Rito mendocino

La Bodega Séptima, en la Cordillera

Se aprovecha la técnica local de la pirca
Se aprovecha la técnica local de la pirca
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26 de junio de 2002  

MENDOZA (De un enviado especial).- La arquitectura gastronómica es una de las especialidades que reflejan más fielmente los cambios experimentados en tendencias arquitectónicas y tecnológicas en los últimos años, basados en la diferenciación con la competencia y en la oferta de ámbitos con valor agregado. Tanto que en las grandes ciudades, en cafés, pubs, heladerías, restaurantes o bodegas, por ejemplo, se encuentran sabores de todas partes del mundo asociados a otras actividades artísticas y culturales que nutren de nuevos significados el cotidiano rito de comer.

Como en Buenos Aires y otras ciudades del país, en Mendoza hay ejemplos ilustrativos de esta tendencia: las modernas bodegas de importantes empresas nacionales y extranjeras que conjugan, en el mismo edificio, la funcionalidad del proceso de vinificación con la recepción de turistas y la realización de comidas para promover espectáculos y lanzamientos comerciales.

En su línea de expansión internacional, el Grupo Codorniú, con 250 años de tradición en Cataluña, adquirió una finca de 306 ha en Agrelo, Luján de Cuyo, para la construcción de su Bodega Séptima y la plantación de 280 ha. Actualmente se cultivaron 100 ha con variedades malbec (34 ha), syrah (12 ha), tempranillo (20 ha), cabernet sauvignon (26 ha), tanat (3 ha) y nebiolo (3 ha), destinándose el 80 por ciento de lo producido a la exportación y el 20, al mercado argentino. El proyecto y la dirección del nuevo edificio (4500 m2) estuvo a cargo del estudio especialista local Bórmida & Yanzón, que tuvo en cuenta las premisas del cliente para fundamentar su diseño: poner en valor la identidad regional; adecuación al proceso lineal de elaboración, e incorporación de la luz natural al espacio interior.

Paralelo al camino internacional a Chile, rodeado por viñas y vegetación xerófila, se dispuso el imponente volumen (120 m de frente, 30 de profundidad y 12 de alto) que el automovilista va descubriendo en su recorrido: primero observa la fachada este, la más corta, con sus aventanamientos como grandes ojos, y luego, en el escorzo, descubre la fachada principal en toda su magnitud, perpendicular al fondo de los Andes.

Tres cuerpos componen este volumen: los dos más altos, en los extremos, fueron construidos en piedra con la técnica local de la pirca, y el otro, que sobresale del plano de la fachada, es de hormigón visto y lleva inscripto el nombre de la bodega en el acceso de público. En este punto convergen escalinatas que conducen a una terraza que mira a las viñas, y a la sala de degustación con otro gran mirador abierto hacia la Cordillera.

El fuerte contenido simbólico del exterior contrasta con la pureza industrial del espacio interior, proyectado según el proceso lineal de producción. Se dispusieron la nave de tanques, las salas de barricas y de botellas y los sectores de fraccionamiento, depósito, expedición, oficinas, laboratorio (todos en planta baja), office y sala de reuniones (primer nivel) y sala de degustación (segundo nivel).

La construcción antisísmica (realizada por Santiago Monteverdi Construcciones SA) resultó de la combinación del talud portante de piedras (de hasta 1,5 m de espesor en la base, y de 70 cm en la cornisa) con un muro y cimientos de hormigón ciclópeo.

La arquitecta Eliana Bórmida, socia del estudio Bórmida & Yanzón, explicó la utilización variada de piedras: "Nuestra intención fue resumir en la imagen de la composición arquitectónica los elementos que uno va a encontrar más adelante en la Cordillera: rocas, canto rodado, granza, arena, limo, todos son los Andes desgranados, luego de un proceso geológico milenario, que llegan a conformar los estratos de la tierra mendocina, donde se elabora el vino."

-En Bodega Salentein, otra de sus obras (ver suplemento del 6 de diciembre de 2000), el elemento simbólico está puesto en el interior del edificio.

-Al tomar un partido siempre buscamos una relación con el pasado cultural, y el tema del vino se presta para hablar de una celebración a la tierra y a la naturaleza.

La Bodega Salentein, al pie de las moles andinas, celebra a la Pacha-mama alojando la sala de barricas en un pozo, que guarda el producto del hombre en las entrañas mismas de la tierra. Bodega Séptima, en cambio, está lejos de la montaña y celebra la naturaleza en el recorrido de los turistas, a modo de procesión, que comienza por las escalinatas hasta llegar al mirador-ofrendatorio, en un ritual que simboliza la ascensión a la montaña. Por eso, el referente más cercano es el templo andino, donde siempre están presentes las escalinatas y explanadas, verdaderos espacios de sociabilidad.

Productos de una cultura integradora

"Junto con nuestros colaboradores (los arquitectos Gustavo Albera, José Tascheret, Mónica Gómez y Sonia Enriz), nos interesa el carácter integrador de la cultura andina. De hecho, nosotros somos parte de la cultura occidental europea en su versión andina. Con este criterio, en la Bodega Séptima planteamos diferentes fachadas al Norte y al Sur que, aunque reflejan una presencia inversa de la piedra, el hormigón y los aventanamientos, guardan armonía.

"El frente Sur de la nave de fermentación reformula la tipología del clásico templo europeo. Por ejempo, aparecen aberturas pronunciadamente verticales que repiten el mismo módulo pero invierten la relación de los llenos y vacíos; las calles del parral coinciden con estas aberturas que, además del paisaje, permiten el ingreso de la luz natural", concluyen los arquitectos Eliana Bórmida y Mario Yanzón.

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