En sintonía con su entorno, una esquina recupera el dinamismo

En un reciclado con criterio contemporáneo, una heladería-café para todo público
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26 de junio de 2002  

Los arquitectos Mateo Sikorski y Gonzalo Pellet Lastra, titulares del estudio Imagen Integral, son los responsables de la realización y autores del proyecto de Persicco, antigua y tradicional heladería cuyos dueños saben que la arquitectura es tan importante como su helado. Persicco debía tener algunos elementos insignia, por repetirse en locales posteriores, y uno de ellos es el pórtico que recibe a los clientes en la esquina de Cabello y Salguero: frente a la plaza, el pórtico celebra la entrada que todo local tiene.

Para Persicco, los edificios deben tener cierto valor arquitectónico, una imagen clásica e historia, para recuperar la trayectoria de esta familia de heladeros llegados a la Argentina en 1895, que abrieron su primer comercio en La Plata en 1931 y en 2001 en Buenos Aires. Para materializar esta idea, dentro de un edificio existente recuperado en sus valores, surge el interior moderno, la imagen de la firma.

"Un edificio antiguo condiciona un espacio interior con vanos chicos -dice el arquitecto Sikorski-. La mayoría de los edificios comerciales tienen vidriera; entonces volvimos sobre el concepto de edificio comercial. Y pensamos que un local gastronómico tiene que tener el mejor living, el mejor espacio para estar y tomar café. Que aquellos que pasan y lo ven lleno quieran entrar cuando ese lugar que les gustó esté vacío", afirma Mateo Sikorski. El concepto es poder mirar hacia afuera. Y eso se logró en Persicco. Distintos sectores permiten variadas situaciones, desde la barra de helados, el amplio sector de entrada y las mesas de caoba en el área de café hasta los silloncitos del living, junto a uno de los ventanales.

"La doble altura tiene un concepto urbano -explica Sikorski-. La plaza se extiende en esta espacialidad hasta el límite, y pertenece a la vereda, a la gente que pasa, por eso ese espacio, si bien es interior, no tiene que estar nunca ocupado." Otro sector con cielo raso más bajo logra una escala más íntima. Se trabajó cada tema: la barra, el fondo de barra, la cartelería de helados -con un novedoso sistema de iluminación-, el mueble de la cafetería, todos temas con horas de trabajo de los autores.

Identificarse por forma, con sutileza

La imagen del local se logró con la repetición de formas básicas: la gota, unidad del logotipop de la firma, está presente en el solado, delimitando zonas; en la barra, y hasta en los individuales y las cajas para helado.

Todo está diseñado en modo armónico. El local es monocromático: beige, el color de la piedra París que lo reviste en interior y exterior, y hasta en los solados. Se combina allí con la madera y mármol, con incrustaciones de acero que delimitan el logo. El criterio es que resalte el producto, no el local; no hacer ruido: las cosas deben ser sutiles. Recuperar lo tradicional fue la base. La iluminación, colocada de tal modo que no cae sino en forma difusa, fue especialmente pensada. Se combinaron diversos tipos de luz con formas ingeniosas. Y los arquitectos prefirieron ambientar por forma, con sutileza.

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