Ciudad sin barreras

El edificio de la Defensoría del Pueblo, un ejemplo de acceso a un público amplio
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29 de marzo de 2000  

Desde febrero último, la Defensoría del Pueblo funciona en un edificio de alrededor de 3000 m2, que en años anteriores albergó a la editorial La Urraca (conocida por el éxito de su revista Humor), en Venezuela 837 de Capital.

"El programa de necesidades exigía que el edificio reuniera todas las condiciones para facilitar el acceso de personas con movilidad reducida, así que el proyecto privilegia este requerimiento por sobre otros", aseguró a La Nación el arquitecto Pablo Di Giorgio, a cargo de la obra de adecuación y equipamiento de las oficinas, recientemente inauguradas.

La construcción consta de 3 cuerpos; el primero y el último tienen 5 niveles y se conectan por un puente, mientras que el del medio es irregular. Las 3 secciones del edificio fueron erigidas en momentos distintos y, posteriormente, remozadas en varias oportunidades.

"Antes, durante y en el final de la obra, Silvia Coriat de la Fundación Rumbos, especializada en el tema de las barreras arquitectónicas, verificó que se cumplieran todos los requisitos para garantizar el acceso a un público amplio, sin distinción de capacidades", agregó Di Giorgio.

La intervención se realizó con menos de U$S 300.000; y la necesidad de incrementar el personal y, consecuentemente, la superficie disponible surgió a partir de la modificación del organigrama producida en 1999, juntamente con la promulgación de la ley marco "Aquí trabajan entre 130 y 140 personas, aunque muchos de ellos no son personal estable, sino que son contratados para tareas específicas", explicó el doctor Héctor Masquelet, secretario general de la institución.

A grandes rasgos, la obra incluyó reformas importantes en las áreas de circulación vertical, especialmente en el ascensor, que antes se abordaba desde un primer piso; también se agrandó la cabina, para que aquellos que se trasladan en sillas de ruedas puedan ingresar sin complicaciones. Se hicieron cambios de textura en el piso con el fin de avisar a las personas no videntes que se hallan próximos a un rellano de escalera o un salto nivel; se crearon baños para discapacitados, y se construyeron rampas.

En síntesis, se trabajó en la elaboración de un contenedor sobrio, austero, que renuncia al protagonismo para secundar, desde la arquitectura, una propuesta democrática de respeto y participación ciudadana.

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