La globalización y la hazaña de nuestros Torino

Gabriel Tomich
Gabriel Tomich LA NACION
Hoy, la industria automotriz no conoce de fronteras
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17 de agosto de 2019  

Hace 50 años, un equipo de argentinos al comando de Juan Manuel Fangio se fue a Alemania con tres Torino, un auto pergeñado, desarrollado y fabricado en la Argentina, para competir en la mítica carrera de Nürburgring. De los tres autos llegó uno solo en cuarto lugar (pese a haber dado más vueltas que ninguna otra unidad, sufrió varias penalizaciones), pero plantó la bandera de una actuación a la altura de la exigencia de los vehículos de los fabricantes mundiales. La industria argentina de entonces, con la ingeniería de casi todas las marcas en nuestro territorio, demostró que podía producir un automóvil con un integración casi del 100% nacional. Pero, como ya hemos expresado en estas mismas líneas con anterioridad, ese otrora frondoso trabajo de diseño, ingeniería, investigación y experimentación se fue para otras tierras, a Brasil, en lo que atañe a productos regionales, donde también se afincaron no pocos autopartistas.

Además, en estos 50 años el mundo cambió mucho, en especial después de la caída del Muro de Berlín y la expansión del fenómeno cultural, político y económico que denominamos globalización. Un fenómeno que ha transformado todo: hoy un auto puede diseñarse en Italia y fabricarse en China con elementos alemanes o de cualquier otro país. Por eso son productos globales.

La industria automotriz argentina de hoy no escapa a esta globalización y casi todos los productos que se fabrican en el país tienen el 70% de sus partes provenientes de otras naciones. Piezas cuyo valor es en dólares, por lo que las oscilaciones de esta moneda repercuten de inmediato en los precios.

Nos guste o no, jamás se repetirán epopeyas como la de Nürburgring 1969: la globalización terminó para siempre con el sueño de los vehículos autóctonos.

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