago lo que siento en cada momento. Y bueno, ese día surgió así. No fui antes por vergüenza, por miedo. Miedo a ser juzgada o miedos propios también. Me parece que lo que pasó en 2015 con el feminismo y esta cuarta ola, fue también un empujón para darme cuenta y entender que lo importante era la libertad, el amor y el orgullo. Fue sacarme todos esos prejuicios de encima y esa mochila que llevaba desde hacía muchos años, para poder transformarlo en algo lindo, en algo positivo para mi vida.</p><p><b>¿Cómo te fuiste a dormir esa noche? ¿Sentiste que algo cambió en vos?</b></p><p>Sí. Fue hermoso. Me llené de buena energía, de un sentimiento de entender y saber que no iba a estar nunca más sola. Me puede dormir tranquila sabiendo que estoy orgullosa de lo que soy y de lo que siento, y que me encanta. En ese momento me sentí muy en paz conmigo. Pero también tranquila y acompañada de muchísimas personas que ni siquiera conocía y tampoco me conocían a mí. Se vive un clima muy lindo, empático y sororo en esas marchas.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/EQK52DWBJRA3NNPVKJVVD6SW4M.jpg?auth=b4118baba4cb298e62848f0afc002556becc3f366fb94fac605341ac30659164&smart=true&width=819&height=1024" alt="Maca, en una Marcha del Orgullo. Después de la primera a la que fue sola en 2016, siguió yendo acompañada por amigos o sus hermanas" height="1024" width="819"/><h1>Del dolor a la libertad</h1><p>A Maca no le molesta hablar de esos temas que en general incomodan. Al contrario. Siente que su visibilidad viene de la mano de una gran responsabilidad. Desde sus redes sociales, busca abrir la conversación sobre cuestiones tan variados como la salud mental (<a href="https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/la-lucha-de-macarena-sanchez-y-la-dificultad-que-implica-tener-trastornos-de-salud-mental-nid10052021/" target="_blank">en mayo contó que en 2020 había sido diagnosticada con depresión</a>) o su orientación sexual. Un día como hoy, pero en 2019, desplegó en un “hilo” <a href="https://twitter.com/macasanchezj?lang=es" target="_blank">en Twitter</a> sobre cómo había sido contarles a sus padres, por primera vez, que era lesbiana. “No fue en la mesa familiar mientras cenábamos, sucedió tipo 3 de la mañana cuando tenía el alcohol en sangre suficiente para tomar coraje”, cuenta. “Yo lloraba un montón –continúa– y no decía qué me pasaba y mi vieja, ya harta, me dijo: <b>‘Macarena, ¿te gustan las mujeres?’</b>,<b> </b>jajajaja cero pedagogía”. Pero llegar hasta ahí no fue sencillo.</p><p>En Santa Fe, de niña, Maca no conocía a ninguna persona que fuera abiertamente lesbiana o gay. Esa posibilidad recién se abrió en Buenos Aires. “Cuando me encontré con ese panorama y conocía a amigas y amigos que estaban en la misma situación que yo, dije: ‘Bueno, esto puede ser real, voy a poder vivir bien, me voy a poder querer, voy a poder tener mi pareja, mi familia’. Por eso está bueno que podamos visibilizarlo, porque es algo que sucede y hay que empezar a naturalizar, a destrabar todas esas cuestiones que no le hacen bien a nadie”, señala.</p><iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/3WpFa2Q6yMA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen title="#JugáConOrgullo 🌈 #PlayWithPride"></iframe><p><b>¿Cómo fue el camino de aceptación familiar? Sé que hubo reacciones muy distintas, que a tu papá le costó un poco más.</b></p><p>La verdad es que tuve una buena experiencia con eso, al contrario de lo que pensaba, que por ahí no me iban a querer y todos esos sentimientos que se te cruzan en ese momento. Por el contrario, mi mamá ya lo sabía, simplemente me estaba dando mi tiempo y espacio para que yo lo procesara y también iba a respetar si quería seguir guardándolo. Mis hermanas lo mismo y mi papá también. Si bien a él le costó un poco más, la verdad es que nunca me lo hizo saber. Jamás fue motivo de discusión, jamás tuve una situación violenta de rechazo o destrato por nadie de mi familia. Desde el primer momento me apoyaron, me escucharon, me contuvieron y siempre les voy a estar agradecido por eso, porque fue importantísimo para mí y creo que es importantísimo para cualquier persona que está atravesando por esta situación. El sostén de la familia es fundamental.</p><p><b>En una entrevista dijiste “la libertad la sufrís antes de vivirla”. ¿Cuándo empezaste a vivir esa libertad y que fue lo que más te costó en ese camino?</b></p><p>No hace mucho, hace un par de años que empecé a disfrutar y a tratarme un poco más con amor. La realidad es que cuando empecé a tener todos estos sentimientos, a adentrarme un poco en lo que pensaba, en lo que sentía o en mi propia identidad, y a darme cuenta de un montón de cuestiones, sentí mucho miedo. Miedo al rechazo, al qué dirán, y vergüenza de lo que soy. Me costó muchísimo transformar todo eso y empezar a sentir orgullo, a sentir amor por mí también.</p><p><b>¿Cómo era la Maca antes de ser libre y cómo es la de hoy?</b></p><p>Y... cambió bastante. Sobre todo, no tengo que aparentar ser lo que no soy. Eso lo modifiqué muchísimo. Hago lo que siento y digo lo que pienso. Me siento bien y en paz conmigo misma. Me visto como quiero. No me interesa mucho la opinión ajena. Eso era algo que me afectaba bastante, que me limitaba muchísimo en ser lo que quería ser. Cuando entendés que hay mucha gente que odia y que eso no lo vamos a cambiar, empezás a restarle importancia y a darte cuenta de que lo que realmente importa es la gente que te rodea, que te quiere, que te apoya. Y lo que pensás vos misma de vos, no lo que piensan los demás.</p><p><b>¿Y hoy?</b></p><p>Hoy soy completamente libre. Sí creo que es una deconstrucción diaria que tengo que hacer, no con respecto a mi sexualidad ya, pero sí con otros temas vinculados a cuestiones culturales. Una lucha contra estos prejuicios, esos miedos y esos pensamientos que por ahí te quiere imponer la sociedad. Pero me siento una persona libre, feliz de la vida que tengo, de todo lo que conseguí y de cómo pude transformar todos esos miedos en algo que hoy disfruto muchísimo.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/Y5QCUS3YPJCPTF3R7ATISF23CA.JPG?auth=06ae091bb651e3f71c1ef92813f394331437c14f3e370e0061b12ce82aa14c3b&smart=true&width=1080&height=1170" alt="Maca Sánchez fue la primera jugadora de fútbol en firmar un contrato profesional; hoy es delantera en San Lorenzo y directora del Instituto Nacional de la Juventud" height="1170" width="1080"/><h1>La mirada de los otros</h1><p>La mirada de los otros, el miedo al “qué dirán”, de alguna forma u otra, siempre están. A la Maca chica y adolescente le pesaba y mucho. Es una mochila tan invisible como agobiante. Porque jugaba al fútbol y no a las muñecas. Porque la ropa que usaba era “de varón” y no “de nena”. Los señalamientos se transformaban en violencia con “apodos” que la hacían dudar de lo que sentía, de quién era.</p><p><b>Hay muchos prejuicios y creencias falsas que siguen instaladas en el imaginario colectivo. Por ejemplo, que, si una chica juega al fútbol, “tiene que ser lesbiana”. ¿Viviste el peso de esos prejuicios?</b></p><p>Sí, la verdad es que me afectó bastante. Desde que era chica me sentía observada, señalada y juzgada todo el tiempo. Me decían “machona”, “marimacho” y todo lo que se te ocurra. Lo sufrí bastante. En la adolescencia también me pasó lo mismo, sentía constantemente que era sapo de otro pozo y no me hallaba en muchos ámbitos y con muchos vínculos. Pero, por suerte, creo que todo eso fue cambiando y hoy estamos debatiendo y discutiendo un montón la estigmatización que en ese momento se daba como natural y la sociedad tenía muy arraigada. Obviamente, siguen existiendo esas cosas, pero en menor medida. Me parece que las generaciones que vienen lo tienen bastante claro.</p><p><b>Cuando reconstruyen su “salida del clóset”, muchos deportistas cuentan cómo durante años tuvieron que vivir una doble vida que los lastimaba, con un costo emocional altísimo. Aparentar ser alguien que no eran en el vestuario, en el club, con los amigos. ¿Te pasó?</b></p><p>No sé si era una doble vida, pero sí me quería convencer a mí misma de que lo que sentía no era 100% así, que estaba “inspeccionando” o que no estaba 100% segura. Inconscientemente, no quería hacer lo que estaba sintiendo y me quería convencer de que eso no era real o de que era pasajero. A medida que pasó el tiempo, sacándome los prejuicios y los miedos propios fui reconociéndome, aceptándome y queriéndome muchísimo.</p><p><b>¿Qué es “el orgullo” para vos?</b></p><p>El orgullo es el sentimiento más lindo que puede tener una persona consigo misma. Creo que es lo que nos hace querernos, respetarnos y sentirnos libres. Es lo primero para tener una vida plena y feliz. Eso es el orgullo para mí, este mes y todo el año.</p><h2>Más información</h2><p>En el Día internacional del orgullo LGTBIQ+, la asociación civil <a href="https://100porciento.wordpress.com/" target="_blank">100% Diversidad y Derechos </a>lanzó la campaña <b>#JugáConOrgullo</b>, para visibilizar a deportistas LGBTIQ+ e interpelar a dirigentes, instituciones y público a implementar medidas para erradicar la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito deportivo. Participan deportistas como la campeona olímpica de regata, Cecilia Carranza; <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/facundo-imhoff-y-el-dia-en-que-empezo-a-ser-libre-cuando-conte-en-el-club-que-era-gay-fui-mucho-mas-nid09062021/" target="_blank">Facundo Imhoff, jugador profesional de vóley</a>; <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/heaters-para-los-jovenes-la-poblacion-lgbt-es-la-mas-atacada-en-redes-sociales-nid17052021/" target="_blank">Mara Gómez, jugadora profesional de fútbol </a>en el club Villa San Carlos de la primera división de la Asociación del Fútbol Argentino y Vittorio Rosti, jugador de rugby ex integrante de la selección juvenil de Argentina, también conocida como Pumitas; entre otros. Más información: <a href="https://www.instagram.com/cienporcientodiversidad/?hl=es-la" target="_blank">Intagram</a> o <a href="https://twitter.com/cienporcientodd#:~:text=100%25%20diversidad%20y%20derechos%20(%40cienporcientodd)%20%7C%20Twitter" target="_blank">Twitter.</a></p><h2>Sobre este proyecto</h2><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/">serie sobre diversidad sexual y de género</a> que LA NACION publica desde 2020. Este año, el especial se propone poner el foco en el #MomentoOrgullo de las y los entrevistados, esas situaciones en las que pudieron romper barreras vinculadas a la aceptación de su orientación sexual o identidad de género. El objetivo es a través de historias continuar concientizando sobre algunos de los principales prejuicios entorno a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados y se basan en el desconocimiento, desnaturalizar las violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo y, por sobre todo, contribuir a visibilizar la diversidad que nos enriquece como sociedad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/B3CDZ2ROVFDCPJEI2R2HHUC66E.jpg?auth=b6db6cb40e198440de95724faad657e4b4ef249e511fa0e842e9c1e2a7b11d32&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Maca Sánchez]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Feda Baeza, directora del Palais de Glace: “La posibilidad de expresarme llegó junto a la estabilidad laboral”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/feda-baeza-directora-del-palais-de-glace-la-posibilidad-de-expresarme-llego-junto-a-la-estabilidad-nid19062021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/feda-baeza-directora-del-palais-de-glace-la-posibilidad-de-expresarme-llego-junto-a-la-estabilidad-nid19062021/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description>#MomentoOrgullo. Feda Baeza inició su transición como mujer trans hace un año,  al poco tiempo de asumir como funcionaria; el momento en que firmó por primera vez un documento con su nombre autopercibido fue clave en ese camino </description><pubDate>Sat, 19 Jun 2021 03:01:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Febrero de 2021. Feda Baeza, directora del Palais de Glace, trabaja desde su departamento en la nueva rutina impuesta por la pandemia. Detrás del escritorio, la ventana se abre a una Buenos Aires silenciosa, desértica. Frente a la computadora, está inmersa en la convocatoria a unos premios para artistas visuales, mujeres y personas de la comunidad LGBT+, que lanzarán desde el emblemático museo en una fecha próxima y también emblemática: el 8M. Beba, su gata negra, la merodea con insistencia felina.</p><p><b>Le toca poner su firma.</b> Cerrar el documento virtual con “el gancho” que le dará vida institucional. Duda. Cuando asumió su cargo al frente del Palacio Nacional de las Artes, el 1 de abril de 2020, Feda −historiadora del arte, curadora y profesora universitaria− usaba, en el ámbito académico y laboral, el nombre de varón que aún aparece en su DNI.<b> Su transición como mujer trans comenzó hace poco más de un año, luego de su nombramiento en el museo.</b> Ese día de febrero, algo le dijo que era el momento y puso las cuatro letras: F-E-D-A.</p><p>“Fue la primera vez que firmé así. En verdad, lo venía haciendo desde hacía seis o siete meses de forma esporádica y en instancias menores, pero a veces tenía vergüenza y en algunos ámbitos sentía que tenía que firmar con el nombre de mi DNI. Hasta que en ese momento <b>dije basta, es esta la firma y este el nombre</b>. A partir de ahí, me animé a cambiarlo definitivamente de todas las firmas de los mails”, cuenta hoy la funcionaria.</p><p>Sostener un nombre que no la representaba, le incomodaba. “En ese sentido, <b>firmar como realmente me siento fue liberador</b>. La firma es la constitución de algo distintivo, público, la marca en el sentido de una grafía que identifica a una persona. El poder exhibir eso me pareció fundamental”, agrega.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/PUHB3J4BHVG53CIRCBSQX26UXA.JPG?auth=e19fb48194107811d899178f5f46d2760735bf67b42a74fe0b4a7fb009c78cd5&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Feda Baeza tiene 42 años, es historiadora del arte y curadora. En abril de 2020, asumió su cargo en el museo y poco después empezó su transición. " height="1333" width="2000"/><p>En el <b>Mes del Orgullo LGBT+ </b>y consultada por LA NACION acerca de cuál considera que fue el momento en el que pasó de los temores a la aceptación, de los prejuicios –propios y ajenos– al abrazo de sí misma, la directora del Palais de Glace elige esa tarde de verano. En un papel, con el garabato más o menos legible en que plantamos nuestra iniciales, nombre o apellido; o de forma virtual, con las letras que en el teclado pierden la magia del pulso y la caligrafía propia, pero que aún así nos siguen definiendo, firmar es un acto tan cotidiano como constitutivo de quiénes somos. Y Feda lo sintió así. <b>Ese fue su “momento orgullo”.</b></p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/MAL5MDCIQBAMBILEOIA5IJBFMM.JPG?auth=d773d9f3e146714d13feb9dffe9b5244ad65a6c3efa8e58024489e21ee0859c3&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Feda firma una hoja sobre el escritorio de su despacho en el Palais de Glace, que transitoriamente está funcionando en la Manzana de las Luces. " height="1333" width="2000"/><p>Pero el camino para ser Feda empezó antes y estuvo atado, en buena parte, a su desembarco como funcionaria. Para ella, ser una mujer trans y estar en el ojo de la escena pública implica una gran responsabilidad: <b>la posibilidad de tender un puente</b> entre la diversidad de formas de ser y sentir, y aquellas personas a quien les cuesta entender (y respetar) que eso no solo es posible, sino también un derecho fundamental. Subraya un punto clave: el mundo laboral sigue siendo uno de los principales espacios de exclusión para la población travesti y trans, y <b>la ley de cupo </b>−<b>que ya cuenta con media sanción en Diputados</b>−<b> es una de las deudas más urgentes.</b></p><h1>Sentirse acompañada</h1><p>Como el edificio del Palais está siendo reformado, el museo se mudó temporalmente con toda su colección a la Manzana de las Luces. La oficina de Feda es un espacio con una luz cálida, cubierto en madera. Pero esta entrevista la hace a través de Zoom, desde su departamento. Para hablar, utiliza de forma espontánea el lenguaje inclusivo, con esa “e” que busca romper con el binarismo y los mandatos de género que a ella le pesaron desde chica. <b>“</b>Lo que tiene ser trans es que es algo que no podés dejar en segundo plano frente a la mirada de les otres. Es una existencia pública que no puede ser negada”, dice.</p><p>Se acuerda de cuando empezó a ver videitos de Tik Tok para explorar transiciones ajenas, una forma de sentirse acompañada por las experiencias de otras mujeres trans en la soledad impuesta por la cuarentena. En la pantalla de su celular, escuchaba los relatos de quienes compartían sus desafíos en ese camino: cómo había sido cambiar sus pronombres (por ejemplo, de “él” a “ella”), asumir un nuevo nombre o incluso embarcarse en cambios físicos a través de tratamientos médicos como terapias hormonales.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/EPL2I45RPZDZ3EAT3NLGHL7DGY.JPG?auth=0f9f2f8d3789a0ada7745542811d45a901bd2ca30358fe76edefeba27ef3e2d5&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Feda, en su oficina del Palais." height="1333" width="2000"/><p>En ese trayecto de empezar “a mostrarse públicamente” como una mujer trans, uno de los principales desafíos fue cuando, al poco tiempo de asumir como directora, tuvo que grabar un video donde por primera vez se vio su “imagen en movimiento”. No lo hizo sola, sino acompañada por parte de su equipo (que fue un apoyo fundamental) como Marlene Wayar, psicóloga social y activista trans. <b>“Fue sentirme parte de un colectivo,</b> poder ver mi historia, que tiene sus particularidades dentro de la pluralidad que hay en el colectivo trans, y poner la cara presentándome públicamente sabiendo que iba a estar expuesta a muchísimas miradas, porque ya no era un ámbito cercano: no eran mis amigues o mi familia, era gente que tal vez por primera vez se enteraba que había una persona trans dirigiendo el museo”, recuerda.</p><p>***</p><p>Feda tiene 42 años y se crio en el barrio porteño de Agronomía. De chica, sentía que no podía cumplir con todos esos ritos de masculinidad que van desde jugar al fútbol como un imperativo hasta usar ropa “de nene”. Había algo (o mucho) de todo eso que sentía forzado, ajeno, incómodo. Sobre todo en la secundaria, donde esas exigencias se volvieron extremadamente pesadas. Su adolescencia transcurrió en los 90 y los edictos policiales (que perseguían a las mujeres trans entre otras identidades dentro de la población LGBT+) seguían activos. “Era una realidad muy distinta a la de ahora”, recuerda Feda.</p><p>Con dos hermanos menores del primer matrimonio de sus padres (tiene otro con bastante diferencia de edad por parte de su papá), creció entre varones. La suya era una familia “en algún modo progresista, setentista”, pero también con una educación “bastante católica”. “De niña y adolescente preguntaba, por ejemplo, lo que implicaba ser homosexual y si bien mi familia no era tan conservadora, sí estaba el tópico tan recurrente de: <b>‘Bueno, no es que esté mal, pero son vidas difíciles’.</b> Ese horizonte siempre estaba presente discursivamente”, cuenta.</p><p><b>¿Cómo vivió tu familia tu transición?</b></p><p>La recepción fue muy buena y la verdad es que yo ya estaba parada desde otro lugar: era una persona con una vida bastante constituida, con un trabajo, con cosas resueltas. Obviamente, es otro modo de pararse y también es otro momento de mis xadres, por ejemplo. Si bien uno piensa: “personas tan grandes, de otra generación, cómo lo pueden tomar…”. La verdad es que en este caso fue muy bien, no me sentí para nada expulsada o rechazada. Y lo mismo con mis hermanos. Puede haber más o menos perplejidad, más o menos preguntas, pero en general me sentí muy acompañada por mi entorno familiar. Es una historia diferente a la de muchas personas trans. En ese sentido, soy una privilegiada.</p><p>***</p><p><b>No hay una sola forma de ser trans. </b>Como no hay una única forma de ser en general. Si bien muchas personas recuerdan el descubrimiento de su identidad, con plena conciencia, en su primera infancia, otras, como Feda, no. “Yo tenía una relación acomplejada con mi cuerpo, los cambios de la adolescencia fueron difíciles para mí, pero no sentía que estaba en otro cuerpo. Sí tenía un interés y atractivo por el mundo de la feminidad. Vivía con una tía que era como mi hermana mayor cuando yo tenía unos 13 años. Dentro de ese horizonte familiar en que todos éramos supuestamente varones, ella era como un punto de fuga a otra cosa”, reconstruye Feda.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/DVK43VFHFVF7LOMW3UMNGLA2V4.JPG?auth=035959b5c854edeb3c1c22937ed2d137d6610d19e7635ec7f380fc4cf4c9e3e3&smart=true&width=2000&height=1333" alt="De chica, Feda sentía que no podía cumplir con todos esos ritos de masculinidad que imponen los estereotipos de género. " height="1333" width="2000"/><p><b>¿Cómo eras de chica?</b></p><p>La verdad es que era una persona superacomplejada, tanto en la primaria como en la secundaria. Me costaba socializar. Si bien tenía amigues, el primer beso, todas esas cosas, me pasaron muy tarde. Yo soy una persona en la que la identidad de género o la sexualidad de la otra persona que me pueda atraer me es indiferente. Pero poder ser consciente de eso me llevó un tiempo, no fue tan sencillo. Durante 20 años estuve en pareja con una chica que conocí en la universidad. Conecté afectivamente, me enamoré y dije: “Mi camino es por acá”. Mi compromiso afectivo con esa pareja en algún punto me dificultaba indagar más profundamente en mí. Me separé como a los 40 años y mi transición fue posterior porque es algo que yo pude ir entendiendo después de esa relación, de a poco.</p><p>**</p><h1>Identidad en construcción</h1><p>El camino de Feda empezó de a poco. Fue una exploración en la que buscó “ir haciendo pie”, indagando en qué y cómo se sentía cómoda. Cuenta que arrancó de un “modo amateur”, introduciéndose en la práctica <i>drag</i>. “Empecé a ir a fiestas y a boliches y a sentir en un momento que ese personaje, que esa identidad, se iba construyendo. Porque también es algo interesante de pensar: la identidad no es solo algo que está ahí y debe ser develado, sino que hay también un proceso constructivo con dudas, incertezas, tanteos, replanteos, donde te vas guiando por el placer, en qué punto te estás sintiendo cómoda y qué pasos querés ir dando”, subraya.</p><p><b>¿Cuál fue el impacto de ese proceso de construcción de tu identidad en el ámbito académico y laboral en el que te movés?</b></p><p>En mi vida laboral, yo creo que la transición me ayudó mucho como conocimiento personal, empezando por el poder establecer otros vínculos con las personas. Suena como un lugar común, pero me abrió otras posibilidades de empatía no sólo con respecto al género sino también frente a otros grupos vulnerados en el acceso a derechos. Me resultó más claro cómo es la mirada pública, qué es lo que puede sentir alguien que está siendo mirado de un modo incisivo o siendo sancionado por esa mirada, y esa es una experiencia que se puede tener con el género pero que también abarca a otras poblaciones a las que hacen sentir que están en lugares que no les corresponden. A mí, abrazar la condición trans me permitió mejorar mi capacidad de escucha, de interrelación y de empatizar más con esa vulneración de derechos.</p><p><b>¿Sentiste la mirada prejuiciosa de los demás en algún momento?</b></p><p>El ámbito académico se me alejó un poco en el pasillo. El ámbito del arte obviamente es más amable que otros y no me resultó difícil, pero igual no deja de observarse que la gente aún en espacios así a veces se muestra un poco más deconstruida de lo que realmente tiene la posibilidad de ser. En el museo se generó un nivel de intimidad y cercanía muy lindo con la gente con la que trabajo habitualmente. Creo que tampoco me quedaba otra: yo fui y me mostré tal cual soy y eso la gente lo valora. Por otro lado, si a alguien le cuesta usar mi pronombre o me dice por el nombre anterior, no me ofendo, porque sé con qué voluntad las cosas están dichas. Creo que la misión de las personas que tenemos acceso a voz pública no es tanto pelearnos sino tender puentes. Aunque a veces hay modos de preguntar, de decir, en los que se muestra una dificultad para entender... Pero bueno, eso se va trabajando.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/QF533JGXTVDFNBVMGBVWNDYS5E.JPG?auth=b33fda41eca5fff8d592af84576fc11018dff1e0117b56f6f3748ee2dc315a64&smart=true&width=2000&height=1333" alt=""La identidad no es solo algo que está ahí y debe ser develado, sino que hay también un proceso constructivo con dudas, incertezas y tanteos", reflexiona Feda. " height="1333" width="2000"/><p><b>Habías tenido la oportunidad de acceder a una educación universitaria y tenías una larga trayectoria, pero aún así sentiste que no podías dar el paso hasta no estar segura en lo laboral. ¿El temor a la exclusión, estaba?</b></p><p>Y sí. Hace diez años no sé cómo hubiese sido mi vida si hubiese querido realmente avanzar o hubiese entendido antes algunas cosas de mí misma. No sé realmente cómo hubiesen reaccionado en los espacios donde trabajé. Esas condiciones materiales afectan mucho. En los últimos años, los cambios fueron muy acelerados afortunadamente. Hoy siento la responsabilidad de empezar a normalizar que las personas trans ocupamos distintos lugares y que podemos asumir espacios de decisión. Estamos en plena lucha para que el cupo laboral trans se haga efectivo y las dificultades para el acceso a la educación y al empleo formal dentro de la comunidad, claramente no son visibles por la opinión pública en general.</p><h4>Sobre este proyecto</h4><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/">serie sobre diversidad sexual y de género</a> que LA NACION publica desde 2020. Este año, el especial se propone poner el foco en el #MomentoOrgullo de las y los entrevistados, esas situaciones en las que pudieron romper barreras vinculadas a la aceptación de su orientación sexual o identidad de género. El objetivo es a través de historias continuar concientizando sobre algunos de los principales prejuicios entorno a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados y se basan en el desconocimiento, desnaturalizar las violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo y, por sobre todo, contribuir a visibilizar la diversidad que nos enriquece como sociedad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/N2B65LTUABHZLCOMMSEW6GYGUQ.jpg?auth=b68c2972002d7044e47ef4051386c01e7eeb28cbf3771d50916d75ee156332e3&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Feda Baeza, directora del Palais de Glace]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Facundo Imhoff y el día en que empezó a ser libre: “Cuando conté en el club que era gay, fui mucho más feliz”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/facundo-imhoff-y-el-dia-en-que-empezo-a-ser-libre-cuando-conte-en-el-club-que-era-gay-fui-mucho-mas-nid09062021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/facundo-imhoff-y-el-dia-en-que-empezo-a-ser-libre-cuando-conte-en-el-club-que-era-gay-fui-mucho-mas-nid09062021/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description>#MomentoOrgullo. Cuando el jugador de vóley profesional pudo hablar con sus compañeros de equipo, dejó atrás una doble vida que lo lastimaba; sin saberlo, marcó un precedente que iba a servir de inspiración para muchos otros deportistas </description><pubDate>Wed, 09 Jun 2021 03:03:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Comunidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Tenía 22 años. Rubio, más de 2 metros de alto, ojos almendrados, sonrisa contagiosa. En apariencia, se parecía mucho al de ahora. Pero cuando se piensa o se ve en las fotos de hace una década, al jugador de vóley profesional <b>Facundo Imhoff </b>le cuesta reconocerse. <b>Durante casi un año había sostenido una doble vida.</b> Y en ese aparentar ser alguien que no era, el desgaste fue enorme. “Para mí, <b>el verdadero Facu empieza a partir de la aceptación</b>”, asegura hoy. En ese entonces, no podía imaginar que iba a convertirse en el primer deportista hombre, de alta competencia y en actividad, <b>en contar públicamente que era gay</b>. Su historia iba a abrir las puertas de muchas otras, pero lo ignoraba. Faltaban un par de años para que integrara la selección masculina de vóley que ganó la medalla de Oro en los Juegos Panamericanos de Lima en 2019 y para que su nombre llegara a los medios del mundo y se volviera viral.</p><p><b>¿Cómo era ese “otro” Facundo? </b>Introvertido, reservado −“Nada que ver con lo que soy hoy”, aclara−, evitaba hablar de “ciertos temas”. “<b>Fingía ser heterosexual</b>, salía a los boliches con mis amigos y estaba con chicas para que ellos me vean, lo cual es tristísimo”, recuerda Facundo. En la cancha, <b>se lesionaba todo el tiempo</b> y su rendimiento en el Lomas Volley no era bueno. El cuerpo y la psiquis le estaban diciendo “basta”. “Pagué costos físicos y emocionales altísimos con el silencio y el ocultamiento”, asegura.</p><p><b>Cuando conoció a su primer novio, llegó el momento bisagra</b>. Al principio, la relación sucedía en la clandestinidad, en el secreto. “Parecía que estaba haciendo algo ilegal, era horrible. Por respeto a mi pareja, por respeto a mí mismo y por empezar a aceptar mi vida, decidí dar el paso”, recuerda Facundo. Los cambios llegaron rápidamente. “Después de blanquear que era gay, sobre todo en el ámbito deportivo, dejé de lesionarme y mi rendimiento deportivo se potenció. Mi cuerpo me lo agradeció y mejoró la relación con los otros jugadores, los equipos técnicos, con todos.<b> Se modificó completamente mi personalidad</b>”, dice Facundo. Esta semana y en el marco del <b>Mes del Orgullo</b>, el jugador publicó un video en su Instagram invitando a sus seguidores a reflexionar sobre cuántas veces reprimieron hacer algo que tenían ganas a causa de “la mirada de los demás”.</p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/tv/CPyOfXyD1S1/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:658px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/tv/CPyOfXyD1S1/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">View this post on Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; border-bottom: 2px solid transparent; transform: translateX(16px) translateY(-4px) rotate(30deg)"></div></div><div style="margin-left: auto;"> <div style=" width: 0px; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-right: 8px solid transparent; transform: translateY(16px);"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; flex-grow: 0; height: 12px; width: 16px; transform: translateY(-4px);"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 8px solid #F4F4F4; border-left: 8px solid transparent; transform: translateY(-4px) translateX(8px);"></div></div></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center; margin-bottom: 24px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 224px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 144px;"></div></div></a></div></blockquote><h1>Dar el paso</h1><p>Antes de hablar con otros, <b>aceptarse a él mismo fue el primer paso</b>. “Al principio obviamente hubo negación; cerrado, <b>pensaba: ‘No puede ser, yo no soy gay’</b>. Evidentemente, lo negué toda mi vida, tuve novia y hasta llegué a pensar que era impotente”, detalla Facundo. Los fantasmas sobre qué iba a pasar le pesaban. “La mirada del otro es durísima y cuesta”, subraya.</p><p>Hoy, cuando se le pide que piense en su <b>“momento orgullo”</b>, ese en que sintió que era hora de dejar atrás una doble vida que lo lastimaba, responde sin dudas que fue <b>cuando habló con sus entonces compañeros del Lomas Volley </b>(antes, lo había hecho con su familia). Ese día, como cualquier otro de entrenamiento, Facundo pasó a buscar en su auto a dos de sus entonces compañeros de equipo, Leonardo Patti y Nicolás Efrón. Los tres vivían en la ciudad de Buenos Aires, relativamente cerca, así que aprovechaban para viajar juntos hasta su club. Iban escuchando música cuando Facundo, que lo venía “maquinando” desde hacía un tiempo –“En algún momento me voy a animar”, se decía–, pudo hablar con ellos sobre su orientación sexual. Leonardo y Nicolás eran los compañeros más grandes y experimentados que tenía en el club y, aunque con otros había mayor confianza, se sintió contenido y <b>quiso que ellos fueran los primeros en saber que era gay.</b></p><p>Por dentro era una bola de nervios. “Estaba aterrado”, admite. ¿Cambiaría en algo su relación?, ¿cómo se lo tomarían? No recuerda con exactitud las palabras que usó, pero tampoco le parece importante. Lo que sí tiene grabado –y en eso hace hincapié– es el cómo lo contó: <b>sin solemnidades, sin preámbulos, sin dramatizar. </b>“Me inmolé. Las consecuencias en ese momento eran desconocidas para mí. Sentía que podía salir mal pero no podía no hacerlo”, dice mirando hacia atrás.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/KKGPPNCLC5F3VKTDMPXFKG67XQ.jpg?auth=dfb0d80a02f0e8b9184aa63bd00447ab26dedd9a20c24a3178e3ff45e184de80&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Facundo (con la camiseta número 15) junto a sus compañeros del Lomas, el equipo donde habló por primera vez de su orientación sexual a los 22 años, hace exactamente una década. " height="1333" width="2000"/><p>“<b>Venimos de muchas generaciones que lamentablemente lo cuentan y lo viven con culpa</b>. Desde el primer momento tuve en claro que quería compartirlo como algo positivo, que me cambió la vida para bien”, detalla Facundo. Y amplía: “Le saqué el peso de la salida del clóset. No les dije: ‘Tengo que decirles algo: soy gay’, como si me tuviesen que dar el pésame. Busqué ir completamente por otro lado: ‘Me está pasando esto, que es un motivo de alegría en mi vida. <b>Hoy soy mucho más feliz</b>’”. Las palabras de Leonardo y Nicolás tampoco las recuerda, pero sí cómo tomaron lo que él les estaba contando: “como algo supernatural”. No solo fueron dos grandes sostenes en ese momento, sino también una motivación para hablar con el resto de los jugadores. Está convencido de que la forma en que lo tomaron dirigentes y compañeros tuvo que ver justamente con cómo lo contó él. En un ámbito que sigue siendo uno de los bastiones fuertes del machismo (y donde el odio contra la diversidad suele ser expreso), puso sobre la mesa <b>un tema considerado tabú</b>.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/prejuicio-el-temor-de-mi-mama-era-que-yo-no-iba-a-poder-formar-una-familia-nid31102020/">Prejuicio. “El temor de mi mamá era que yo no iba a poder formar una familia”</a></p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/RREVURXSBJARXLYHDDM5YWZC2A.jpg?auth=c7797dc05bc53b9366cb0b6977205632bb84a1d1edd969bdce63b52c5dd877b7&smart=true&width=2000&height=1333" alt="En el United Volleys Frankfurt, equipo que a fines de febrero se consagró campeón de la Copa Alemana. En la final, Facundo fue reconocido como el MVP (la siglas en inglés de "most valuable player", el jugador más valioso)." height="1333" width="2000"/><h1><b>Amor de nona</b></h1><p>Facundo es oriundo de Franck, un puntito en el mapa a 25 kilómetros al oeste de Santa Fe donde viven 7000 personas. Para su mamá y papá no fue fácil aceptar que su hijo del medio era gay. “Uno al vivir en la ciudad por ahí no tiene idea, pero en el pueblo se conocen entre todos, se vive mucho de la apariencia, del qué dirán. Vendría a ser como un Instragram pero real, en vivo –cuenta Facundo–. Si para mí fue difícil entender que soy gay y soy de otra generación, ¿imaginate para ellos que siguen estando allá?”. Con su hermana menor y su hermano mayor, el vínculo se volvió más estrecho que nunca.<b> Una persona clave fue Doli, su nona</b>. “Cuando se los conté a mis papás fue una crisis, parecía que se había muerto alguien. Casualmente, después me bajaron las defensas y me enfermé”, recuerda el jugador.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/AHY7C6FSHZDMFOBKLSJU5KGOIM.jpg?auth=60840d38e14b4d6cd8aa099f94e4928dcb6c3993b1316f2ab223ce92f47a08c4&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Facundo es oriundo de Franck, un pequeño pueblo de Santa Fe. En la foto posa con su abuela, Doli, de 87 años, quien fue una de las primeras en aceptar su orientación sexual con total naturalidad  " height="1333" width="2000"/><p>Ahí estaba, volando de fiebre en la cama, cuando Doli entró a su cuarto:</p><p>–¿Por qué está llorando tu mamá?</p><p>–Porque le conté algo que no le gustó.</p><p>–¿Y qué le contaste?</p><p>–Que soy gay, que me gustan los chicos.</p><p>Doli no dijo nada. Se paró. “Uy, se lo tomó re mal”, pensó Facundo. Pero había ido a cerrar la puerta: “No nos escucha nadie, contáme todo”, le dijo volviendo a la cama.</p><p>–No va a cambiar nada, nona, simplemente me gustan los chicos. Voy a seguir siendo el mismo Facu que conocés.</p><p>–A bueno, ¿por qué tanto lío entonces?</p><p>“Me mató del amor. Es la definición del amor incondicional”, dice hoy Facundo.</p><p>En charla con LA NACION por videollamada desde Europa, sonríe cuando menciona su biografía de Wikipedia, que busca condensar en un párrafo su vida y exitosa carrera: “Es un jugador de voleibol argentino. Formó parte de la selección masculina del país. A nivel de clubes jugó para el Lomas Volley. En agosto de 2019 <b>contó públicamente que era gay</b>”. Cree que “ya llegará el momento en que la orientación sexual de una persona no sea ‘el’ tema”. Sin embargo, entiende que mientras tanto hay un paso fundamental, ineludible, que se debe seguir dando: <b>“hablar, hablar y hablar”</b>. Es el primer escalón que nos llevará a la naturalización. “¿O acaso en alguna biografía se aclara cuando una persona es heterosexual? Pero para llegar a eso tiene que haber un primer jugador que cuando entrás a Wikipedia diga que es gay”, plantea Facundo.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-frases-facundo-imhoff" id="lntools_generic-frases-facundo-imhoff" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-frases-facundo-imhoff/index.html"> </iframe> 
</p><p>En el ámbito deportivo, con el despegue de su rendimiento tras “sacarse esa mochila de encima”, de la selección nacional lo empezaron a convocar de otros equipos del exterior. Se acuerda de su paso por un equipo rumano, donde la temática era tabú. “Cuando llegué y conté que era gay me pusieron una distancia tremenda. Por ejemplo, <b>en el vestuario nadie se quería bañar ni cambiar cuando estaba yo</b>. Hacían toda una logística que no lo podía creer. Duró 15 días hasta que se dieron cuenta de que no les iba a hacer nada”, dice con humor. Pero los prejuicios se fueron cayendo. Al día de hoy, tiene varios amigos que le quedaron de esa liga. “Se volvieron pioneros y activistas, ahí me di cuenta de que en realidad había mucha ignorancia con respecto a este tema”, asegura Facundo.</p><p>A fines de febrero el último equipo del que formó parte, el United Volleys de Frankfurt, <b>se convirtió en campeón de la Copa Alemana </b>y él fue elegido MVP (la siglas en inglés de “most valuable player”, el jugador más valioso) en una inolvidable final.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/WTYPYPT3SFBPTD3V5ZVRUC5RPA.jpg?auth=28b926a18695ec49881ba0f6e7268903dbbf9f1a5ccf716b615cf8bc15016bbf&smart=true&width=2000&height=1333" alt="“Venimos de muchas generaciones que lamentablemente lo cuentan y lo viven con culpa. Desde el primer momento tuve en claro que quería compartirlo como algo bueno, positivo, que me cambió la vida para bien”, dice Facundo." height="1333" width="2000"/><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/papa-se-enamoro-lo-que-mas-miedo-me-daba-era-contarle-a-mis-hijos-que-era-gay-nid21102020/">Papá se enamoró. “Lo que más miedo me daba era contarle a mis hijos que era gay”</a></p><p>–<b>El cambio tarda, pero llega…</b></p><p>–A todos nos encantaría que el cambio sea de un día para el otro, pero bueno… La generación anterior no podía creer que hubiera gays. Nuestra generación ya no está pudiendo creer que no se naturalice que haya gays y las nuevas generaciones ya lo llevan de taquito. No tengo dudas de que así va a ser. A mí me hubiese encantando tener a algún jugador que haya salido del clóset antes que yo y que le haya ido bien. Me hubiese dado esperanzas y fuerzas para blanquearlo.</p><h1>Sobre este proyecto</h1><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/">serie sobre diversidad sexual y de género</a> que LA NACION publica desde 2020. Este año, el especial se propone poner el foco en el #MomentoOrgullo de los entrevistados, esas situaciones en las que pudieron romper barreras vinculadas a la aceptación de su orientación sexual o identidad de género. El objetivo es a través de historias continuar concientizando sobre algunos de los principales prejuicios entorno a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados y se basan en el desconocimiento, desnaturalizar las violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo y, por sobre todo, contribuir a visibilizar la diversidad que nos enriquece como sociedad.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/PC2M5OIG4VFP7AK4QDPCM2LI2U.jpg?auth=6e006adcde0642b130f76a449515d0d7c7a4c65cd2e5c694c2638ec687c96d20&amp;smart=true&amp;width=3000&amp;height=2000" type="image/jpeg" height="2000" width="3000"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Familias diversas: “¿Dos mamás? No, una mamá y una madrina”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/familias-diversas-dos-mamas-no-una-mama-y-una-madrina-nid19042021/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/familias-diversas-dos-mamas-no-una-mama-y-una-madrina-nid19042021/</guid><dc:creator><![CDATA[Verónica Dema]]></dc:creator><description>Luego de un tratamiento de fertilización asistida, nació Joaquín; Candela y Vanina fueron pareja, pero ahora conviven como amigas</description><pubDate>Tue, 20 Apr 2021 07:11:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Lifestyle]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>El color preferido de Candela es el verde. Lo viste, lo elige para el barbijo, la bufanda, la mochila. También se lo acerca a su hijo. Se rodea de verde: los parques y plazas son lugares favoritos para ella y su familia. El verde y los libros.</p><p>La combinación perfecta para María Candelaria Mejuto, Candela o Cande para sus conocidos, es recorrer las plazas con su pequeño Joaquín, de 5 años -a veces también se suma Vanina- y soltar libros, dejarlos en un banco, en una mesita o en un cantero para que otras personas los tomen, los lean y los vuelvan a soltar.</p><p>Esa tarde en Parque Centenario Joaco, como le dicen en la casa y en el Jardín, se puso a jugar con otro nene que paseaba con su papá.</p><p>- ¿Con quién estás vos?</p><p>- Con mi mamá y Vanina</p><p>- ¿Tenés dos mamás?</p><p>- ¿Dos mamás? No, tengo a mi mamá y a mi madrina</p><p>“Me morí de amor”, dice Candela cuando repasa ese diálogo infantil, una tarde de otoño en su barrio porteño de San Cristóbal, en la <a href="https://plazasdebuenosaires.com/plazoletaireneorlando.php" target=_blank>plazoleta Irene Orlando</a> donde también viene a soltar libros siempre que puede. Al lado de un señor que duerme en un banco acaba de dejar <i>Fuenteovejuna,</i> de Lope de Vega (editorial Kapeluz). Trae otros títulos de ficción como para seguir soltando.</p><p>En su cuenta de Instagram, <a href="https://www.instagram.com/paltaconhuevo42/" target=_blank><i>Palta con huevo 42,</i></a> se pueden ver fotos, videos y leer testimonios de los recorridos que siguen los libros. La idea que tuvo Joaquín fue sumarle adentro de cada ejemplar un dibujo hecho por él, con un cartelito que dice que si lo encontraste lo leas y lo vuelvas a dejar en el espacio público.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/ITVAENF5WND5RKTJSYQSC2LCNM.jpg?auth=93883c29570c261d2813ce0fdf8c7b82865969bff55eb9932c176602be6ce5f6&smart=true&width=788&height=606" alt="Cande, en una suelta de libros en una plazoleta del barrio de San Cristóbal" height="606" width="788"/><p>De corte carré, pelirroja, con algunas mechas rosadas, detrás del barbijo con dibujos de enredaderas se adivina una nariz pequeña; sus ojos son marrones, miel o verdosos, según cómo les llegue la luz. Habla y trae la energía de un aula, la calidez de un hogar también. “Soy maestra bibliotecaria”, dice. Primero estudió para ser maestra de Jardín de infantes, luego de adultos, después bibliotecaria y, por último, de primaria. “Siempre supe que lo mío eran los libros, un legado de mi papá, que era un gran narrador, pese a ganarse la vida como contable”, dice. “Y también supe que quería compartirlos con niños”.</p><p>Se formó durante años para que esas pasiones tramaran su vida. Hoy tiene dos cargos como bibliotecaria en colegios públicos de la ciudad de Buenos Aires y trabaja en proyectos con todos los grados para articular la lectura según las distintas edades.</p><p>Cuando a los doce años supo que le gustaban las chicas, su mamá –además de enojarse mucho- lo primero que le dijo fue que no iba a poder ser madre. “Tanto que te gustan los niños…”, le lanzó. Pero para Cande no existía esa traba. “¿Por qué no voy a poder ser madre? Yo sigo siendo mujer”, le respondió entonces. Después de eso ya no se preocupó por el tema, para la maternidad faltaba. Ella estaba en otra, recién descubría a Sandra Mihanovich y Celeste Carballo, de quienes sería fan. “Ahí empezó el destape”, dice, y se ríe. Se adivina una sonrisa grande, el barbijo se estira, se sube un poco. “Me acuerdo cómo se enojó mi mamá cuando mi papá me regaló el primer casete de Sandra y Celeste”.<a href="https://www.youtube.com/watch?v=6U7Jfwt4U2w&ab_channel=Javos69" target=_blank> Mujer contra mujer.</a></p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/la-pregunta-de-mirko-sobre-su-mama-que-dejo-a-marley-sin-palabras-nid13042021/">La pregunta de Mirko sobre su mamá, que dejó a Marley sin palabras</a></p><p>Un poco después Candela perdió a su mejor amiga. “Cuando le conté que me gustaban las chicas ella le preguntó a su mamá y andá a saber lo que le dijo, pero ella me terminó diciendo: ‘No puedo hablar más con vos porque seguimos caminos distintos’. Era una amiga, amiga”, dice. Repite lo que eran y pareciera que algo de aquello no se va a borrar nunca.</p><p>Otra de las amigas esenciales en su vida es Vanina –ese en realidad es su segundo nombre, y prefiere que su apellido no se publique. Se conocieron en un foro de citas hace unos doce o trece años, cuando aún no llegaban a los 30. Empezaron a salir, estuvieron de novias un par de años, pero una vez que se separaron como pareja siguieron siendo amigas.</p><p>Cuando a los 36 años Cande decidió empezar el tratamiento de fertilización asistida, Vanina estuvo desde el comienzo. Por cuestiones de la vida, cuando ella quedó embarazada su amiga no pudo seguir pagando el alquiler y ella le ofreció mudarse a su casa familiar. Hacía poco más de un año que había muerto su mamá –el papá de Cande había fallecido cuando ella era adolescente- y había lugar para las dos y, también, para recibir a Joaquín. “Le dije: ´Venite que nos acomodamos y después vemos´. Resulta que sigue en casa todavía”, dice, se ríe como si contara una travesura. Cuando nació Joaquín le ofreció ser la madrina. “Era la mejor persona para eso”, dice Cande. Esa es hoy la familia de ambas.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/PKNLMFQ7MFEJLFJ4FSHUOLHCYU.jpg?auth=84afe231bc6f60c23f6d845f38d792fcb802a3d33168a75b4cadfc63ac0f9a21&smart=true&width=1360&height=1121" alt="Joaquín suelta libros en el barrio de Recoleta" height="1121" width="1360"/><p>Vanina la acompañó en el proceso de fertilización, que no fue simple: trámites, estudios, demoras, pinchazos, más pinchazos. Cuando decidió ser madre, primero fue a su ginecóloga, que no le supo informar cómo era el tratamiento. Entonces se acercó a la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires (Osba), donde le anticiparon que por lo general se presenta un recurso de amparo. “Era todo complicado”, dice Cande, desacostumbrada a tratar con abogados.</p><p>Como no sabía cómo seguir se acercó a la Defensoría del Pueblo LGTB, donde Flavia Massenzio y su equipo la asesoraron. “Ahí empecé presionando y llamando permanentemente a la obra social hasta que se destrabó el trámite. Luego vino lo del centro de fertilidad, una instancia en la que también se enfrentó con trabas y le costó que le autorizaran un turno. “Siempre te hacen sentir que si sos una mujer sola mejor no sigas adelante. Un poco por eso y otro porque la obra social prefiere impedirlo, claramente, no hacerse cargo”, dice.</p><p>Cuenta que se hizo una serie de estudios, que se vencieron por la tardanza de los papeles que habilitaban el proceso. “Fue una batalla de esperar y luchar, hasta que finalmente me pude hacer de vuelta los estudios, presentarlos y ahí empezó realmente todo lo que vino”.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/a-no-engancharse-comprender-y-hablar-con-el-adolescente-nid31032021/">¡A no engancharse! Comprender y hablar con el adolescente</a></p><p>Cuando dice todo, habla de un tratamiento de alta complejidad: fecundación in vitro (FIV). Consiste en la unión del óvulo y el espermatozoide en un laboratorio; es decir, la fecundación se hace fuera del cuerpo de la mujer y luego se introduce.</p><p>Vanina está frente a la computadora. Desde allí trabaja como diseñadora gráfica y también es un espacio de juego con Joaquín. “Somos compinches. A veces, Cande nos dice que es como si tuviera dos hijos”, se ríe, al otro lado del teléfono. Ella describe las bondades del <i>Minecraft,</i> un juego de bloques con el que se entretienen ambos y que, según Vanina, es positivo en el desarrollo de Joaco. “Lo veo jugar con los bloques de verdad: antes era una cosa, desde que juega con <i>Minecraft</i> es otra, siento que impacta muy bien en su desarrollo”. Fan de la tecnología, no es de las que piensa que todo en la época pasada fue mejor.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/IOD5WFGGXFAW7IAFFKVLN6LUBU.jpg?auth=83db18db936fe56ac7ad82205439f3ee535275141d196b52e6b151c6c2562914&smart=true&width=1360&height=1357" alt="Joaquín acostumbra a salir con su mamá a dejar libros sueltos para que otras personas los lleven" height="1357" width="1360"/><p>“Es la persona por la que haría cualquier cosa. Es raro porque hace cinco años no existía”, dice y se ríe, parece feliz de ese vínculo de madrina, tía, amiga que tiene con Joaquín. “Es el amor más puro, el que no se va a acabar nunca. No sé cómo es ser madre, descarté la idea. Ser madrina es otra cosa, con una responsabilidad distinta”, dice.</p><p>Con entusiasmo y algo de sorpresa agrega: “Ya se le pegaron varias cosas mías con esta corta edad. Sin duda, hago parte de la crianza, está mucho conmigo y le interesa lo que yo digo”. Aunque aclara: “A la última palabra siempre la da la madre”. Con Cande y Joaquín siente que encontró su rol en esta familia elegida.</p><p>Marcelo Bruno es el compadre de Vanina. Como padrino de Joaco también está atento en la crianza. Si bien no está presente en lo cotidiano, como llevarlo y traerlo de la escuela o al médico, por su ocupación full time –dirige las escuelas primarias del gobierno de la Ciudad- sí es una persona de consulta permanente para Candela.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/politica/la-educacion-en-un-pais-pobre-un-conflicto-estrategico-nid20042021/">La educación en un país pobre: un conflicto estratégico</a></p><p>“Yo no soy un padrino baboso, soy más como un padrino espiritual”, dice, en una videollamada por WhatsApp desde el bar de su oficina. “Hablamos todos los días con Cande, ella me va contando cosas y yo le digo: me parece que acá tenés que enfocar por este lado, manejate por acá, o fijate que esto no me gusta cómo lo están llevando. Intento ayudar en la educación de Joaco”. La empatía entre ellos surgió de compartir el amor por la docencia: hace años Marcelo fue profesor de Candela.</p><p>Alguien se acerca y le recuerda una reunión. Su día es así, de “correr y correr”. Y cree que, en parte para crecer en su trabajo y también por los prejuicios con la homosexualidad no concretó su deseo de ser padre. Ahora, con 56 años, ya se siente más abuelo que papá. Con sus dedos llenos de anillos, que bailan en el aire al compás de sus gestos, dice que cuando llevó a terapia, hace más de 20 años, su deseo de paternar su psicóloga le dijo que si su “elección” era ser gay esa opción quedaba descartada.</p><p>“Viste que uno se guía por los psicólogos”, se justifica. Por ese entonces le había propuesto a su pareja adoptar, pero no tuvo buena recepción tampoco y dejó el tema a un lado. “Se me fue el tren de la paternidad, pero tengo ahijados”, dice. Además de Joaquín es padrino de su sobrina, que estudia psicología y lo tiene como tío, padrino, referente.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/por-primera-vez-una-trieja-de-hombres-figura-legalmente-como-padres-de-un-nino-nid20022021/">Por primera vez, una trieja de hombres figura legalmente como padres de un niño</a></p><p>“Te vas a reír, pero adopté un perro hace un año y pico. Y ahora le traje la hermana. Y me está volviendo loco la hermana. Ahora entiendo lo que es tener pibes”, dice, se ríe a carcajadas. Entonces vuelven a acercarse para recordarle que lo esperan en la reunión. Saluda y dice que queda disponible para cuando se lo necesite.</p><p>“Está súper presente. Marcelo es mi mentor”, define Cande a su amigo, padrino de su hijo. Ese nombre de varón resalta en una comunidad de mujeres –docentes, en su mayoría- que la ayudan en la crianza: a Vanina, le siguen Silvia, Luján, Graciela, Gabriela e Isabel. También cita las enseñanzas de su madre, a quien no evoca por su nombre. Una especie de matriarcado que abraza esa crianza amorosa, consciente, presente que lo contiene a Joaquín.</p><p>Es mediados de abril y Cande cumple años. Lo celebra con un sorteo de libros en Instagram y con una visita a un pelotero donde ella, su hijo y la madrina juegan como en la infancia.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/FBAYCC2CGZHERO22BYVGECJGBY.jpg?auth=c501e77f037b01236806e0a5ed73185afe48f2de8ea0ce896edd0f64835a8f59&amp;smart=true&amp;width=1360&amp;height=914" type="image/jpeg" height="914" width="1360"><media:description type="plain"><![CDATA[Cande, Vanina, Marcelo y Joaquín, en una plaza de juegos en la ciudad de Buenos Aires]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Gentileza Candela Mejuto </media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“Lo más difícil fue que entendieran que podían gustarme todos los géneros”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/lo-mas-dificil-fue-que-entendieran-que-podian-gustarme-todos-los-generos-nid14112020/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/lo-mas-dificil-fue-que-entendieran-que-podian-gustarme-todos-los-generos-nid14112020/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description/><pubDate>Sat, 14 Nov 2020 04:58:03 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Kar Brett estaba de novia con un chico cuando empezó a sentirse atraída por una profesora de la secundaria. Intentaba buscarle una explicación a ese “amor platónico” que no compartió con nadie, salvo con el diario íntimo al que no podía sacarle los ojos de encima en una casa con tres hermanos varones. En esas páginas, le fue poniendo nombres: “cariño”, “obsesión”. <b> </b>Por supuesto, la <b>palabra bisexual no tenía lugar </b>ni en su escuela de Caseros, en Tres de Febrero, y menos en su familia, con una educación “muy conservadora”: su papá, pastor evangelista, y su mamá, criada en el campo. Las opciones conocidas vinculadas a la orientación sexual se reducían a dos: heterosexual u homosexual.</p><p>Hablar con su familia de su orientación sexual fue “un escándalo”. Al principio, les dijo que le gustaban los varones y las mujeres. “No les dije todos los géneros de una porque ya era demasiado. <b>No entendían nada</b>: si les estaba diciendo que era lesbiana o si estaba pasando por un momento de transición, una etapa”, cuenta. A la que más le costó fue a su mamá. Se sentía confundida, angustiada, y durante mucho tiempo no podía mirar a su hija a los ojos. Eso para Kar era lo más duro. “¿Por qué no decís que sos lesbiana?, <b>¿por qué la hacés tan complicada?</b>”, le preguntaba. Como hacía tiempo que su hija no se depilaba, pensó también que podía ser un varón trans. “Tuvimos varias charlas. Yo le contestaba todas las preguntas porque entendía que para ella era un mundo nuevo y si quería que me entendiese, tenía que explicarle. Mi vieja me logró aceptar cuando conoció a mi compañera de ese momento, que era muy dulce y le cayó re bien. Ahí pudo comprender que yo estaba enamorada de una persona”, señala Kar.</p><p>La bisexualidad es la potencialidad de una persona de sentirse atraída sexual o afectivamente hacia <b>otras de distintos géneros</b>. “Les bisexuales no hablamos de dos géneros sino que nos manejamos en un espectro y entendemos nuestra sexualidad y deseo como<b> dinámicos</b>”, explica Kar. El tema fue que cuando era una adolescente <b>no tenía la información</b> para entender qué era lo que le pasaba. "Lo que hice fue pensar que mi relación con ese pibe, del que estaba enamorada, era lo normal y el resto estaba mal: <b>pensé que estaba enferma</b>. Es horrible y muy frustrante cuando algo te está pasando y no le podés poner nombre. No sabía que la bisexualidad era una opción legítima para mí”, recuerda Kar. Hoy tiene 31 años, vive en Lomas del Mirador con Dania D’ovidio, su pareja, y milita en el colectivo feminista<a href="https://www.instagram.com/malajuntacaba/?igshid=1stc92lutokfh" target=_blank> Mala Junta CABA.</a></p><p>Con su papá el proceso fue distinto, un “acuerdo implícito” en el que no hizo falta ahondar demasiado. Kar sabe que hablar abiertamente del tema, “le incomodaría un montón”. Cada tanto, él le dice: “Estoy orgulloso de tu vida”. Si bien por ahora tienen ese pacto, ella no descarta que vaya cambiando. “Lo importante –dice– es que me acepta”.</p><p>Uno de sus hermanos mayores le dijo: <b>“Te quiero igual”</b>, dándole a entender que algo estaba mal, pero que igual la bancaba. Con el tiempo, Kar fue hablándoles de la atracción hacia otras identidades (como personas trans, por ejemplo). “La misma información que me faltó a mí cuando era chica, les faltaba a ellos. Hoy en día ya es distinto, cambió el vínculo, voy con mi compañera a los asados y tenemos otra relación. Pero costó”, detalla Kar.</p><h1><b>Otra generación</b></h1><p>Gracias al acceso a la información y a la educación sexual integral (ESI), Kar ve que las nuevas generaciones viven la bisexualidad de una manera totalmente distinta. “<b>Sin problematizar, sin patologizar. </b>Como una opción más”, enfatiza.<b> </b>Así fue para Valeria López, que tiene 20 años y estudia licenciatura en Psicomotricidad en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. “No fue que tuve un proceso interno de pensarlo mucho y en el que dije: ‘Algo está pasando’, sino que fue como más natural. Me pasó en 2º o 3º año del colegio que no solo me gustaban los chicos. <b>Lo asumí y listo</b>. No fue algo muy grande para mí”, cuenta Valeria, que vive en Villa Luro con sus papás y su hermana de 24 años, y el año pasado pasado empezó a militar en Mala Junta CABA.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/IDBAGI26WFASRIFL63IXW77KKQ.jpg?auth=565e959fdff0151df7b5a5b560675284daffee0b5f12efbc0512a6ce371d2cb2&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Valeria en su casa de Villa Luro; tiene 20 años y desde el año pasado integra Mala Junta CABA" height="1333" width="2000"/><p>Sin embargo, entiende que cada persona vive ese proceso de una manera distinta. “Lo que estaría bueno es no tener esa presión de salir del clóset que no es solo externa, sino que también interna, porque en tu cabeza también carburan esas cosas. Que nos podamos guiar cada vez más por nuestros deseos y sentimientos”, agrega Valeria. En su caso, la forma en que asumió su bisexualidad “sin revuelos” vino de la mano un circulo de amigas y amigos con los que nunca hizo falta tener una conversación solemne ni decir: “Che, soy bisexual”. No fue necesaria ninguna aclaración. “Creo que eso me ayudó un montón. Es algo que vivo muy tranquila y cuando conozco a alguien nuevo lo digo con orgullo. Pero entiendo que para algunas personas puede generar impacto”, dice la joven.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-frases-bisexualidad" id="lntools_generic-frases-bisexualidad" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-frases-bisexualidad/index.html"> </iframe> </p><p>Kar y Valeria coinciden en que hay un montón de mitos y prejuicios asociados a la bisexualidad. La violencia es una realidad cotidiana. Aunque a Valeria no le tocó de cerca, Kar la experimentó, por ejemplo, en amenazas en un trabajo.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/las-seis-frases-que-las-personas-bisexuales-estan-cansadas-de-escuchar-nid13112020/">Las seis frases que las personas bisexuales están cansadas de escuchar</a></p><p>Al primero al que Kar le habló de su orientación sexual, a los 23 años, fue a su novio de entonces, con el que convivía. Eran la típica parejita cuyas familias compartían vacaciones y todo el mundo le ponía fichas al casamiento. “Me empezaron a pasar un montón de cosas con una compañera de trabajo y se lo tuve contar. Con mucha culpa, Le dije: ‘Gordo, te amo, pero me di cuenta que estoy enamorada de otra mujer’. Me dijo que estaba bien, que probemos abrir la pareja, que eso existía. Así que conocí la bisexualidad y<b> el poliamor</b> casi en el mismo momento”, cuenta Kar.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/ZTXTQEMBMBDGJMJOP4UF5LIAVQ.jpg?auth=26b8ba35ba3f31fe8729d5a62148ef178fb425a489c251b29eebb73352b59dd3&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Kar (izquierda) y Dania en su casa de Lomas del Mirador. Kar es bisexual y Dania, su pareja, lesbiana." height="1333" width="2000"/><p>El activismo, el asumir la bisexualidad “como una identidad política”, fue para ella clave. "Muchas veces nos preguntan si la etiqueta no nos limita, pero tiene que ver con cómo te paras frente al mundo para pedir por tus derechos. Nombrarse con orgullo es empoderador porque te parás desde otro lugar, <b>no como individuo sino como colectivo</b>, que es mucho más fuerte –dice– Implica dejar de lado la vergüenza, el estigma, el clóset, el avergonzándote o excusarte como si estuvieras haciendo algo malo”.</p><p>Valeria coincide. Agrega que la visibilidad abre la puerta a la bisexualidad como posibilidad, algo que muchas veces no ocurre, por ejemplo, en espacios como los consultorios médicos. “Me pasó que siempre que fui a la ginecóloga asumía que yo estaba solamente con chicos. Todo lo que yo quería averiguar si quería estar con otras personas, tenía buscarlo aparte. Visibilizar implica también que haya respuestas en el sistema de salud”, señala.</p><p>Antes de dar esta nota a LA NACION, Valeria habló con sus padres sobre su orientación sexual. Lo quería hacer desde hacía tiempo y le pareció que era la mejor excusa. Su hermana Diana fue un apoyo clave. “Pensé que era un puntapié porque siempre tuve ganas de hablarlo con ellos pero me costaba un montón y sabía que su reacción iba a ser como: ¡uf!, un baldazo de agua fría", cuenta. Y concluye: "Me dijeron que no les iba a ser fácil y los entiendo. Tienen temor de que no sea feliz o no pueda tener una relación estable. Es como todo <b>un camino nuevo para mi familia </b>que empieza ahora”.</p><h1>Más información</h1><p><a href="https://instagram.com/malajuntacaba?igshid=1stc92lutokfh">Mala Junta CABA</a>: Es una organización de feminismo popular y disidente. Tienen una “línea violeta” donde asisten a víctimas de violencia.</p><p><a href="https://agenciapresentes.org/">Agencia Presentes</a>: Es una agencia de noticias que busca visibilizar las violencias contra las personas travestis, transexuales, transgéneros, lesbianas, gays, bisexuales, e intersex, pero también dar cuenta de las conquista del colectivo.</p><h1>Metodología. Cómo lo hicimos</h1><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/"><u>serie sobre diversidad sexual y de género</u></a> que publica LA NACION. El objetivo de este especial es visibilizar y concientizar sobre algunos de los principales prejuicios vinculados a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados en nuestra sociedad y son la base de violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo. El mismo cuenta con las voces de algunos de los principales referentes de la Argentina, así como también de testimonios en primera persona. Además de las entrevistas cualitativas, se realizó un análisis de datos estadísticos y una compilación de trabajos elaborados por distintas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil. Se buscó que las fuentes fueran representativas de las realidades territoriales y culturales del país, de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género que existen. El especial cuenta, además, con una producción audiovisual para acercar las voces e imágenes de los protagonistas, donde el foco está puesto en las historias de vida y en el rol de los vínculos afectivos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/GEBUSKFMTBAP5DKB7KBJFZQAKM.jpg?auth=ea4821e477f78fc54ea9dc8d299b9ed5084ba5f2199f2d320ec5a2a0b0d38448&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Kar Brett tiene 31años y cuando era una adolescente la falta de información hizo que la bisexualidad no fuese una opción para ella; en su familia, lo más difícil de entender fue que podía sentirse atraída no solo hacia varones y mujeres, sino también hacia otras identidades; hoy milita en la agrupación Mala Junta CABA]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Sanchez</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Ser intersex: “Tenemos que naturalizar la diversidad de los cuerpos”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/ser-intersex-tenemos-que-naturalizar-la-diversidad-de-los-cuerpos-nid07112020/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/ser-intersex-tenemos-que-naturalizar-la-diversidad-de-los-cuerpos-nid07112020/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description/><pubDate>Sun, 08 Nov 2020 00:15:08 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Tenía 13 años y esperaba lo mismo que muchas chicas de su edad: que le llegara por primera vez la menstruación. <b>“Me vino”</b>, contaban sus amigas y, ella, nada. La ansiedad la comía. Giuliana del Mar Rodríguez vivía entonces en el mismo lugar al que las vueltas de la vida la volvieron a llevar hoy: Pilar, una localidad de 20.000 habitantes a menos de 60 kilómetros de Córdoba capital. Con veranos supercalurosos y una plaza arbolada, conserva intacta su esencia de pueblo. Ahí se es “hijo o hija de”, “sobrino de tal”, “parentela de fulano”.</p><p>Llegó la tarde en que Daniela Reyna, la mamá de Giuliana, fue al cuarto de la mayor de sus tres hijas y se sentó en la cama. Prepararse para ese momento le había llevado meses de terapia. Le contó una parte –no toda– de lo poco que sabía desde que su Giuli tenía 8 años: que no tenía útero ni ovarios. “Estás sana, solo que no vas a poder menstruar ni quedar embarazada”, le dijo. Hubo llantos, abrazos y preguntas sin respuestas. Pasaron unos seis años más hasta que Giuliana escuchó por primera vez la palabra<b> intersex</b>.</p><p>“En ese momento e incluso hasta ahora, en la medicina se hablaba de síndrome. Pero la intersexualidad es una de las tantas formas de <b>diversidad corporal</b>”, explica Giuliana, de 28 años. Tiene una cara fresca, sin maquillaje, flequillo castaño, arito en la nariz, pecas, pestañas largas. Es profesora de teatro, actriz e integrante de la agrupación <a href="https://instagram.com/potenciaintersex?igshid=t2gelph1wycy" target=_blank>Potencia Intersex</a>. “Somos intersex porque nacimos con variaciones en nuestras características sexuales que no concuerdan con lo que tradicionalmente conocemos como femenino o masculino, con las nociones binarias y hegemónicas que se tiene sobre los cuerpos”, agrega.</p><p>Ese abanico de variaciones corporales –existen alrededor de 47–pueden darse a nivel de los genitales, las gónadas (testículos y ovarios), las hormonas o los cromosomas. Desde las agrupaciones intersex subrayan que cada 100 nacimientos, <b>entre una y dos personas</b> tienen características sexuales distintas. Su principal reclamo es “<b>la protección integral de las características sexuales,</b> la prohibición de las mutilaciones y el cese de la violencias hacia los derechos humanos”. Esos son los puntos centrales de un <a href="https://justiciaintersex.org/proyecto-de-ley-2/" target=_blank>proyecto de ley</a> que acaba de presentarse en la Cámara de Diputados. El mismo pone el foco en cómo “las personas intersex suelen ser sometidas sin su consentimiento a procedimientos de modificación corporal que no están justificados por necesidad médica”. Estas intervenciones, en general, se realizan durante los primeros años de vida y tienen consecuencias profundamente negativas.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/TCZFD36MFBETXG6B6E7TMPN33E.jpg?auth=32e45ab7a7f1f019cf80087a2ba8dbc09397bfa977acd628a292bf464ad2bfa1&smart=true&width=2000&height=1333" alt="A Giuliana, llegar al activismo y el empoderamiento le llevó años; hoy integra la agrupación Potencia Intersex" height="1333" width="2000"/><p>A Giuliana, sacudirse de encima los<b> prejuicios</b> y llegar al activismo, entender que romper con la violencia hacia las personas intersex y luchar por el reconocimiento de los derechos no era una cuestión individual sino colectiva, le llevó años. Cuando su mamá se lo contó, en su casa no había computadora ni Internet. Sin ningún tipo de información –excepto la que daban los médicos, que no era demasiada– <b>la soledad era enorme </b>y la incertidumbre más. “Mi mamá no podía llegar a entender bien qué era lo que me pasaba. Tampoco tuvo la posibilidad de intercambiar con otros padres o madres que estuvieran en una situación parecida. Yo <b>lo viví como un secreto</b> que pensé que me iba a llevar a la tumba. Dije: ‘Acá hay algo que no está bien, no se lo voy a contar a nadie’”, recuerda Giuliana.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/10-claves-para-entender-que-es-la-intersexualidad-nid07112020/">10 claves para entender qué es la intersexualidad </a></p><p>Tuvo por primera vez su historia clínica en las manos a los 19 años, un privilegio para una persona intersex, ya que muchas de sus historias son adulteradas o “se pierden” en la burocracia médica. Cuando llegó al mundo, nada en su apariencia indicaba que era una beba intersex. Recién a los 8 años un bulto en su ingle alertó a sus papás. Sin ecografía, lo médicos<b> la llevaron directo al quirófano</b>. Pensaban que era una hernia en un ovario. “¿Familiares de Rodríguez?”, preguntó el hombre de ambo blanco en la sala de espera. Los papás de Giuliana se acercaron. “¿Qué pasó doctor, está bien mi hija?”, se apresuró Daniela. “Sí, sí. Está bien, pero mire lo que le sacamos”. Extendió la mano y les mostró lo que Daniela recuerda como dos pequeñas bolsas unidas por una tripita. “Esto es la hernia y esto es un testículo atrofiado”, dijo el médico.</p><p>Para Daniela, que había parido a su primogénita a los 18 años y en ese momento tenía 26, fue “una cachetada”. Después vinieron la batería de estudios, las visitas a los consultorios. A Giuli la hacían esperar afuera. “Ahí empezó nuestra historia, su historia. Quería protegerla y no sabía cómo. Pensaba: ‘La sociedad está dividida en hombre o mujer,<b> ¿en cuál de las dos encaja ella?</b>’”, cuenta la madre.</p><p>Daniela dice que fue criada a la antigua. En su pueblo, ser mamá era el sueño de toda mujer. “Ese era mi principal miedo, pensar que a Giuli le quitaron esa posibilidad. Y también era mi enojo. Con el tiempo, ella me hizo ver otras cosas, porque su mente es mucho más abierta. Me dijo: ‘Si hubiese podido tener hijos, no sé si hubiese querido. Tengo miles de cosas para hacer’. Eso me cambió la mirada”, dice Daniela, que hoy tiene 46.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/VWYTCJWNABFYPKYHW4O4HJE5HU.jpg?auth=9a3975e142eb000896d671f0c2117c8e6d113623b5174c94ba97a6db73a90b79&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Giuliana con su mamá, Daniela Reyna" height="1333" width="2000"/><p>También estaba latente el temor a que su hija sea discriminada. <b>“</b>Hoy pienso totalmente distinto –advierte Daniela–. Tenía miedo de que no fuera a tener novio o que sus amigas no quisieran estar con ella si en el pueblo se sabía. Era la ignorancia de ese momento. <b>Nada de eso pasó</b>”.</p><h1><b>En busca de respuestas</b></h1><p>En una época en la que hablar de educación sexual integral (ESI) hubiese sonado a ciencia ficción, en la clase de biología mostraban “el aparato reproductor”. “Este es el de las mujeres. Este es el de los hombres”, decía la maestra enfrente del pizarrón. “Soy un monstruo, soy un bicho raro”, pensaba la Giuliana de ese entonces. La de hoy, reflexiona: “Hay un gran desconocimiento,<b> </b>una<b> invisibilización </b>que termina siendo violenta. Todavía tenemos que naturalizar la diversidad corporal”.</p><p>Tenía más de 20 años cuando buscando videos de ESI para sus alumnos, Giuliana encontró uno que le llamó la atención. Explicaba, primero, el sexo biológico desde un lugar binario. Luego, decía: “Pero también existe la intersexualidad”. “Fue como encontrar una pieza enorme que faltaba en un rompecabezas. Dije: ‘¿Qué? ¡Yo soy esto! Porque no concuerdo ni con todo lo femenino, ni con todo lo masculino. Mis cromosomas son XY, pero estoy desarrollada como una mujer. Claramente <b>estoy fuera de los conceptos binarios</b>’”, cuenta.</p><p>Llegó la tarde en que Giuliana fue a la casa de su mamá y le dijo: “Soy intersex”. Daniela se la quedó mirando: “¿Y eso, hija, qué vendría a ser?”. Claro, a ella le habían dicho que era un síndrome. Un tema tabú. Ahora, la perspectiva que le acercaba su hija era otra. “Giuli es la más hermosa, es luz, es amor. Si vieras mi cara cuando la escucho: es una cara de enamorada. Aprendo tanto de ella –dice Daniela–. Mi consejo para otros papás es que no se preocupen. Hay que informarnos, hay grupos, nos tenemos que acompañar. Estar unidos”.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/O7TSF5FAYNFQLEMJOXSJUDRRCQ.jpg?auth=942dffe4f05598e9d54abc434478fac7a59162d3d7eabd84da6282eac81b0b55&smart=true&width=2000&height=1333" alt="“Hay un gran desconocimiento, una invisibilización que termina siendo violenta. Todavía tenemos que naturalizar la diversidad corporal”, sostiene Giuliana." height="1333" width="2000"/><p>En Internet Giuliana dio con Mauro Cabral, referente a nivel internacional; y, hace más de un año atrás, conoció a Pauli, Maca y Vale, con quienes conformó la agrupación Potencia Intersex. “La medicina aún nos diagnostica con nombres de patologías. Se habla de aberraciones genéticas y realmente es muy grande el impacto que eso provoca. Lejos de poder ayudarte a buscar la autonomía corporal, que es una de las luchas que tenemos, te coloca en un lugar de enfermedad que te inhabilita. Es muy difícil salir de ahí para lograr un <b>empoderamiento </b>y poder hablar de esto sin sentir vergüenza o miedo”, dice Giuliana.</p><p>Hablar del tema en su familia llevó años, pero el nacimiento de otra beba intersex hizo que el tema “explotara”. “La mamá de la nena no entendía nada y mi abuela la calmó: ‘Tranquila, la Giuli tiene lo mismo’. Para esa mamá fue mágico, porque ahí dijo: ‘Bueno, entonces no pasa nada, porque la Giuli es sana, tiene una vida feliz y puede realizarse’. Se lo tomó desde otro lugar”, cuenta Giuliana.</p><p>Que la intersexualidad <b>se naturalice</b> es para ella clave y el primer paso para desarmar prejuicios. “Las variaciones sexuales en mi cuerpo no son visibles, pero esto no ocurre con todos los cuerpos intersex y hay muchas personas que por esto sufren discriminación, violencia y miedo”, señala Giuliana. Y admite que ella muchas veces no se siente preparada en ciertos lugares para decir “soy intersex” o hablar de su corporalidad. “El mundo todavía no está del todo preparado, se necesita mucha fuerza y unión para poder alzar la voz de esa forma”, concluye.</p><h1><b>Más información</b></h1><p>Red plurinacional intersex: está compuesta por las organizaciones que brindan información y asesoramiento.</p><p><a href="https://instagram.com/potenciaintersex?igshid=t2gelph1wycy" target=_blank>Potencia Intersex:</a> <a href="mailto:potenciaintersex@gmail.com">potenciaintersex@gmail.com</a></p><p><a href="https://justiciaintersex.org/" target=_blank>Justicia Intersex</a></p><p><a href="https://instagram.com/orquidea_intersexual?igshid=13xule6d8sjgn" target=_blank>Orquídea Intersexual</a></p><p><a href="https://instagram.com/noa_intersex?igshid=fpbiggq2lgb8" target=_blank>Noa Intersex</a></p><h1><b>Metodología. Cómo lo hicimos</b></h1><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/" target=_blank><u>serie sobre diversidad sexual y de género</u></a> que publicará LA NACION. El objetivo de este especial es visibilizar y concientizar sobre algunos de los principales prejuicios vinculados a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados en nuestra sociedad y son la base de violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo. El mismo cuenta con las voces de algunos de los principales referentes de la Argentina, así como también de testimonios en primera persona. Además de las entrevistas cualitativas, se realizó un análisis de datos estadísticos y una compilación de trabajos elaborados por distintas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil. Se buscó que las fuentes fueran representativas de las realidades territoriales y culturales del país, de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género que existen. El especial cuenta, además, con una producción audiovisual para acercar las voces e imágenes de los protagonistas, donde el foco está puesto en las historias de vida y en el rol de los vínculos afectivos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/ZSOWHVJXGNHGPMLC4QT5GH7HQQ.jpg?auth=43b988169aa5120d10365fab034c17b1a5f03c4bc9512f0c84a64129aab835ee&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[ARGENTINA, Pilar: Giuliana Del Mar, activista intersex posa para LA NACION en su casa de Pilar, Cordoba, el 4 de noviembre de 2020. LA NACION / Nicolas Aguilera// PEDIDO PARA COMUNIDAD - MARIA AYUSO]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Nicolas Aguilera</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“El principal prejuicio respecto a las personas no binarias es que no existimos”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/el-principal-prejuicio-respecto-personas-no-binarias-nid2454132/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/el-principal-prejuicio-respecto-personas-no-binarias-nid2454132/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description/><pubDate>Thu, 05 Nov 2020 13:31:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Comunidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Son las ocho de la noche, Mérida camina desde su trabajo en Recoleta a la pensión donde vive, en Palermo. Va pensando en sus mil pendientes cuando una mujer de más de 80 años, le grita desde la ventana de un edificio: “¡Señor, señor!”. No se da vuelta. Piensa que le hablan a alguien más. “¡Señora, señora!”, repite la voz en busca de una respuesta. Mérida ni se inmuta. “¡Señorita, por favor!”, vuelve a intentar la mujer. “¿Me estará hablando a mí?”, piensa mientras se acerca, con la cara semitapada por el barbijo.</p><p>—Perdón, pero no te veo bien. ¿Señor o señorita? —pregunta la mujer.</p><p>—Ninguna de las dos —responde Mérida.</p><p>—Ah, muy bien: persona, entonces —dice la señora sin problemas.</p><p>Mérida Robin Masman recuerda la anécdota con una sonrisa. Tiene 26 años y en 2015 pudo poner en palabras la forma en que se autopercibió desde siempre: como <b>una persona no binaria.</b> Fue un largo camino que empezó en su infancia, en el sentir que no encajaba en los casilleros “del rosa y el celeste”, en la incomodidad con el género y el nombre que le asignaron al nacer –y que cada vez que escucha, le duele–, en la certeza de que nadie comprendía lo que pasaba en su mundo íntimo.</p><p>¿Qué es ser una persona no binaria? “Lo más simple para explicarle a alguien es: <b>soy un ser humano</b>. No hay que olvidarse de decirlo, porque está mucho en estas preguntas el ‘qué’ sos. No soy ‘qué’, soy ‘quién’. <b>No soy un hombre, no soy una mujer. Eso es ser no binarie</b>”, detalla Mérida. La señora que le gritó esa tarde para pedirle ayuda, lo entendió rápidamente, sin explicaciones.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/MPOSTMGRANDGRKVWFM6EEDAWSM.jpg?auth=fc4f00ac55d16f3d00a8e8931a967efadb58a8ba03bd394febe36e434e45a0b3&smart=true&width=2000&height=1333" alt=""Acompañar a familias diversas para que otres niñes no pasen por lo que yo pasé, me da mucho empuje", asegura Mérida" height="1333" width="2000"/><p>Desde hace años, Mérida es activista en espacios no binarios y cofundó la agrupación <a href="https://instagram.com/siendohumanes?igshid=y62ntwpc0ldi">Siendo Humanes.</a> Con la convicción de que las violencias y la discriminación dejan huellas para siempre, su objetivo es acompañar y contener a infancias diversas y sus familias, además de dedicarse a la investigación, concientización y difusión.</p><h1>Ni "ella" ni "él": elle</h1><p>Cuando conoce a alguien, una de las primeras cosas que Mérida pregunta, con su voz suave y amable, es: "¿Con qué pronombre me dirijo a vos?". En su caso, al igual que algunas personas no binarias,<b> elige el neutro: elle.</b> Otras, en cambio, se sienten identificadas con los pronombres femenino o masculino. "No binarie es un paraguas que abarca un montón de identidades y sentires. Es una especie de espectro que va desde lo marcado como mujer, a lo marcado como hombre –detalla–. Muchas personas lo creemos como único a nuestro género: es como cada quien lo siente".</p><p>Para Mérida, el lenguaje no binario implica infinitamente más que usar la "e", es la manera de abrazar al arcoíris de diversidades. De incluir y resignificar, de visibilizar y no discriminar. Porque entiende que <b>lo que no se nombra, se niega</b>. En esa línea, sostiene que la invisibilización de las identidades no binarias es el principal prejuicio que pesa sobre ese colectivo. "<b>Literalmente, se piensa que no existimos</b>. Hoy se habla mucho de las personas trans, por ejemplo, pero les no binaries seguimos viviendo en secreto", enfatiza.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-frases-merida" id="lntools_generic-frases-merida" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-frases-merida/index.html"></iframe></p><p>En su niñez, Mérida sentía que no encajaba. Así se lo hacían sentir en la escuela –donde las violencias avaladas por profesores eran de todo tipo– y más tarde en otros ámbitos, como el laboral. Nació en Guaymallén, Mendoza, en 1993 y en el seno de una familia con privilegios. Su progenitor –así lo llama Mérida– es miembro de las fuerzas armadas y su mamá, ama de casa. "Era muy rare de peque, no sé cómo explicarlo, pero lo puedo resumir así: mi progenitor me pegaba para que yo me adecuara de alguna forma a lo que era ‘ser normal’. Es decir, lo que esperaban de una persona que nació con pene", cuenta. Y agrega: "En mi adolescencia, <b>intenté ser un varón con todas mis fuerzas para encajar</b>, ¿quién no lo intenta? Eso me hizo mucho daño".</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/7FVPRYPKQFFDNA5V2FNA5BD6TY.jpg?auth=ad9601b2801fcde08f4d05bb9c3cdf451169e1cca4c7452378d38f173633aba4&smart=true&width=2000&height=1333" alt="“En mi adolescencia, intenté ser un varón con todas mis fuerzas para encajar, ¿quién no lo intenta? Eso me hizo mucho daño”, cuenta Mérida" height="1333" width="2000"/><p>Gracias al impulso de los activismos, como asambleas y agrupaciones conformadas, principalmente, por jóvenes, hoy se conoce mucho más sobre la identidad no binaria. Pero aún así, frases del tipo "es imposible que no seas ni hombre ni mujer", siguen siendo cotidianas. <b>No poder acceder a un DNI </b>que refleje su identidad y su nombre, es para Mérida una de las principales vulneraciones a los derechos que tienen quienes no se autoperciben ni como hombres ni como mujeres: hasta ahora, los pocos casos que lograron sortear la burocracia, lo hicieron mediante presentaciones ante la Justicia.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/no-binarios-cuales-son-los-mitos-vinculados-a-esta-identidad-nid05112020/">¿Cuáles son los mitos vinculados a esta identidad?</a></p><p>Mérida vivió esas barreras en carne propia. Un día fue a las oficinas de la comuna 14 de la ciudad de Buenos Aires e intentó hacer el trámite. Del otro lado del mostrador, se topó con el desconocimiento: "Pero vos usás barba", le dijeron. La frustración le brotó en forma de llanto. Se fue con las manos vacías. Considera que el ligar la expresión de género (la forma en que nos mostramos al mundo a través de nuestro nombre, cómo nos vestimos, comportamos o interactuamos) con la identidad de género (cómo nos autopercibimos), es otro de los grandes prejuicios. "Como muchas veces uso barba, no me dejan de tratar como un varón, aunque tenga un vestido y un buen par de tacos", detalla.</p><h1>Los vínculos como sostén</h1><p>Cuando Mérida tenía 14 años, se fue a vivir con su abuela, que obtuvo su tutela. Fue un escape a la violencia de su hogar. En 2015, cuando pudo poner en palabras su identidad, la ley de Matrimonio Igualitario acababa de aprobarse. Al poco tiempo, se mudó a Buenos Aires y, la casa de Cristina, una tía que vive en Caseros, fue su refugio: uno de los primeros lugares donde pudo sentirse libre. Ella fue la primera en publicar en su Facebook fotos donde Mérida aparecía plenamente como Mérida:<b> era "su sobrine" y no había nada que ocultar</b>.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/BB3WBBDWRVGRTPECU7F4EJKUNU.jpg?auth=0bc34415422b7bbe9bd479bca22a0a867ba7b83d92648474b96dc0304b344130&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Mérida junto a su amiga Eugenia Prieto, quien integra la comisión de familias de Siendo Humanes" height="1333" width="2000"/><p>Ese apoyo incondicional fue clave. También el de muchas personas que conoció en el activismo, como su amiga Eugenia Prieto, que tiene 42 años, integra la comisión de familias de <a href="https://instagram.com/siendohumanes?igshid=y62ntwpc0ldi">Siendo Humanes</a> –que se llama Dejar Ser– y es mamá de León, un niño trans de 8 años. Cuando se conocieron, la conexión fue inmediata. Al principio, a Eugenia le costaba entender qué implicaba la identidad no binaria de Mérida. Pensaba que era una mujer trans.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-frase-eugenia" id="lntools_generic-frase-eugenia" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-frase-eugenia/index.html"></iframe></p><p>"Ella fue importante para poder estabilizarme, sentirme mejor y abrirme al mundo. Este mundo no te facilita que seas vos, te da miedo y hasta dudás de lo que sentís –reflexiona Mérida–. Cuando tomás confianza y te rodeas de personas que te contienen y te acompañan desde el amor, aunque al principio no te entiendan, cambia todo".</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/HRZDOTB2IJHC7K2NRH33JQNQWI.jpg?auth=2b79ee0bb45df522aa20f04689056609773a52e7b63f978fd29c22632e6c4ccf&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Cuando se conocieron, la conexión entre Mérida y Eugenia fue inmediata; a partir de ahí, surgió un estrecho vínculo de amistad" height="1333" width="2000"/><p>Para Eugenia, esa amistad implicó un enorme aprendizaje. "Como mamá, lo que más me conmueve de escuchar historias de infancias trans y no binarias es que siempre tienen un recuerdo triste de su niñez", cuenta. León nació en 2012, a pocos meses de que se sancionara la ley de identidad de género, y desde antes de los 2 años ya manifestaba su disconformidad con el género que le habían asignado al nacer. "Creo que el miedo a la mirada de los otros se multiplica cuando te das cuenta que tu hije es una niñez trans, porque uno sabe todos los prejuicios que hay y eso te aterra: pensar que va a crecer y tener que enfrentarse a <b>un mundo que sigue siendo binario, violento y machista</b>", dice Eugenia.</p><p>Actualmente, Mérida trabaja acompañado a una persona mayor con parkinson y está haciendo el CBC en la Facultad de Psicología de la UBA. Además, reparte su tiempo entre el activismo, un coro, el voluntariado acompañando a personas sordas (en su adolescencia aprendió lengua de señas), Siendo Humanes y otras agrupaciones que integra. Aunque a muchos en su familia les cuesta entender su identidad, <b>no baja los brazos</b>. A su mamá le llevó un tiempo empezar a respetar su pronombre y poder decir "es mi hije" y, a su abuela, le cuesta más, por eso buscan alternativas como sobrenombres. "Estamos en el proceso", dice Mérida, con tranquilidad. Así como Eugenia entendió un día que León siempre fue León, Mérida tiene la certeza de que su familia comprenderá que siempre fue Mérida.</p><h3>Fuentes</h3><ul><li><a href="https://instagram.com/siendohumanes?igshid=y62ntwpc0ldi">Siendo Humanes</a></li><li><a href="https://www.afda.org.ar/?gclid=CjwKCAjwn9v7BRBqEiwAbq1Eyw-haHF1vnu_UlaxEMBtG4sJR9zIS9G1dJNpOTs2MymGNmCAVbgWBhoChiEQAvD_BwE">Familias Diversas</a></li><li><a href="https://www.cha.org.ar/">CHA</a></li></ul><h3>Metodología. Cómo lo hicimos</h3><p>Este artículo forma parte de una <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/">serie sobre diversidad sexual y de género</a> que publicará LA NACION. El objetivo de este especial es visibilizar y concientizar sobre algunos de los principales prejuicios vinculados a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados en nuestra sociedad y son la base de violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo. El mismo cuenta con las voces de algunos de las y los principales referentes de la Argentina, así como también de testimonios en primera persona. Además de las entrevistas cualitativas, se realizó un análisis de datos estadísticos y una compilación de trabajos elaborados por distintas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil. Se buscó que las fuentes fueran representativas de las realidades territoriales y culturales del país, de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género que existen. El especial cuenta, además, con una producción audiovisual para acercar las voces e imágenes de los protagonistas, donde el foco está puesto en las historias de vida y en el rol de los vínculos afectivos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/46Q2KYU2YJD6JE3TTOAKRLR4VI.jpg?auth=a1e892153c8e2709bb04559f9ba23f13b79fd81726cc0446696f4bda855bc3a1&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=760" type="image/jpeg" height="760" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Mérida tiene 26 años y cofundó Siendo Humanes, una agrupación con perspectiva no binaria que busca acompañar a familias de infancias diversas, informar y concientizar; "No quiero que otres niñes pasen por lo que yo pasé", asegura]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[“No me siento cómodo”. La frase que enfrentó a una familia con sus prejuicios]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/no-me-siento-comodo-la-frase-que-enfrento-a-una-familia-con-sus-propios-prejuicios-nid24102020/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/no-me-siento-comodo-la-frase-que-enfrento-a-una-familia-con-sus-propios-prejuicios-nid24102020/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description/><pubDate>Sat, 24 Oct 2020 12:59:29 +0000</pubDate><category><![CDATA[Diversidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Culpa. <b>Mucha culpa</b>. La sensación se apoderó de Marta González y esa noche, encerrada en el baño, explotó en forma de llanto. Qué hice mal. Cómo no hicimos algo antes. Por qué lo dejábamos ir tanto a la cancha. Por qué no supe identificar los juegos. Por qué. Por qué. Por qué. Estaba merendado en su casa de San Miguel de Tucumán cuando Martín, el más chico de sus tres hijos, le dijo que era un varón trans. Se lo explicó como le salió, sin demasiados preámbulos. Que no se sentía cómodo.<b> Que no quería que lo trataran más como una mujer.</b> Que era Martín.</p><p>Marta quedó en shock.</p><p>Alberto Caponio reaccionó distinto. Cuando su hijo le habló de su identidad de género estaban en la cancha viendo al Atlético de Tucumán. Se abrazaron todo el partido. Lloraron. Cada uno a su tiempo, Marta y Alberto entendieron que <b>acompañarlo era más sencillo de lo que pensaban</b>. Al principio, el desafío parecía enorme –es cierto– porque implicaba cuestionar la heteronorma, el binarismo sobre el que se estructura toda nuestra sociedad. Pero <b>el primer paso era ponerlo a Martín adelante</b>. Las normas sociales, el “qué dirán”, debían pasar a un ultimísimo plano.</p><figure><video height="720" width="1280" poster="https://cdn.jwplayer.com/v2/media/cE9bgcyU/poster.jpg?width=1280"><source src="https://cdn.jwplayer.com/videos/cE9bgcyU-46NIuRKO.mp4" type="video/mp4"/></video><figcaption>Cómo es tener un hijo trans</figcaption></figure><p>“Alberto me hizo abrir los ojos. Me hizo ver que las cosas las habíamos hecho bien, porque como padres siempre les dijimos a nuestros hijos que ante cualquier necesidad recurran a nosotros, que somos los que vamos a estar siempre ahí, firmes. Martín hizo eso”, cuenta Marta, que tiene 49 años, es ingeniera en sistemas y trabaja en el Hospital de Niños de San Miguel.</p><p>Lo otro vino después. O de la mano. El acompañarlo a hacer el cambio de DNI; el sumarse a la organización <a href="https://transformandofamilias.org/" target=_blank>Trans-formando familias</a>; el ir convirtiéndose, como muchas madres y padres de infancias diversas, en activistas por sus derechos, en expertos en términos como identidad y expresión de genero y en su diferencia con el sexo biológico. Porque aún con ley y los avances, el desconocimiento es generalizado. Se convirtieron “en pedagogos de la diversidad”. Cuando alguien pregunta, responden con paciencia. A ellos mismos les pasó: hasta hace dos años,<b> el mundo arcoiris les resultaba lejano como Marte.</b></p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/NMVKMBTKBBEBDAQRAR6CLUUKQU.jpg?auth=fc443de2682c3571e9fac4bdb1790ed72372bcc710f93c1c20244ac8021144ba&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Los Caponio, en su casa de San Miguel de Tucumán. De pie, Marco, Martín y Lucca. Sentados, Alberto, Pinky y Marta. Crédito: Fernando Font/ LA NACION" height="1333" width="2000"/><p>Los Caponio <b>no fingen una sobreadaptación que no existió</b>. Hubo prejuicios de todo tipo. Primero, los propios: deconstruir los estereotipos de género, los mandatos sociales, las expectativas que habían puesto en Martín desde el primer minuto de vida. Después, los de afuera, la mirada del resto. Las cabezas que se dan vuelta cuando entran a algún lugar. La señora del registro civil que el día que fueron a hacer el cambio de DNI, cuando se quedó sola con Marta, le preguntó: “¿Su hijo está con tratamiento psicológico? Porque esto es una enfermedad. Hay muchos que después se arrepienten”. Las vueltas de la obra social para sacar el turno para una ecografía ginecológica porque como Martín es varón, les resultaba impensable que tuviera útero u ovarios. El transodio de un desconocido en la puerta de su escuela.</p><p>Martín tiene 17 años y el pelo negro y ondulado. Usa el corte de moda entre los jóvenes: rapadito a los costados, largo en el centro. Su novia, Solana, le regaló un perrito que se llama Pinky. “Como Pinky y Cerebro”, aclara Martín por videollamada, mostrando al cusquito café con leche. En la pantalla también aparece Marco (19), su hermano del medio. <b>Fue con el primero que Martín habló</b>. “La única pared que tuve que derribar fue el tema de la ropa: me usa todo. Pero me preocupaba cómo se lo iban a tomar nuestros papás, que en ese momento tenían una mentalidad muy cerrada, nada que ver con la que tienen hoy”, se acuerda Marcos. Se esperaba una escena de novela, “algo tipo <i>La casa de las flores</i>”. Pero no pasó. En la mesa, Marta y Alberto les dijeron a sus hijos –el mayor es Lucca (22)–: <b>“Martín ya nos contó. Vamos a hacer todo para acompañarlo”.</b></p><blockquote><p>La única pared que tuve que derribar fue el tema de la ropa: me usa todo. Pero me preocupaba cómo se lo iban a tomar nuestros papás, que en ese momento tenían una mentalidad muy cerrada, nada que ver con la que tienen hoy</p><p class="citation">Marco Caponio</p></blockquote><p>Fue el primer chico trans en hablar de su identidad en su escuela, la de Bellas Artes y Artes Decorativas e Industriales Atilio Terragni, una institución que, lejos de mirar para otro lado, acompañó. Sin buscarlo, le abrió las puertas a <b>otras identidades disidentes que salieron a la luz.</b> Hoy es presidente del centro de estudiantes y el año que viene le gustaría estudiar Ciencias Políticas o Derecho.</p><p>Las claves para acompañar a las infancias y adolescencias trans</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/diversidad/no-quiero-ser-varon-quiero-ser-nena-como-acompanar-a-las-infancias-trans-nid24102020/">Algunas claves para acompañar a las infancias y adolescencias trans</a></p><p>Entendió desde el primer momento que su familia iba a tener que hacer un camino. “<b>El cambio no es solo tuyo sino de tu entorno.</b> A pesar de que vos digas: ‘Soy Martín’, que te traten así lleva tiempo, y cuando lo lográs es relindo”, asegura. Cuando habló con sus papás, en la tele daban la novela <i>100 días para enamorarse</i>, donde uno de los personajes es un chico trans. Los hermanos Caponio la veían y Marta alguna vez se había sumado. Pero en el fondo, no sabía bien de qué se traba. “Primero fueron noches sin dormir, después empezamos a buscar en Internet. A la semana, sacamos un turno para ver a una médica referente en el tema”, cuenta Marta.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/NGKFCPUTUBEPRA4IX6VB4GNHSE.jpg?auth=93b929ff01f026dc40eb24e3b250e285afed2b888649d831ba673a71460499e1&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Martín es presidente del centro de estudiantes de su escuela y el año que viene quiere estudiar Ciencias Políticas o Derecho. Crédito: Fernando Font / LA NACION" height="1333" width="2000"/><p>Alberto, Marta y Martín sentados frente al escritorio de la doctora Fabiana Reina, tocoginecóloga y referente en el NOA en el acompañamiento a infancias y adolescencias trans. “¿Cómo te llamas?”, le preguntó al adolescente. Los padres abrían la boca para contestar. Ella los frenó con una seña. “En cinco minutos, nos hizo recordar episodios de la infancia, ver que <b>Martín había sido Martín desde los 3 o 4 años</b>”, reconstruye Alberto. Un estrella fugaz y el deseo de ser varón. El llanto cuando le querían poner un vestido. La pelota por sobre las muñecas. La bandera de Boca atada a los hombros como si fuera una capa.</p><blockquote><p>El cambio no es solo tuyo sino de tu entorno. A pesar de que vos digas: ‘Soy Martín’, que te traten así lleva tiempo, y cuando lo lográs es relindo</p><p class="citation">Martín Caponio</p></blockquote><p>Abu Negro, 79 años, en la mesa del comedor. Marta y Martín enfrente. “Papá, te tengo que contar algo”, dijo ella. Martín la miró: ¿le iba a decir ahí, delante de él?. “Ya no es más ella. Desde hoy es Martín”. Abu Negro suspiró. “Ya me había dado cuenta de que algo pasaba. ¿Cómo era? Ah, sí, Martín”. <b>No preguntó más nada</b>.</p><p>Ese acompañamiento, el de abuelos y tíos, fue clave para los Caponio. Alberto es uno de esos varones que lloran sin vergüenza en un provincia conservadora, criado en una familia ultramachista, católica. Su papá le daba a él y a sus hermanos un beso dos veces al año: para Navidad y los cumpleaños. “<b>La transición no es solo de la persona trans, es de toda la familia</b>. Uno está programado para cierta ruta: ‘Mi hija se va a casar con un hombre y va a tener hijos’. Si esa perspectiva que dabas por hecho cambia, es como un duelo, <b>un proceso de adaptación</b>. Pero cuando te das cuenta de que el mundo no se acaba, que la vida sigue, que los chicos se sienten realizados y son felices, que tu hijo es el de siempre, ahí culmina el duelo”, dice Alberto, que es empleado administrativo.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/B7QFOIFTKZFZLGSD3ULOODWBLM.jpg?auth=f35503384187a8a6bd9ce6f81d49514a79ed8449b24c067460ba637ae731d182&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Lucca, Marco, Martín, Alberto y Marta,  junto a Solana, la novia de Martín. Crédito: Fernando Font" height="1333" width="2000"/><p>Marta asegura que lo que ven en el caso de Martín, al igual que en el de Sol, Ariana, Maxi, y todos los chicos y las chicas trans que conocen, es que cuando está la familia a la par tienen otro tipo de transición, <b>una transición feliz</b>. “Si lográs ser lo que querés ser desde chiquito, te desarrollás con una felicidad muy distinta y llegás a la adultez de otra forma. Aquellos cuyas familias no los acompañan, tienen como una mochila, un sufrimiento que cargan por esa no aceptación de quienes son”, dice.</p><blockquote><p>Cuando te das cuenta de que el mundo no se acaba, que la vida sigue, que los chicos se sienten realizados y son felices, que tu hijo es el de siempre, ahí culmina el duelo</p><p class="citation">Alberto Caponio</p></blockquote><p>Hace un par de meses, Marcos le dijo a su mamá: “¡Cómo cambiaron ustedes! Son otras personas”. Ella le preguntó en qué sentido. “Ahora ven las cosas de otra forma”, respondió su hijo del medio. “La realidad es que te hacen ver un mundo que antes no habías visto”, reflexiona Marta. El mundo arcoíris.</p><p>Reina, la doctora que los acompañó desde un primer momento, explica que cada vez son más los padres y las madres como los Caponio que <b>contienen a sus hijas e hijos en su construcción identitaria</b>. “Una vez nos pidieron que demos una charla con el título: ‘¿Nace o se hace?’ –cuenta Alberto– Buscamos información y la dimos. Pero después me dio mucha bronca, porque como varón hetero-cis-género no tengo que dar explicaciones de lo que siento o quién soy o por qué me pongo este pantalón con esta remera. Nadie debería dar explicaciones, buscar porqués. Uno es lo que es. Es lo que lo hace feliz. Nada más. Esa es la conclusión de mi investigación”.</p><h1><b>Más información</b></h1><p><a href="https://transformandofamilias.org/" target=_blank><b>Trans-formando familias:</b> </a>Se dedican a la contención, formación, acompañamiento de familiares, amigos y allegados a niños, niñas, adolescentes y adultos trans, capacitación e investigación. Nació en Tucumán pero está integrada por familias de Entre Ríos, San Juan, Córdoba, Salta, entre otros puntos del país. Realizan encuentros de pares y capacitaciones para profesionales. <a href="http://transformandofamilias.org/" target=_blank>transformandofamilias.org</a></p><h1>Metodología. Cómo lo hicimos</h1><p>Este artículo forma parte de una serie sobre diversidades que publicará LA NACION. El objetivo de este especial es visibilizar y concientizar sobre algunos de los principales prejuicios vinculados a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados en nuestra sociedad y son la base de violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo. El mismo cuenta con las voces de algunos de las y los principales referentes de la Argentina, así también como testimonios en primera persona. Además de las entrevistas cualitativas, se realizó un análisis de datos estadísticos y una compilación de trabajos elaborados por distintas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil. Se buscó que las fuentes fueran representativas de las realidades territoriales y culturales del país, así también como de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género que existen. El especial cuenta, además, con una producción audiovisual para acercar las voces e imágenes de los protagonistas, donde el foco está puesto en las historias de vida y en el rol de los vínculos afectivos.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/A6KOY2CPYNHEBASVLJQIRVVZUY.jpg?auth=2da6a4f0d5c3ddb392a48ade6b42084af9d86dd90bae008f01e1a8d18a690610&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=1333" type="image/jpeg" height="1333" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Martín Caponio tiene 17 años y cuando le contó a su familia que era un varón trans, su mamá y papá pasaron por distintas etapas; hoy, aseguran que la contención y el romper con los estereotipos de género y mandatos sociales, fue clave. Crédito: Fernando Font / LA NACION]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Sebastián Caldubehere: “Cuando salí del clóset entendí que podía ser padre”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/sebastian-caldubehere-cuando-sali-del-closet-entendi-nid2484100/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/sebastian-caldubehere-cuando-sali-del-closet-entendi-nid2484100/</guid><dc:creator><![CDATA[Verónica Dema]]></dc:creator><description/><pubDate>Fri, 23 Oct 2020 03:33:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Lifestyle]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>Su mamá lo veía triste, como caído, le decía. Qué te pasa, sé que te pasa algo. Una noche, cuando <b>Sebastián Caldubehere </b>tenía siete años, pensó: se lo digo como me salga. Estaban ellos dos solos en su pieza. Le salió llorando. "Mamá, yo sueño con un hombre". Ella se quedó dura, en silencio, los ojos muy abiertos. Era la hora de la cena, así que Sebastián fue a sentarse a la mesa, ya se lo había dicho. Pocos días después su mamá lo llevó a hacerse análisis de sangre: "A mí no me pasaba nada, nunca me dijo que fuera por esto, pero <b>en esa época ser gay se consideraba una enfermedad.</b> Siempre me quedó la duda".</p><p>**</p><p>A sus ocho años, <b>Nahuel Caldubehere</b> -aun no tenía ese apellido- vivió un momento crítico: el Juzgado de Menores de Bahía Blanca decidió que lo mejor para él, su hermana y su hermano era salir de la casa materna. A esa edad aún no había ido nunca a la escuela y, por su condición de albino, tenía una disminución visual que se agravaba sin tratamiento.<b> Se inició para él la espera de una familia que quisiera adoptarlo:</b> fueron años de incertidumbre. "Ya con once años no creo que me elijan", llegó a confiarle a una maestra. "Deseálo con todo el corazón así se cumple", le respondió ella. A la semana entró corriendo a la escuela, la abrazó y le dijo que había un papá que lo estaba buscando.</p><p>**</p><p>Sebastián tiene 43 años, es Farmacéutico y trabaja como docente de Toxicología en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, donde vivió toda su vida. En esta cuarentena por coronavirus, tanto él como su hijo Nahuel, que ahora tiene 15, pasan la mayor parte del tiempo frente a la computadora: él con sus alumnos, Nahu –como lo llama siempre- con las tareas de la escuela o jugando en red con su hermano, su hermana y sus compañeros del colegio.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/coronavirus-lacalle-pou-anuncio-uruguay-mantendra-sus-nid2486817">Coronavirus: Lacalle Pou anunció que Uruguay mantendrá sus fronteras cerradas en la temporada turística</a></p><p>También las conversaciones en las que ellos relatan su vida familiar transcurren frente a la cámara, que por momentos muestra sus rostros y que también recorre la casa que comparten: el living con un ventanal que ilumina todo el ambiente; el patio verdísimo que habitan varias mascotas (en una época, de cada viaje que hacían rescataban a algún perro de la calle); la habitación de Nahu ("su mundo", dice su padre); la cocina, que los convoca a ambos con placer: les encanta buscar recetas en internet y modificarlas según se les antoja.</p><p>"Hay algo que tuve siempre latente: formar mi familia, tener hijos. Eso contribuyó a que tardara en salir del clóset, porque pensaba que mi salida iba a implicar renunciar a una familia. Era una cosa o la otra", dice Sebastián. "Pero una vez que salí del clóset entendí que lo podía llevar a cabo". Por eso, a los 25 años se inscribió en el Juzgado de Menores, en la sede de Bahía Blanca. Con varios intentos que no lograron concretarse, casi 15 años después, cuando Sebastián empezaba a perder la fe, se encontró con Nahuel.</p><p>"Unos días antes de que me llamaran del Juzgado, mi mamá me entregó un muñequito con el que me dijo que yo jugaba en la infancia, de esos de porcelana que se vendían en los 80", cuenta. Tenían uno cada hermano. Su madre se equivocó y el muñequito que le dio no era el suyo: este tenía el pelo blanco. Con los días le dio otro significado.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/KIMJZFO3D5CVBC5SOHSVNBSVPI.jpg?auth=9445b05b7ce7c801d8d91e33816e2b6dd8ad6ed2f9850cc56ae0dcf23cd84728&smart=true&width=1360&height=905" alt="Nahuel disfruta de su tiempo en el patio, con la compañía de sus mascotas: tienen tres perros y una gatita" height="905" width="1360"/><p>La infancia de Sebastián vuelve cuando habla de su hijo, como si quisiera replicar algo de aquello, tal vez también reparar. "Hay una alegría al cocinarle, arroparlo, leerle un cuento, acompañarlo en sus proyectos. Eso formaba parte de mi deseo, tener esas vivencias", dice. "Escucharlo decirme papá".</p><p>Un día de esos en los que se estaban conociendo, Sebastián fue al hogar a verlo jugar al fútbol. Los chicos corrían y él conversaba con una preceptora. "Yo sentía que alguien decía: ¡Papá! ¡papá! La preceptora me dice: ‘Me parece que te están llamando’", sonríe. "No me lo olvido más".</p><p>El fútbol lo regresa a su niñez, pocos días después de que salió del clóset con su mamá. "Sin preguntarme qué deporte me gustaba, me llevó a hacer fútbol, la típica", dice. "Yo sabía que, de ahí en más, todo lo que ella hacía era por esto". "Esto" es que a su hijo no le gustaban las nenas. Aquel chico de siete años no tenía esas certezas, esas palabras para nombrar sus sentimientos. Sentía que cuando miraba la televisión a él no le pasaba lo mismo que a los demás, pero sólo eso. Nada que el fútbol pudiera curar o tapar.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/sociedad/coronavirus-argentina-supero-italia-es-13-pais-nid2486758">Coronavirus: la Argentina superó a Italia y es el 13° país con más muertos por millón de habitantes</a></p><p>Cuando el año pasado Nahuel volvió de una clase de fútbol enojado y con los anteojos rotos a Sebastián se le paró el corazón. "Se me vino encima mi infancia. Si bien no me golpearon, me recordó que, cuando estábamos en gimnasia y nos hacían jugar al fútbol, el profesor tenía un sistema: llamaba a los dos que mejor jugaban y cada uno iba eligiendo a un compañero. Siempre se elegía del mejor al peor. Y era re feo para los que quedábamos últimos. Me parecía muy cruel, para nada pedagógico", rememora. El lo resolvió rindiendo libre gimnasia, sin decirles nada a sus padres.</p><p>Así que después de ese episodio con Nahuel, que hacía un tiempo que ya iba a fútbol sin ganas, decidió no insistir. Habló con el profesor y con su hijo y lo apoyó en su decisión de no jugar más. Quedaron en buscar juntos otro deporte que le gustara. Si bien la cuarentena demoró ese plan, la idea se mantiene. "Me gustaría que haga algo en equipo, por lo social que eso implica. No tan competitivo. Pero ya veremos juntos cuando se pueda".</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/JBM6UWWHMRAWTI6BUGNXICC5OI.jpg?auth=75fafc6de52589a580f40a4c61c0d6c4fa41f6d7df12f5781e4789dcc680d544&smart=true&width=1360&height=905" alt="Nahuel adora las mascotas; de cada viaje suelen rescatar algún perro de la calle" height="905" width="1360"/><p>De esos episodios desgraciados del fútbol rescata: "Cuando a mí me pasaba eso con el fútbol yo no se los comentaba a mis papás porque pensaba que no me iban a dar la solución y también me daba vergüenza decirles que me pasaba eso por jugar mal. En función de lo que me pasó en mi infancia, con Nahu yo trato de que sea distinto, de estar más atento".</p><p>Sebastián tiene confianza en los vínculos amorosos, siente que él es con otros. Ese deseo encontró en Nahuel la oportunidad de habitar el rol de padre, pero también de expandir su familia a límites impensados.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/dia-del-padre-la-historia-de-los-dos-papas-que-emociono-a-juana-viale-nid2382041">La historia de los dos papás que emocionó a Juana Viale</a></p><p>Por decisión del Juzgado los hermanos –el varón que hoy tiene 10, la nena de 13 y Nahuel de 15- fueron adoptados por familias distintas de Bahía Blanca: un matrimonio heterosexual, una mujer soltera y Sebastián, que hace cuatro años que está en pareja con Alberto. La condición de la adopción era que no se perdiera el vínculo entre hermanos.</p><p>Más allá de las videollamadas y los juegos en red, también se volvieron una rutina las pijamadas de los chicos con su hermana cada vez en una casa distinta. Las familias también comparten navidades y ahora –si la pandemia se los permite- planean vacaciones de verano en el mar.</p><p>Si uno de los fantasmas de Sebastián era imaginarse un hombre gay solo, lo único que quedó en pie de eso fue su orientación sexual. Lo demás está en las antípodas: a su núcleo familiar de su mamá, su papá, dos hermanos, una hermana y una multitud de tíos, tías, primos y primas, se les sumaron estas familias que le regaló su hijo.</p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/D6Y2OGIQMBGEJBQLTAI7M5REGI.jpg?auth=48e2c468102f14b3e6a4aba11023f3040bf2555c136f4b10bb0a4a51bdc59a81&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=760" type="image/jpeg" height="760" width="2000"><media:description type="plain"><![CDATA[Nahuel y Sebastián]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Gentileza Sebastián Caldubehere</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[De juzgar a naturalizar. “Tenemos que romper con la idea de que todos entramos en las categorías de ‘el rosa y el celeste’”]]></title><link>https://www.lanacion.com.ar/comunidad/y-vos-que-sos-ni-hombre-mujer-nid2445241/</link><guid isPermaLink="true">https://www.lanacion.com.ar/comunidad/y-vos-que-sos-ni-hombre-mujer-nid2445241/</guid><dc:creator><![CDATA[María Ayuso]]></dc:creator><description/><pubDate>Mon, 05 Oct 2020 06:53:00 +0000</pubDate><category><![CDATA[Comunidad]]></category><content:encoded><![CDATA[<p>“¿Y vos, qué sos?”. Muchas veces la violencia llega así, camuflada en la forma de una pregunta supuestamente inofensiva. Años de prejuicios comprimidos en cuatro palabras que representan, para Mérida, la punta del ovillo de la exclusión. Nació en Guaymallén, Mendoza. Tiene 26 años y sus ojos grises, clarísimos, contrastan con el pelo, casi negro. En 2015, puso en palabras la forma en que se autopercibía: <b>como una persona no binaria</b>. “Cuando digo que no soy ni hombre ni mujer, muchas veces me preguntan: qué sos. Y les respondo: <b>no soy ‘qué’, soy ‘quién’. Soy un ser humano</b>”, resume Mérida.</p><p>Desde su infancia dice que sintió que no encajaba. Los casilleros de "femenino" y "masculino", le resultaron siempre incómodos. Insuficientes. Cuando nació, explica, le asignaron un género con el que nunca se identificó y un nombre que prefiere dejar atrás porque duele demasiado. Que se respete su derecho a la identidad es un desafío que enfrenta a diario: desde que la gente use el nombre que asumió y no el que aparece en su DNI, hasta que incorporen su pronombre, el neutro <i>elle</i><b>.</b> "<b>Se piensa que las personas no binarias no existimos</b>. Por eso es tan importante nombrarnos. <i>Muches </i>seguimos viviendo en secreto", sostiene Mérida.</p><p>La <b>estigmatización e invisibilización </b>siguen siendo los principales prejuicios a los que se enfrenta la población LGTBIQA+. Según los referentes consultados por LA NACION, las nuevas generaciones continúan siendo expuestas a <b>violencias de todo tipo</b>. "Las leyes son apenas la losa sobre la que hay que empezar a construir. Los cambios culturales vienen después y llevan más tiempo", señala Silvina Maddaleno, coordinadora del Programa de Diversidad Sexual del Inadi, en referencia a la <b>legislación pionera </b>con la que cuenta la Argentina y que busca reparar una vulneración histórica en el acceso a derechos, como la de Matrimonio Igualitario, la de Identidad de Género, la de Educación Sexual Integral o el reciente <a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/cupo-laboral-trans-es-medida-historica-desigualdad-nid2440641">decreto de cupo laboral trans.</a></p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/P2IU7KD3DBB7JCEGEHPQYKHCJM.jpg?auth=6e33c059c60ee516775ea99572e03bbed5cd30a049c08c41c5f4c56c6611eeb9&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Mérida tiene 26 años y nació en Guaymallén, Mendoza; hoy vive en la ciudad de Buenos Aires, donde cofundó la agrupación Siendo humanes." height="1333" width="2000"/><p>Respecto al arcoíris de identidades de género y orientaciones sexuales detrás de la sigla LGTBIQA+ (lesbianas, gays, trans y travestis, bisexuales, intersex, queer, asexuales, entre las muchas otras a las que hace referencia el signo +), Andrea Rivas, abogada y cofundadora de la <a href="https://www.afda.org.ar/?gclid=Cj0KCQjwtZH7BRDzARIsAGjbK2Za971EiFIkc7pxoMhRfvTL_xPQoWnh834FzA8Xry9drLFxgToot9IaAkjfEALw_wcB">asociación civil Familias Diversas</a>, reflexiona: "Algunos sostienen que las ‘etiquetas’ encorsetan a las personas. Yo no estoy de acuerdo con esa postura. <b>Si existimos, si somos, también es importante poder nombrarnos</b>". Para ella, visibilizarse es fundamental para acceder a más derechos y hacer valer los que se consiguieron. Porque la palabra resignifica, visibiliza e incluye. O todo lo contrario.</p><p><a href="http://www.lanacion.com.ar/2454132">"El principal prejuicio respecto a las personas no binarias es que no existimos"</a></p><p>"Es muy importante tener la etiqueta que realmente vos sentís que te está identificando. Pero no puede ser un límite: no es que vos te tenés que adaptar a la etiqueta, porque la identidad de género y la orientación sexual son dinámicas. Desde la asociación siempre decimos que<b> hay tantas identidades como personas en el mundo</b>", agrega Andrea.</p><p>"El clóset", ese sentir que uno se tiene que ocultar y avergonzar de quién es, para la cofundadora de Familias Diversas, resulta "sumamente violento". "En mi experiencia, cuando me visibilizo como lesbiana me doy cuenta de que ayudo mucho a que otras personas que están ahí, en el armario, queriendo salir, puedan hacerlo", cuenta Andrea. Sin embargo, aclara que algunas ni siquiera ven esa posibilidad como una opción: el riesgo a la exclusión del hogar o a perder el trabajo, por ejemplo, se llevan todo el peso en la balanza. "Por eso –advierte–, <b>nadie puede sacar del armario a nadie</b>: es una decisión absolutamente personal e intransferible".</p><h1>Múltiples prejuicios</h1><p>A Mérida gran parte de la infancia se le borró a los golpes. El olvido fue su mecanismo de defensa. De lo que sí se acuerda bien –porque la violencia le quedó grabada– es cómo intentaron "hacerlo macho". "Me dijeron puto desde antes de que entendiera qué quería decir esa palabra", cuenta Mérida. Y agrega: "Mi progenitor me pegaba y yo no entendía por qué. Era para que me adecuara de alguna forma a lo que era ‘ser normal’. Es decir, lo que esperaban de una persona que nació con pene". Dice que años más tarde, el silencio se convirtió en el código que le impuso su familia: en casa y delante de otros <b>"de eso no se habla"</b>. "Eso" era su identidad de género, su orientación sexual, su mundo íntimo.</p><p><blockquote class="twitter-tweet">la gente que dice que las etiquetas no sirven es porque tiene el privilegio de no necesitar usarlas, las etiquetas nos sirven para reclamar por derechos y encontrarnos en un mundo que nos quiere esconder&— nash (@olivernashbb) <a href="https://twitter.com/olivernashbb/status/1303523838232276993?ref_src=twsrc%5Etfw">September 9, 2020</a></blockquote></p><p>"En muchas familias, cuando te mostrás tal cual sos se deja de hablar de tu vida y eso es supercomún. Solo podés hablar de cosas generales. No podés contar como sí pueden tus familiares –describe Mérida–. <b>Te obligan a guardar silencio</b>. Antes, ni siquiera en los medios, se hablaba de las personas no binarias: <b>éramos las raras, las tóxicas, las enfermas</b>".</p><p>Para Adrián Helien, psiquiatra y coordinador del <a href="https://www.buenosaires.gob.ar/hospitaldurand">Grupo de Atención a Personas Transgénero (Gapet) del Hospital Durand</a>, si apuntamos a una sociedad que verdaderamente conviva en la diversidad, la principal barrera a derribar es pensar "que todas las personas entramos en las categorías de ‘el rosa y el celeste’". Considera que se nos empuja desde que nacemos hacia esos colores, cuando en realidad <b>somos un arcoirsis diverso</b>. Por eso, el especialista asegura que <b>naturalizar y despatologizar</b>, entender que "la diversidad existe" es la clave para que las familias se saquen de encima la palabra "culpa", que se sacudan preguntas del tipo "¿qué habremos hecho mal?" y abracen el concepto fundamental:<b> la aceptación</b>.</p><p><a href="https://www.lanacion.com.ar/comunidad/adrian-helien-varon-mujer-no-son-categorias-nid2327895">Adrián Helien: "Varón y mujer no son categorías que alcancen para entender la diversidad"</a></p><p>"Todas, todos, todes tenemos que ser <b>validados en nuestra identidad</b>. Es el derecho más íntimo. La aceptación salva vidas", subraya Helién, quien al hablar elige –al igual que el resto de las personas entrevistadas en esta nota– la "e" para englobar todas las identidades por fuera del binario. Respecto a qué pasa hoy con los prejuicios en el mundo de la medicina, su respuesta es rotunda: "No hay formación que integre la diversidad en equidad de derechos y que despatologice. La formación médica sigue siendo binaria, por lo cual seguimos sembrando<b> la semilla de la discriminación</b>. Hay mucho trabajo por hacer".</p><p>Los prejuicios, consideran los especialistas, son<b> las capas geológicas de la exclusión</b>. Los mandatos sociales, las expectativas familiares, los estereotipos y roles de género se traducen en frases como: "Nunca vas a poder formar una familia", "¿Qué va a ser de tus hijos sin una mamá y un papá?", "Te vas a quedar solo: no vas a ser feliz", "¿No sos ni varón ni mujer? Eso no existe", "Es una etapa, ya se le va a pasar" o "Si queda puertas adentro, todo bien; te lo digo por vos", entre otras.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/4Q7ELIDOTRBEVFV7OCAAJZVHRU.jpg?auth=de7312090ca96d1aa3e8c846670caa87f198d9207ec9dfbd6ca354a1f0397b5a&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Alba Rueda es la responsable de la Subsecretaria de Políticas de Diversidad de la Nación, que depende del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad." height="1333" width="2000"/><p>Alba Rueda, subsecretaria de Políticas de Diversidad de la Nación, reflexiona: "Todavía debemos tomar conciencia del costo que significa socialmente asumir una identidad de género disidente o expresar tus relaciones sexoafectivas por fuera del mandato heterosexual". Sobre las violencias cotidianas y vulneraciones de derechos que siguen atravesando las personas LGBTIQA+ en determinados contextos, la funcionaria pone el foco en "las intersecciones", un concepto que hace referencia a cómo el género, cuando se cruza con otras variables como la orientación sexual, el origen étnico, la discapacidad, la educación o la clase social, incrementan la vulnerabilidad a las que están expuestas las mujeres o identidades disidentes. "El nuestro es un país federal con realidades muy diversas", subraya.</p><p><a href="http://www.lanacion.com.ar/2454105">Alba Rueda: "La visibilidad de las personas trans tiene un alto costo social"</a></p><p>La semana pasada, una pareja, Pablo y Cristian, fue golpeada e insultada por besarse en las calles de Palermo. Quienes les tomaron la denuncia en la comisaría, detallaron que "solo se trató de un acto homofóbico". "No entienden ningún contexto, ninguna perspectiva, fue justamente eso, no nos fueron a robar, nos lesionaron por lo que somos", dijo Pablo tras lo ocurrido. En ese sentido, Rivas señala: "Todavía hay estigmatización respecto a nuestras orientaciones sexuales e identidades de género desde la patologización, como si no fuese un derecho y se tratarse de una perversión o enfermedad". Y explica que en gran parte del movimiento LGBTIQA+ se considera que es importante hablar de homoodio, lesboodio, transodio y biodio en lugar de fobia, "porque la fobia de alguna manera excusa a la persona".</p><p>Según un análisis de las denuncias por discriminación recibidas por el Inadi entre 2008 y 2019 en todo el país (unas 2000 por año), las presentadas por la población LGTBIQA+ ocupan el tercer puesto entre las más frecuentes (el 10,5% del total). Sin embargo, si se pone el foco en el último período analizado (2018-2019), trepan al segundo lugar, después de la discriminación por motivos de discapacidad. Con respecto a los ámbitos donde ocurrieron los hechos, el laboral, el educativo, la administración y el transporte público son los principales.</p><p>Andrea tuvo que atravesar buena parte de esas barreras. Es mamá de Fran, de 7 años, y está en pareja con María Jesús Dellacasagrande. Tiene 48 años y a los 13 se dio cuenta de que le gustaba su compañera de banco en la escuela. "Mi familia ni se enteró,<b> no me atrevía a hablarlo</b>", recuerda Andrea. Su preadolescencia trascurría en dictadura, en una familia de clase media de Temperley y en una escuela privada inglesa. Cuando le contó a su compañera lo que sentía, el padre de la chica la llamó por teléfono para amenazarla. Le dijo que no se sentara más a su lado, que no la saludara, que no le hablara, que no se juntara ni cerca, que era "una enferma", "una pervertida".</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/4LJIQOZ26FCFRIF7G2C65CP5A4.jpg?auth=3dfd93b5d07db7a803f62808f4c8f2ff9050f6f42ca4885772f332f48e32a7ba&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Andrea junto a María José, Fran y su perrito Willy." height="1333" width="2000"/><p>"Hice todo lo que él me dijo. Me fui apartando de mis amigas y eso me generó muchas dificultades de vínculos, me recluí en mi casa, viví con mucho miedo y pude empezar a estar con chicas, que era mi deseo, recién a los 26 años", recuerda Andrea. A esa edad lo habló con su mamá. "Al principio tuvo miedo, pensó que yo iba a tener una vida muy dura, era una especie de tristeza para ella y eso me ponía mal. Por suerte, fue evolucionando y hoy es una abuela superorgullosa, muy partícipe de todo", detalla la abogada.</p><p><b>A su mamá también le tocó "salir del armario".</b> "Cuando yo estaba a punto de casarme o embarazada, tuvo que decir: ‘Tengo una hija lesbiana’, en su trabajo y a su familia. Fue un proceso en el cual yo la acompañé y la dejé ser. Eso también es importante", dice Andrea. En la adultez y de la mano de la maternidad, llegaron nuevos prejuicios. Andrea entró en el mundo de la violencia obstétrica y de la imposibilidad de los ginecólogos de pensar que las mujeres que atendían podían no ser ni heterosexuales ni cisgénero (autopercibirse con el género asignado al nacer).</p><p>Cuando Fran nació, su mayor miedo era que sufriera discriminación por tener dos mamás. Se acuerda de que cuando llamó a una pileta para preguntar por clases de matronatación, le explicaron que había un día en que tenía que ir el papá. "Fran tiene dos mamás, nos vamos a tener que turnar", respondió Andrea. El tono de la conversación dio un vuelco: <b>en ese club no había lugar para ellas.</b> Colgó y se tragó la bronca hasta que decidió contar lo que le había pasado en Facebook y hacer una denuncia en el Inadi. Los comentarios de apoyo empezaron a llover y la repercusión en los medios fue inmediata. La pileta no solo dio marcha atrás, sino que se marcó un precedente para muchas otras familias.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-9-prejuicios-en-frases-lgtbiq" id="lntools_generic-9-prejuicios-en-frases-lgtbiq" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-9-prejuicios-en-frases-lgtbiq/index.html"></iframe></p><p>Esa experiencia fue la semilla que las llevó a ella y su expareja a fundar, en 2015, Familias Diversas. Según una investigación que realizaron recientemente, <b>la invisibilidad de las familias LGBTIQA+ y la diversidad sexual en las escuelas es notable</b>: el 86% de las personas entrevistadas respondió que no están representadas en las instalaciones (pasillos, aulas) y el 44% que sus hijas e hijos no tuvieron deberes o libros que trataran el tema. "El sistema todavía es binario, falta capacitación y hay una baja aplicación de la ESI, por lo que temáticas como la orientación sexual y los derechos sexuales y reproductivos no son tratados", señala Andrea.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/3ZLGDSTVZ5ARBHYOHDEUVJQF44.jpg?auth=2c98d9baf444c9c8deb271ab04127ff587871dcc37b58ca3b875636977a0134c&smart=true&width=2000&height=1333" alt="Andrea (izquierda), cofundadora de Familias Diversas, junto a María José, su pareja." height="1333" width="2000"/><p>Los prejuicios vinculados a la "familia tipo" como único modelo de familia posible aún continúan, dicen los especialistas. Maddaleno, que además es integrante de la organización <a href="https://100porciento.wordpress.com/">100% Diversidad y Derechos</a>, destaca los avances que hubo en los últimos años, como la incorporación de la figura de la voluntad procreacional como fuente de filiación en el Código Civil, lo que permite, por ejemplo, que ambas mamás puedan inscribir a sus hijas e hijos como propios.</p><p>En Familias Diversas reciben muchas consultas de mamás y papás –durante la cuarentena tuvieron un récord– que quieren acompañar a sus hijas e hijos LGTBIQA+. <b>¿Cuáles son los principales temores? </b>"Hay un poco de todo: el miedo de que puedan sufrir, de que no puedan acceder a determinado desarrollo o bienestar de vida, que puedan experimentar situaciones de discriminación y violencia", resume Andrea.</p><p>Todos los consultados coinciden en que<b> la población trans es la más vulnerada </b>en cuanto a acceso a derechos: entre ellos, a un trabajo digno, a la salud y a la vivienda. Su expectativa de vida, hoy en la Argentina, <b>ronda los 40 años</b>. La mayoría, por las barreras que encuentran, terminan en la prostitución como única forma de subsistencia: según un informe de la <a href="https://www.huesped.org.ar/?utm_source=GAdw&utm_medium=ad&utm_campaign=institucional&utm_term&utm_content=fh&gclid=Cj0KCQjwtZH7BRDzARIsAGjbK2ZhXAobv2T7G7GnfwL9L-rqGiCNW9nQkoYt1mHFNjxKrb8OnkGJFwwaAp3gEALw_wcB">Fundación Huésped</a> y la <a href="http://attta.org.ar/">Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (Attta) </a>, seis de cada 10 la ejercen, el 87% comenzaron antes de cumplir 19 años y <b>el 87% la dejarían si tuviesen otra posibilidad.</b></p><p><blockquote class="twitter-tweet">Cuánto nos falta, la puta madre..! [R] <a href="https://t.co/kkxNXDbEsH">pic.twitter.com/kkxNXDbEsH</a>&— Nico.ar (@Nicotrotti) <a href="https://twitter.com/Nicotrotti/status/1303674220824666113?ref_src=twsrc%5Etfw">September 9, 2020</a></blockquote></p><p>"El pensar que la población trans está destinada al trabajo sexual, y el no poder imaginarnos en otros espacios, es uno de los grandes prejuicios y algo en lo cual hay que trabajar mucho", dice Maryanne Lettieri, actriz, profesora del <a href="http://www.bachilleratomochacelis.edu.ar/">Bachillerato Popular Trans Mocha Celis</a> y responsable del área de inserción laboral de la institución. "Cuando voy a las empresas a dar capacitaciones, se sorprenden cuando digo que soy profesora. Me dicen: ‘Qué loco’. No es loco, soy un ser humano y elegí esa profesión", subraya Maryanne.</p><img src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/MH6KLBY7YRGYFMLRL4DDEBBEOI.jpg?auth=cccf02f62ed2bbae5d0850e394d2ccfe61f94d1b2493418a5165699152069a0f&smart=true&width=1350&height=900" alt="Maryanne Lettieri, actriz, profesora del Bachillerato Popular Trans Mocha Celis y responsable del área de inserción laboral de la institución." height="900" width="1350"/><p>Al igual que Maryanne, Mérida pone el acento en la persona. "Hombre y mujer no solo son casilleros, son estereotipos, roles, corporalidades, hormonas, un sinfín de cosas. Pero lo seres humanos somos más que un casillero en un papel: somos muy complejos –dice Mérida–. Muchas personas lo creemos como único a nuestro género, <b>es como cada quien lo siente</b>".</p><p>En su caso, dice que fueron varias las instituciones que reprodujeron las violencias a las que se enfrentó desde la infancia: la escuela en donde le hacían sentir que era diferente; los trabajos en los que a los pocos meses, pese a superar con creces los objetivos, terminaba en la calle; el<b> no poder acceder a un DNI que refleje su identidad</b>; las miradas inquisidoras en la calle por su forma de vestir, de hablar, de sentir, de ser.</p><p>Hoy, su mamá respeta su pronombre. "Mi hije", dice cuando habla con otros sobre Mérida. A su abuela, de 79 años, le cuesta más, pero lo intenta. Su tía Cristina, que vive en Caseros, es un personaje clave: en su casa fue el primer lugar donde sintió que podía ser libremente quien era. "Hace años, tuve el valor de enfrentar a mi papá, que trabaja en las fuerzas armadas. Retomé el contacto, pero se rehúsa a llamarme por mi nombre", cuenta Mérida. Hoy, desde <a href="https://instagram.com/siendohumanes?igshid=y62ntwpc0ldi">Siendo Humanes,</a> la organización que cofundó, busca acompañar a familias de infancias diversas: "No quiero que otres niñes pasen por lo que pasé yo. <b>Eso me dio muchísimo empuje</b>", concluye.</p><h1>Fuentes</h1><p>Los documentos consultados para la elaboración de este artículo fueron:</p><ul><li><a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/29062020_denuncias_2008-2019_final_12-6_1.pdf">Denuncias recibidas entre 2008 y 2019</a>. Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).</li><li><a href="https://www.afda.org.ar/2020/05/14/fuera-de-los-margenes-la-experiencia-sobre-la-esi-de-familias-diversas-y-sus-ninxs-en-argentina/">La experiencia de las familias encabezadas por personas LBT+ y sus hijos, hijas e hijes en el sistema educativo argentino</a>. ONG: Familias Diversas Asociación Civil (AFDA). Proyecto: Fuera de los márgenes (Out of the Margins).</li><li>Algunas de las leyes que protegen a la población LGTBIQA+: <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/165000-169999/169608/norma.htm">ley N° 26.618</a> (matrimonio igualitario), <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=199173">DNU 1006</a>, <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/195000-199999/197860/norma.htm">ley Nº 26.743</a> (identidad de género), <a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/215000-219999/216700/norma.htm">ley Nº 26.862</a> (reproducción asistida),<a href="http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/120000-124999/121222/norma.htm">ley Nº 26.150</a> (educación sexual integral),<a href="https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/234520/20200904">decreto 721/2020</a> (cupo laboral trans).</li><li><a href="http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Salud%20y%20adolescencias%20LGBTI_0.pdf">Salud y adolescencias LGBTI. Herramientas de abordaje integral para equipos de salud.</a> Ministerio de Salud de la Nación.</li><li><a href="https://www.huesped.org.ar/wp-content/uploads/2018/03/Aristegui-Zalazar_2014_Ley-de-Identidad-de-Genero-y-acceso-a-la-salud-en-poblacion-trans.pdf">Ley de identidad de género y acceso al cuidado de la salud de las personas trans en Argentina</a>. Asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) y Fundación Huésped.</li></ul><h2>Otras fuentes:</h2><ul><li><a href="https://www.cha.org.ar/">Comunidad Homosexual Argentina (CHA)</a></li><li><a href="https://www.afda.org.ar/?gclid=Cj0KCQjwtZH7BRDzARIsAGjbK2b5Ym3Fpy4u_964fiu425jXtAiFzl8o0nA6vJJfrCmNDBs0KtvteYcaAg-mEALw_wcB">Familias Diversas</a></li><li><a href="https://instagram.com/siendohumanes?igshid=y62ntwpc0ldi">Siendo Humanes</a></li><li><a href="https://100porciento.wordpress.com/">100% Diversidad y Derechos</a></li><li><a href="https://agenciapresentes.org/">Agencia Presentes</a></li><li><a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/guia_para_una_comunicacion_con_perspectiva_de_genero_-_mmgyd_y_presidencia_de_la_nacion.pdf">(Re) Nombrar. Guía para una comunicación con perspectiva de género.</a> Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad.</li></ul><h1>Metodología. Cómo lo hicimos</h1><p>Este artículo es el primero de una serie sobre diversidades que publicará LA NACION. El objetivo de este especial es visibilizar y concientizar sobre algunos de los principales prejuicios vinculados a la población LGBTIQA+ que siguen arraigados en nuestra sociedad y son la base de violencias y vulneraciones en el acceso a derechos de todo tipo. El mismo cuenta con las voces de algunos de las y los principales referentes de la Argentina, así también como testimonios en primera persona. Además de las entrevistas cualitativas, se realizó un análisis de datos estadísticos y una compilación de trabajos elaborados por distintas organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil. Se buscó que las fuentes fueran representativas de las realidades territoriales y culturales del país, así también como de la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género que existen. El especial cuenta, además, con una producción audiovisual para acercar las voces e imágenes de los protagonistas, donde el foco está puesto en las historias de vida y en el rol de los vínculos afectivos.</p><p><iframe class="pym lntools lntools_generic-algunas-leyes-que-protegen-a-la-poblacion-lgtbiq" id="lntools_generic-algunas-leyes-que-protegen-a-la-poblacion-lgtbiq" frameborder="0" width="100%" height="800" scrolling="no" src="https://especialeslntools.lanacion.com.ar/generic-algunas-leyes-que-protegen-a-la-poblacion-lgtbiq/index.html"></iframe></p>]]></content:encoded><media:content url="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/FPOQINK2AFATPNTU6NFDVLXQX4.jpg?auth=834fe9aedff2cc630191d8fb4cf102673b4aed41f91334995bac0abccc5bce9c&amp;smart=true&amp;width=2000&amp;height=720" type="image/jpeg" height="720" width="2000"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"></media:credit></media:content></item></channel></rss>