Un amplio loft para comer, tomar algo y oír buena música

Es el restaurante Sucre, en Belgrano Chico, con una atmósfera tranquila
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26 de junio de 2002  

Con la idea de abrir un restaurante en un lugar de Buenos Aires fuera de las zonas establecidas como centros gastronómicos, un grupo de inversores integrado por Federico Green, Patricia Scheuer, Luis Morandi, Martín Pittaluga y el chef Fernando Trocca, eligió la manzana comprendida entre Figueroa Alcorta, Sucre, Ravignani y La Pampa, en Belgrano Chico. Así, frente a la plaza, en un predio con generosas dimensiones y muy buena orientación, surgió el restaurante Sucre, con anteproyecto del estudio Ballester-Sánchez Elía Arquitectos, y proyecto y dirección de obra del arquitecto Juan Ballester. Fueron colaboradores los arquitectos Lucas Grimaldi y Eduardo Prestía.

El programa resume las intenciones planteadas por los propietarios: cocina abierta, barra para tragos y comida rápida, y una buena bodega para vinos con capacidad y presencia. "En suma, se requería un lugar para comer bien, picar algo, tomar tragos y oír buena música", explica el arquitecto Juan Ballester.

Para responder a esta premisa, se organizó un espacio central rectangular en doble altura, que contiene el volumen de la bodega y en torno del cual se disponen diferentes situaciones para comer y tomar algo.

Espacios organizados

En el acceso, hacia el frente, se creó una zona de estar con sillones, y una gran chimenea. Hacia uno de los lados, la larga barra cubre toda la extensión del local. En el extremo, la cocina totalmente integrada al espacio público brinda al cliente la posibilidad de participar directamente de la actividad del chef.

Sobre los laterales del espacio principal se organizaron las áreas de servicio en dos plantas. Un puente que corre suspendido sobre la barra da acceso a los sanitarios y a un cuarto VIP en planta alta.

El salón central de doble altura se proyecta hacia el exterior y conforma una logia con mesas. Por medio de esta galería, elevada con respecto al nivel de la vereda para obtener mejores vistas de la plaza, se accede al local por un pórtico de hormigón armado. Esta fachada se despega de las medianeras y permite vistas hacia la plaza desde las zonas laterales, y un acceso de servicio para el ingreso de productos para la cocina.

La obra, de 570 m2 de superficie total, fue realizada por la empresa Morandi SA, que colaboró desde el inicio del proyecto asesorando sobre el sistema constructivo por adoptar, así como en la realización de las estructuras metálicas en talleres propios, para lograr mejor calidad y plazos de obra más reducidos.

El carácter; entre colores y materiales

El arquitecto Ballester define el local como un loft industrial : cubierta liviana con estructura metálica y aislación a la vista, con todas las instalaciones también a la vista para participar del espacio y caracterizarlo. Pisos de tablones de madera de lapacho y paredes texturadas proponen un ámbito cálido, que se completa con el equipamiento. El color está dado por la iluminación sobre paños de muros ámbar u ocre claro. Colaboran con el clima general los artefactos especialmente diseñados, el fondo de barra con su estantería de botellas iluminadas de 5 m de altura y elementos estratégicamente colocados.

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