A las nuevas víctimas les digo que junten fuerzas: van a estar solos

Leonardo Sarmiento
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14 de junio de 2013  

Estaba en mi casa preparándome para ir a trabajar cuando ayer me enteré del nuevo accidente en el ferrocarril Sarmiento. Enseguida se me vinieron a la mente los recuerdos del 22 de febrero de 2012; ese día, yo viajaba en el primer vagón del tren que protagonizó la tragedia. Quedé atrapado en una ventanilla y tardaron cuatro horas en rescatarme. Jamás volví a usar el servicio, un poco por miedo y otro poco para cambiar de aire e ir borrando lo sucedido de mi memoria.

Ayer, las escenas que veía por televisión me recordaron lo peor de aquel momento. Fueron varias las coincidencias: la parte donde un vagón se incrustó en el otro, el tren con los mismos colores. Y el relato de los pasajeros, que hablaban de un estallido, de un ruido como una explosión y de los gritos de los otros pasajeros pidiendo auxilio. Igual que lo que vivimos quienes íbamos a bordo del Chapa 16.

Estoy muy triste y con mucha bronca. No se hizo nada en estos 16 meses que transcurrieron desde entonces, la gente viaja en las mismas condiciones.

Siento angustia por los nuevos fallecidos y una sensación de impunidad porque nadie se hizo cargo de la tragedia del 22 de febrero, y parece que tampoco van a asumir las culpas ahora. Ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner guardó silencio una vez más, como ante cada tragedia que sufre el pueblo.

Seguimos esperando que la causa judicial se resuelva lo más pronto posible, para determinar las responsabilidades. Independientemente de eso, sería muy importante que hubiera un gesto y los funcionarios responsables renunciaran, se alejaran, sin necesidad de una decisión judicial. Pero nadie se hace cargo, no sienten culpa ni por los 51 muertos de Once ni por las nuevas víctimas y todavía continúan libres.

Los sobrevivientes no vamos a bajar los brazos: seguiremos pidiendo justicia y que se termine la impunidad. Lamentablemente, la repetición de accidentes no ayuda en que podamos mantener la fortaleza necesaria para nuestra lucha.

Yo había logrado sobreponerme, eliminar los malos recuerdos, no pensar en mi difícil experiencia cada día de mi vida. Estaba mejor, pero luego de lo sucedido ayer y de todo lo que el accidente movilizó dentro de mí, siento que retrocedí casi hasta esa mañana de 2012, en la que mi traslado a la Capital se convirtió en una pesadilla.

De hecho, todavía pago con mi cuerpo las consecuencias del choque contra el paragolpes en la terminal de Once y de las horas que permanecí atrapado junto con decenas de víctimas.

Sólo hace pocos meses pude finalmente operarme de la rodilla, una cirugía de reparación de los ligamentos. Fue posible gracias a que conseguí trabajo y una obra social, en la Legislatura, por intermedio de Cristian Ritondo. Su ayuda constituyó la única ayuda que recibí del Estado después de la tragedia.

Aún tengo pendiente una segunda intervención y mucha rehabilitación con kinesiología. Deseo desde lo profundo recobrar la salud para regresar a mi anterior ocupación. Yo antes me dedicaba a la plomería, la albañilería y la pintura de manera independiente. No tenía obra social, pero tampoco la necesitaba.

Con el accidente todo cambió: por mis heridas estuve -y estoy- imposibilitado de realizar esas tareas. Imagino que muchas de las personas que ayer salieron lastimados también comenzarán un duro camino de recuperación.

Me gustaría tener palabras de aliento y buenas noticias para las nuevas víctimas del Sarmiento. Pero mi experiencia me ha demostrado que el Estado nacional jamás nos ofreció nada y la ayuda nunca llegó. Esto me impide ser optimista.

Por eso, el mejor mensaje que tengo para darles es que junten fuerzas, porque probablemente vayan a estar solos y no tengan más recursos que los propios. Lo demuestra que, al momento de escribir estas palabras, los sobrevivientes seguimos buscando respuestas.

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