Acertada renovación: un utilitario deportivo para divertirse con dinamismo en todos los terrenos

El nuevo todoterreno liviano presenta un mejor equipo de confort y seguridad. Muestra un interior más cuidado y ergonómico. El rendidor propulsor Hd4 turbodiesel es el mismo de la versión anterior
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27 de febrero de 2004  

Luego de su presentación internacional, realizada en el último Salón de Francfort, Land Rover lanzó en nuestro mercado la nueva versión de la Freelander, uno de los primeros exponentes de las 4x4 livianas del mundo.

Este utilitario deportivo (SUV) de tamaño compacto ofrece interior y exterior totalmente modificados. En su dibujo se destaca la renovación de la parte frontal, en la que predominan los faros de doble haz (de muy buena luminosidad), con un aspecto semejante al que estrenó el Range Rover. En realidad, todos los cambios exteriores adoptan el diseño que continúa con la nueva imagen de la marca, que comenzó con el Range Rover y siguió con el Discovery.

Por eso, ahora, la forma del paragolpes y la decoración de las entradas de aire también fueron cambiadas. En la parte trasera se destacan los faros, en posición más elevada, lo que reduce la posibilidad de que se ensucien con barro o polvo, y el gran portón de apertura lateral, que al abrirse revela una superficie de carga con piso plano que llega a los 311 litros, una capacidad que si bien no descolla, puede ampliarse hasta los 1300 litros bajando (60/40) los respaldos traseros.

En el mercado local se comercializa sólo con el conocido y confiable motor turbodiesel Td4 y carrocería de cinco puertas, en versiones manual y automática, que fue con el que realizamos nuestras pruebas.

Este propulsor (usado en el modelo anterior) de 2 litros de cilindrada e inyección directa con sistema common rail tiene un rendimiento de 109 CV a 4000 vueltas, aunque la empresa anuncia 112 CV, que es lo que desarrolla con cambio manual.

Este moderno motor multivalvular mueve con soltura esta camioneta de más de 1500 kilogramos y se muestra algo rumoroso a alta velocidad. La suavidad y la progresividad se imponen a la velocidad; esto es por efecto del sistema de cambio automático Commandshift de cinco velocidades, con muy buenos desarrollos, que se puede accionar manualmente. Esta caja de cambios es una de las novedades que aporta la marca.

Los cambios no son muy rápidos, pero ayudan a sacar lo mejor del motor, que si bien no es de corte deportivo, exhibe gran dinamismo, sobre todo cuando el turbo de geometría variable se hace cargo (alrededor de las 1700 vueltas).

Las soluciones técnicas (inyección, admisión con vías de entrada dobles para lograr una mayor flexibilidad mecánica y, sobre todo, el turbocompresor) hacen que el consumo no sea mayor. En este rubro, si bien no se destaca, tampoco desentona. Es decir, lo encontramos razonables, pudiendo lograr un promedio de 10,6 litros en el circuito urbano y en ruta, con lo que logra una autonomía de más de 550 kilómetros. Nada despreciable.

El comportamiento dinámico en ciudad y ruta sigue siendo uno de los mejores puntos de este todoterreno liviano que, sin embargo, sorprende por su buen rendimiento fuera del asfalto. Esto, por supuesto, sin someterlo a exigencias extremas, algo para lo que no está pensado.

En el Freelander, la relación del grupo trasero es ligeramente más larga que la del delantero. De esa manera, siempre hay transmisión de fuerza hacia el eje trasero, aunque no haya deslizamiento en el delantero. Al no estar engranadas las ruedas delanteras y traseras no lo encuadramos entre los de tracción total permanente.

Este utilitario tiene tracción total conectable automáticamente mediante un acoplamiento viscoso y los sistemas electrónicos de control de descenso de pendientes (HDC) y el control electrónico de tracción (ETC), que equivale a un autoblocante en los ejes delantero y trasero, porque frena la rueda con mayor deslizamiento en tracción.

Por eso nos pareció que para un uso normal off-road y para transitar todo tipo de caminos, es un vehículo plenamente satisfactorio.

Confort de marcha

Con el objeto de mejorar el confort y darle mayor sensación de lujo, se nota que los diseñadores de Land Rover (en la órbita de Ford) han puesto especial interés en el habitáculo.

Esto lo consiguieron con una nueva consola, el nuevo cuadro de instrumentos, los grupos de interruptores con ubicación y accionamiento ergonómico, y los renovados interiores de puertas. Los asientos son más cómodos, con mejor sujeción lateral, y se nota más calidad en los materiales y terminaciones.

La posición de manejo (fácil de encontrar gracias a las múltiples regulaciones manuales) ahora es más elevada, lo que contribuye a la seguridad, un rubro que también ha crecido con elementos como doble airbag delantero, jaula protectora integral, cinturones de seguridad inerciales con pretensor y sistema inmovilizador de motor, entre otros.

El sistema de frenos (discos ventilados delanteros y tambor trasero) con ABS y distribución electrónica de la fuerza --EBD--) hace que la camioneta se detenga con firmeza y eficiencia en distancias cortas y sin mostrar fatiga.

Todo esto, sumado al muy buen equipamiento de confort (techo solar, sistema de audio con cargador de 6 CD frontal y control satelital en el volante, dirección asistida, levantacristales eléctricos, aire acondicionado, cierre centralizado con comando a distancia, por ejemplo) dan placer en la conducción.

En definitiva, la nueva Freelander 2004 puede tranquilamente mezclarse con el segmento de los todoterreno de alta gama. El precio (US$ 39.762) se puede justificar con la gran dotación de elementos técnicos y la muy buena mecánica, presentación, y equipo de confort y seguridad.

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