Entre la percepción y la ciencia

Carlos Fernández Balboa
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7 de marzo de 2012  

Ante la noticia de que, desde diciembre hasta hoy, bajó de modo significativo la población de palomas torcazas en los barrios de Recoleta y Retiro, es necesario aclarar que biológicamente es imposible que exista una merma a simple vista notoria, excepto que haya ocurrido alguna situación de matanza intensiva u otra acción directa sobre las aves.

En ese sentido, no se efectuó la liberación de rapaces anunciada. Al parecer, el gobierno porteño está encarando las medidas de investigación para esclarecer científicamente el problema.

Posiblemente esta sensación de que las palomas desaparecieron tiene relación con una percepción de los vecinos, que antes no prestaban tanta atención al movimiento de estos pájaros, luego sí y hoy suponen que la población bajó. Más allá de que, como dije, en tres meses no puede modificarse abruptamente la población por la vía natural, en plazos más largos los disturbios profundos en el ambiente -que provocan incomodidad para nidificar o una amenaza para la supervivencia- son el principal factor de movilización de estas aves.

Así ocurrió con la colonia de palomas de Plaza de Mayo, a pesar de tratarse de otra especie, que, como consecuencia de las manifestaciones permanentes, muchas se trasladaron hacia la plaza del Congreso, donde hay menos movilizaciones y a la vez una mayor superficie.

Por otro lado, entre los factores que favorecen la propagación de las palomas son la ausencia de predadores naturales y la alta disponibilidad de comida, tanto por la basura como por su alimentación directa.

Lo importante sería, antes de establecer alguna medida drástica para combatirlas, realizar un estudio poblacional científico. Un diagnóstico que determine tanto los perjuicios que provocan como acciones para neutralizarlos. El gobierno porteño está en ese camino.

El autor es coordinador de Educación de la Fundación Vida Silvestre

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