Ante la gravedad del problema, la clave es una política integradora

Guillermo Tella
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26 de febrero de 2014  

Nuestras ciudades atraviesan fuertes procesos de fragmentación social y urbana. En ese contexto, el acceso a la vivienda por parte de los sectores populares, como derecho constitucionalmente instituido, colisiona con las demandas de suelo que, como bien escaso, se extingue en el mercado formal. Desde esta perspectiva, emergen respuestas espontáneas, tal como los recientes intentos de toma de tierras en barrios del sur de la ciudad.

Estos procesos de crecimiento de asentamientos informales es consecuencia directa de la dificultad que tienen grandes porciones de la población para acceder al mercado formal del suelo. La población villera, que se compone de migrantes internos, de países limítrofes y de familias porteñas que viven abruptos descensos en sus niveles socioeconómicos, encuentra dentro de las villas una alternativa habitacional que la propia ciudad formal no puede ofrecerles a través de la compra de una casa o el alquiler de una habitación.

El problema de la vivienda en las grandes ciudades está directamente vinculado al mercado formal del suelo urbano, pues implica pagar altísimos valores por metro cuadrado de vivienda construida, altos alquileres, contar con garantías y cumplir con los requisitos impuestos por los propietarios e inmobiliarias: sueldo en blanco, antigüedad laboral y hasta exigencias que cada propietario impone subjetivamente, como nacionalidad, procedencia y apariencia. Estas dificultades promueven el crecimiento de las villas, que se suman a otras alternativas habitacionales de similar precariedad, como casas tomadas, cuartos de hotel, pensiones e inquilinatos.

Una mirada inclusiva hará posible lograr cambios significativos. Las numerosas políticas habitacionales que por décadas se reprodujeron bajo diferentes formatos, a través de la financiación focalizada de viviendas o la construcción de conjuntos habitacionales y viviendas "llave en mano", más que resolver integralmente el problema generaron nuevos guetos.

Estos fenómenos revelan una intensa dinámica urbana que instaló un pujante y voraz mercado inmobiliario y especulativo. Toda intervención efectiva en las villas debería basarse en la inclusión, en la participación de la población en los procesos de urbanización y en su integración espacial con el resto de la trama urbana. Para ello, primero se las debe reconocer como parte de la ciudad.

Es necesario, pues, recuperar ese tejido social y urbano mediante políticas sostenidas que tiendan a consolidar un proceso gradual de integración y que favorezca el acceso de los sectores populares a un ambiente digno y sano. Pensar en urbanizar las villas de la ciudad de Buenos Aires es un desafío posible. Es necesario un fuerte compromiso político. Sólo resta tomar la decisión antes de que se ciernen mayores nubarrones.

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