Las esperas sin sentido son un factor de riesgo

Alfredo Cia
(0)
25 de enero de 2015  

Los largos viajes para atravesar los conglomerados urbanos, muchas veces agravados por bloqueos en autopistas o vías de acceso, el hacinamiento en los medios de transporte público, las demoras injustificadas para realizar un trámite o la espera del resultado de un estudio o análisis complementario crucial para nuestra salud se han convertido en factores de riesgo para nuestra calidad de vida.

En las grandes urbes latinoamericanas, estas circunstancias, frecuentes e inevitables, han comenzado a generar respuestas variadas que, según el temperamento de cada persona, se presentan como ansiedad, desasosiego e impaciencia intensa, pudiendo llegar a convertirse en síntomas somáticos como hipertensión, gastralgias, contracturas y cefaleas, deseo de huida o escape, pudiendo desatarse estados de irritabilidad, rabia, intolerancia o reacciones violentas. Y si estas situaciones persisten, instalarse estados de cansancio crónico, resignación o indiferencia.

Estas condiciones adversas inciden negativamente en nuestra salud física y mental. Sin embargo -vale la salvedad-, las manifestaciones resultan variadas según los antecedentes personales y la vulnerabilidad específica de cada persona. De todos modos, cuanto más desfavorables se presentan las condiciones de vida y el entorno psicosocial, aumenta considerablemente para todos los sujetos la posibilidad de padecer trastornos como crisis de angustia, pánico, depresión o trastornos somáticos o de conducta.

Estar inmersos en un entorno agresivo e impredecible, con condiciones culturales de anomia creciente, o sentir la amenaza permanente de sufrir posibles delitos intensifica, en todos los estratos sociales, el peligro latente del deterioro de la salud por la aparición de múltiples manifestaciones mentales.

La presencia prolongada de estos factores estresantes se pone de manifiesto en, por ejemplo, la disminución del rendimiento laboral o académico, la insatisfacción en las relaciones sociales y problemas emocionales como irritabilidad, ansiedad excesiva, ánimo depresivo, llanto y desesperanza. Por desconocimiento, miedo o vergüenza, muchas personas recurren equivocadamente a la automedicación o al consumo excesivo de alcohol u otras sustancias.

Hoy existen diversos espacios para una consulta oportuna a un servicio de salud mental cuando se detecta la presencia de alguno de estos síntomas o perturbaciones psicosociales. Allí se puede acceder a un diagnóstico y tratamiento integrados, con cambios en los hábitos vitales y adquisición de recursos de afrontamiento para aliviar las consecuencias psicológicas de estos síntomas y patologías emergentes en este siglo.

Psiquiatra, presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.