Los intrépidosde siempre en nuestras rutas

Gabriel Tomich
Gabriel Tomich LA NACION
Faltan mejor infraestructura y controles más eficientes
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4 de enero de 2020  

Verano. Tiempo de vacaciones, de relax y sosiego, de disfrutar en familia o con amigos. Sin embargo, también es tiempo de que nuestra pobre infraestructura vial sea desbordada por miles de vehículos que se desplazan a lo largo y ancho de la Argentina, al comando de todo tipo de conductores: prudentes, tranquilos, respetuosos, atentos, intrépidos, ansiosos, arriesgados, temperamentales, alocados. Porque hay de todo en la viña del Señor.

Es así que entre la falta de seguridad de nuestras rutas (la mayoría de una sola calzada), la temeridad de algunos, la falta de pericia de muchos, el apuro de casi todos, se amasan los ingredientes del peor incidente posible: el choque frontal. El más pavoroso de los siniestro de tránsito porque, casi huelga decirlo, hay pocas probabilidades de sobrevivir.

El punto es que más allá de los controles, los operativos y las fotomultas (todo estático), el problema de la seguridad vial es mucho más amplio y pasa muchas veces por decisiones individuales. Por el tipo de conducción que cada uno adopte. ¿Qué se hace, por ejemplo, con esos que se lanzan de contramano a superar una larga caravana de autos y en el último segundo se mandan desesperados hacia la derecha buscando un hueco que obliga a frenar bruscamente a todos y, quizás, provocar un choque en cadena? ¿O con los que transitan por las banquinas? Y se podría seguir.

Mejor infraestructura (autovías y autopistas; porque ya estamos casi en la tercera década del siglo XXI) y controles móviles y activos en lugares de alto riesgo suponen una solución más adecuada para detener a los intrépidos de siempre, que pedir documentos en una zona de velocidad controlada en la que todos van despacio.

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