1000 millas: clásicos en el sur

La prueba de autos históricos cumplió 25 años y lo celebró con una gran carrera.
Jorge Pandini
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23 de noviembre de 2013  

SAN CARLOS DE BARILOCHE

No fue una carrera más. Esta vez se corría la 25 edición de las 1000 Millas Sport de la República Argentina. A la tradicional camaradería, las tripulaciones extranjeras y los magníficos automóviles se sumaron, por esas cosas curiosas que ciertos números despiertan en nosotros, los recuerdos y la nostalgia.

No pasó en la edición 24 y no pasará en la 26. Pero se cumplieron 25 años de una aventura que nació en una mesa de amigos soñadores y amantes de los autos, y fue tomando forma hasta transformarse en la competencia más importante del continente.

No fue una carrera más para quienes hace años tenemos el placer de compartirla, de una u otra manera.

En cada conversación, en cada largada, en cada descanso, junto a los más de 260 corredores (entre pilotos y copilotos) estaban también los que hace algún tiempo nos dejaron, demostrando que la pasión por los autos es más fuerte que la muerte misma. Las anécdotas de Pepe Froilán González y Bitito Mieres, el entusiasmo de Lory Barra y los hermanos Dellepiane, el espíritu de Luciano Viaro y Germán Sopeña se mezclaron entre el ronquido de motores casi centenarios y cronómetros que marcaban, con la frialdad mecánica de los relojes, aciertos y errores de los competidores.

Como sucede cada año, tampoco fue una carrera más para quienes por primera vez participaban ni para los argentinos que invitados por algún amigo se sumaron a la actividad ni para los extranjeros que llegaron a la Patagonia y quedaron impactados ante un paisaje incomparable.

Emoción hasta el final

La lluvia y el frío de la primera jornada pusieron a prueba el temple de los competidores, pero a diferencia del año último, los dos días siguientes fueron de sol pleno y sin nubes.

Las 1000 Millas no es una carrera de velocidad, sino de regularidad y habilidad conductiva. Durante tres días y centenares de kilómetros, las tripulaciones deben recorrer distancias con una precisión tal que se mide en centésimas de segundo.

Hubo automóviles Bugatti, Bentley, Mercedes-Benz, Porsche, Alfa Romeo, Audi, Fiat, Jaguar, Maserati, Lotus y BMW, entre otros, de las décadas de 1920, 1930, 1950, 1960 y 1970.

Como siempre sucede, la pelea por el primer puesto se mantuvo hasta el último momento.

El último cómputo develó el misterio y el triunfo se lo llevó un binomio que parece invencible. Juan Tonconogy y Guillermo Berisso, con el Riley Sprite de 1936, se coronaron una vez más en las 1000 Millas Sport, alcanzando así su cuarto título e igualando en cantidad de triunfos a Fernando Sánchez Zinny al tope del Álbum de Oro. Además, Tonconogy se transformó en el primer piloto en ganar el mismo año los rallies de las Bodegas, de la Montaña, las 1000 Millas y también la Triple Corona.

La entrega de premios, en el imponente hotel Llao Llao fue un gran cierre para la competencia. Además de la Copa Froilán González que se llevaron los ganadores, se entregaron los siguientes premios: Luciano Viaro, a Tiberio Cavalleri-Cristina Meini; Bitito Mieres (mejor socio clasificado), a Calilo Sielecki; Gentleman Driver, a Marcelo Arguelles; Espíritu Deportivo, a Conrado Wittstatt; Escudería, a CAS AS de Pique; Copa Damas, a Valeria Beruto-Gloria Silva; Índice de Performance, a Luis Zirolli-Daniela Molinari; Padre e Hijo mejor clasificados, a Juan Acevedo-Ignacio Acevedo, y Mejor Auto de la Carrera, al Bentley 4 ½ 1928 de Federico Álvarez Castillo.

La prueba, con Audi como main sponsor, Chopard e YPF como sponsor principales y el apoyo del Ministerio de Turismo de la Nación, que invita a subir fotos de la carrera en www.facebook.com/viajaportupais

Entre los visitantes extranjeros, se destacó André Lotterer, piloto de Audi Sport, dos veces ganador de Las 24 Horas de Le Mans (2011 y 2012) con Audi.

Una competencia emocionante y autos espectaculares es lo que ofreció la 25 edición de las 1000 Millas Sport. Como dijimos, no fue una carrera más.

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