Una Argentina muy diferente, en el Museo del Patrimonio

En su sede de Córdoba y Riobamba, la ampliación invita a un nuevo itinerario
(0)
29 de agosto de 2001  

Cada acción de revaloración del patrimonio que se realiza sirve no sólo para conocer algún hecho concreto, sino también para reflexionar sobre el significado integral de este patrimonio con el contexto histórico y su relación con el presente. Según explicó a La Nación el director del museo, arquitecto Jorge Tartarini, "quien visite el revitalizado Museo del Patrimonio -que funciona en el primer piso del Palacio de las Aguas Corrientes- podrá apreciar el esplendor de una época, la de la generación del 80, cuando el gobierno decidió construir un monumento de gran magnitud dedicado a la higiene pública, gracias al floreciente momento económico y a la idea de progreso que vivía entonces la Argentina".

En junio último se inauguró la ampliación del Museo del Patrimonio, que funciona desde 1996 (6319-1104/1026) y que propone al visitante un nuevo itinerario: conocer el corazón del Palacio, los 12 tanques con capacidad para 72 millones de litros, que abastecieron de agua a la ciudad, de fines del siglo XIX a principios del XX.

El edificio impresiona por su diseño arquitectónico, especialmente por la integración de una fachada lujosa con la sofisticada estructura de hierro que sostiene los tanques. Se observan también piezas originales de cerámica inglesa esmaltada, antiguos artefactos de variadas marcas y procedencias, grifería nacional e importada, mobiliario de las antiguas dependencias de Obras Sanitarias de la Nación, y uno de los archivos de planos históricos más importantes de esta ciudad.

El palacio, que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1987, está revestido exteriormente por 300.000 piezas de terracota, importadas de Gran Bretaña; tras sus muros hay una estructura de hierro de 180 columnas que albergan el gran depósito distribuidor que integraba el sistema de abastecimiento de la ciudad. Las obras se iniciaron en 1887 y finalizaron en 1894, el director fue el ingeniero sueco Carlos Nystromer, y el arquitecto noruego Olaf Boye estuvo a cargo del proyecto exterior, ambos representantes del estudio inglés Bateman, Parsons & Bateman.

Tartarini aportó otros datos curiosos: "Hasta 1970 se utilizaron los tanques como reserva; este monumento, según se pudo comprobar en la Unesco, es único en el mundo".

Dos roles y un mismo objetivo

Jorge Tartarini es director del Museo de Aguas Argentinas y, simultáneamente, investigador adjunto del Conicet, pero en ambas funciones su objetivo es la conservación del patrimonio industrial del país.

Como investigador obtuvo recientemente la beca de la Fundación Guggenheim, que tiene como finalidad promover la creatividad en distintas disciplinas. El proyecto presentado propone un relevamiento de las estaciones ferroviarias de todo el país, para ver si se pueden recuperar para uso tradicional o darles nuevas funciones (educativas o de salud, entre muchas otras). Esto se basa en una labor previa en 300 estaciones de Capital y provincia de Buenos Aires.

Según explicó Tartarini, "a fines de 2002, cuando se termine el trabajo, el informe se elevará a la fundación y se distribuirá a los organismos de nuestro país para que puedan preservar el patrimonio cultural".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?