"Nuestro deber es completarla"

Eduardo Catalano se refiere al proyecto original de la Ciudad Universitaria
Eduardo Catalano se refiere al proyecto original de la Ciudad Universitaria
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28 de abril de 2004  

El arquitecto Eduardo Catalano es el autor de una obra consagrada en tratados de arquitectura contemporánea de todo el mundo: la Raleigh House (1954), una casa que se apoya en dos puntos y cuya cubierta de madera no fue superada pasado medio siglo. Radicado en Estados Unidos desde 1951, estuvo en Buenos Aires en una breve visita, durante la cual mantuvo una charla con LA NACION.

-El entonces rector de la UBA, Risieri Frondizi, acudió al arquitecto Horacio Caminos (fallecido en 1994) y a usted para encomendar el diseño de un master plan para la futura Ciudad Universitaria de Buenos Aires, ¿cómo nació la idea?

-La proyecté con Horacio en Estados Unidos, donde enseñábamos y vivíamos. Por desgracia, aquel proyecto (podrá ser visto en junio en la muestra AAM, en Batimat-Expovivienda) fue víctima de la falta de continuidad política, social, económica y educacional. Sus dos pabellones (Arquitectura y Ciencias) parecen ser, hoy, dos hermanos abandonados frente al Río de la Plata por los miembros de una larga familia. Pero son dos hermanos fuertes, llenos de entereza y convicción, porque fueron proyectados para sobrevivir al paso del tiempo y los abusos diarios, incluso a los cambios educacionales y de ideas. Horacio y yo rechazamos en nuestros diseños toda anécdota visual que condujera a formas por el placer de las formas. Siempre buscamos estructurar nuestros diseños con la síntesis de lo esencial.

-¿Cuál fue el criterio básico?

-El foco de la Ciudad Universitaria es una bahía de grandes dimensiones que crea un espacio de transición entre la inmensidad del Río de la Plata y los patios iluminados en el corazón de cada pabellón; además, ese espejo de agua está rodeado por la zona cultural (biblioteca, auditorios, etcétera) que vincula a alumnos de distintas disciplinas. Quisimos crear una ciudad densa, que invite a la comunicación entre el todo y las partes. Esto es esencial en toda ciudad universitaria, si no, no es universal, como lo expresa su denominación. Concebimos los pabellones sin un programa de necesidades, lo que conduce siempre a adoptar conceptos genéricos. Lo que es mejor. Grandes espacios, estructuras de generosas dimensiones, dos núcleos de circulación y servicios bien identificados, y modularidad constructiva. La flexibilidad que esto ofrece permitió concretar dos edificios con funciones en extremo opuestas: simples, como requiere Arquitectura, y complejas, como demanda Ciencias.

-Frente a la realidad actual, ¿se podría ampliar con las pautas de Campus aplicadas en el plan original?

-Sí. Preservando el concepto genérico de los edificios para proveerle a la Ciudad Universitaria una necesaria longevidad. Y no sólo se puede completar, sino que es un deber hacerlo. Los estudiantes no pueden educarse en un vacío social e intelectual.

-Los jóvenes de hoy no son afectos a la lectura; sin embargo, no me canso de recomendar su libro La Constante como material de cabecera. ¿Qué les diría?

-En ese libro mi intención fue reducir 3500 años de la historia de la arquitectura a un concepto dominante y a tres edificios, símbolos de ese concepto. Esta es la relación indivisible, como lo es el fuego y su luz, entre estructura y espacio. Sus exponentes son el Panteón romano (126 a.C.), una catedral medieval (1450) y el Palacio de Cristal (1851). Muchos historiadores y profesores de historia conocen en detalle miles de edificios, pero desconocen sus comunes denominadores, su constante.

-¿Podría dejarnos una reflexión acerca de la enseñanza de la Arquitectura y el Urbanismo?

-La realidad nos muestra un mundo que va de la pobreza al desperdicio de recursos. Unos están en la selva o el barro; otros, en avenidas llenas de tránsito y polución ambiental. En todo el mundo, en la enseñanza de la Arquitectura y el Urbanismo sólo enseña el presente. No inspira a investigar el futuro para lograr el cambio.

Sobre los parasoles de ayer

Los dos pabellones construidos en el predio universitario de Núñez no tenían en el origen su fisonomía actual. Las cuatro fachadas de cristal estaban protegidas por parasoles verticales fijos de hormigón premoldeado.

Para los usuarios de hoy es útil aclarar que, a partir de algunas experiencias propuestas por Le Corbusier, en las latitudes más expuestas a los rayos de sol directos se popularizó el uso de pantallas fijas o movibles, horizontales o verticales.

Catalano defiende la solución de los pabellones (donde se llegó a criticar el uso de parasoles incluso en el frente que, teóricamente, no recibe rayos directos) aclarando que hacia el Sur se suele producir un reflejo en el cielo que "obliga a entrecerrar los ojos". Para mitigar ese efecto, los parasoles en esa orientación se justificaban.

Acaso la poca experiencia que había en el país en la década del 70 acerca de los premoldeados (el único que sabía de este tema -dice Catalano- era Pierluigi Nervi) originó algunas fallas que indujeron a retirar las pantallas por razones de seguridad. Un caso semejante es el de la Biblioteca Nacional, cuya imagen original tenía una visera de láminas parasoles que nunca se colocó argumentando razones de economía.

Tanto los edificios universitarios como la Biblioteca esperan el completamiento de sus fachadas aplicando las técnicas actuales para alcanzar resultados positivos.

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