"Campos tenía un brazo fuera de los escombros, como pidiendo ayuda"

Marcos Herrera, del cuartel de la Vuelta de Rocha, rescató el cuerpo del único bombero voluntario que murió ayer
Jael Ariadna Díaz Runza
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6 de febrero de 2014  

"Vamos, Campos. Ayudame, Campos, por favor", le gritaba Marcos Herrera, de 51 años, a su compañero, Sebastián Campos, de 32, mientras desenterraba el cuerpo, que yacía bajo los escombros de la pared que se había derrumbado sobre él y sobre Facundo Ambrosi, de 26, otro de los bomberos del cuartel de voluntarios Vuelta de Rocha.

Cuando Herrera pudo retirar el material que sepultaba a sus colegas, vio que la cabeza y la nuca de Campos estaban cubiertas de sangre y no reaccionaba. Herrera intentó reanimarlo, pero no pudo.

"Me di cuenta de que estaba muerto cuando pude liberar una parte de su cuerpo. Empecé a tironearlo, lo quería sacar a toda costa de ahí. Uno de los muchachos me pidió que me calmara. Estaba desesperado y me desmayé."

De Campos sólo se veían su brazo izquierdo y una parte de su espalda, recuerda Herrera. Minutos antes de morir, habían estado juntos, combatiendo el incendio que se había originado dentro del depósito.

"Entramos los tres: Sebastián, Miguel y yo. Empezamos a atacar el fuego y Sebastián dijo que se iba afuera para controlar la autobomba, porque él era el chofer motorista y su responsabilidad también era ver si había que mover el vehículo o asistir a otro camión, y ahí lo perdí de vista", relató Herrera.

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Unos instantes después, cayó un tinglado y se derrumbó el muro. "La Policía Federal nos pidió que retrocediéramos y que siguiéramos atacando las llamas", aseguró Herrera, que abandonó el sitio cuando llegó una nueva dotación para relevarlos. Mientras se recuperaba, oyó un segundo estruendo.

"Fue otro derrumbe. Mi jefe me dijo que buscara al resto del equipo, así que fui hacia donde estaba la autobomba para reunirlos a todos y vi que estaba cubierta por los escombros, cuando me acerqué lo vi a Sebastián sepultado, con el brazo afuera, como pidiendo ayuda", contó.

Herrera, luego de sacar el cuerpo de su compañero, se desmayó y fue trasladado al hospital Ramos Mejía. "Cuando me dieron el alta quise volver para el cuartel. Nos habían dicho que había dos voluntarios muertos, pero fue un error. El otro era Facundo Ambrosio, que está internado, con la pelvis quebrada."

Ambrosio se salvó gracias a la advertencia de Diego O'neil, uno de los bomberos presentes cuando el muro cayó. "Facundo escuchó el grito de advertencia de Diego y logró cubrirse. Además, lo ayudó el casco especial que nos donó la embajada de Francia, que es mejor -incluso- que el que usa la Federal", aseguró Ricardo Ferreira, comandante del cuartel.

Sebastián Campos es velado desde anoche en el cuartel de la calle Garibaldi 2042. La familia lo enterrará en un cementerio privado de Burzaco, junto a la tumba de Noelia, una hermana menor del hombre, que falleció a los 8 años.

"Nosotros salimos todos juntos y queremos volver todos juntos, pero nunca sabemos si eso va a pasar. Cuando se muere uno de nosotros, es como si nos hubiesen cortado un brazo. Sabemos que esto puede ocurrir, pero la vida de un bombero siempre tiene que continuar. Cada vez que alguno fallece, queda dentro nuestro para siempre. Cuando volvemos a salir para otro incendio, sentimos cómo esas personas nos siguen acompañando", dijo Herrera, mientras contenía las lágrimas.

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