Modernizar y conservar el valor

Ana María Carrió
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10 de junio de 2013  

¿Es posible modernizar la ciudad sin alterar el patrimonio histórico?

Modernizar el patrimonio histórico y conservar su valor es posible, no sólo en edificaciones, sino también en intervenciones urbanas como en la calle Bolívar. En cuanto a las primeras, hay antecedentes de intervenciones muy bien logradas sobre edificios protegidos, que podrían aplicarse a escala urbana.

Los ejemplos son numerosos: el Hotel Patios, en San Telmo; el Edificio Alsina 771; el Edificio Defensa 267, o la Fundación Cassará, sobre la Avenida de Mayo, entre otros. Muchos han sido premiados por la Dirección General de Casco Histórico y la Sociedad Central de Arquitectos.

La experiencia nos dice que hay que renovar, sin caer en la colocación de "falsos antiguos". Que lo nuevo represente la época actual no supone una falta de consideración de lo existente, sino, por el contrario, hace dialogar a lo nuevo con aquello que se desea conservar. Así se expresa la riqueza de una verdadera puesta en valor.

En intervenciones como la de la calle Bolívar debería verificarse esta misma vocación de combinar lo nuevo y lo viejo con buen gusto, de cuidar los detalles y poner atención a los requerimientos esenciales del nuevo uso que va a darse a la calle.

Cuando lo existente dialoga con lo nuevo, se resignifica y proyecta hacia el futuro el pasado que se valora en el presente. Si se logra este delicado equilibrio, estaremos frente a una intervención de puesta en valor. Y para tomar dimensión de dicho valor, vale recordar que en la calle se encuentran, además de edificios protegidos, restos arqueológicos de alto valor patrimonial como los que encontraron el arquitecto Daniel Schavelzon y su equipo del Centro de Arqueología Urbana de Universidad de Buenos Aires en el Edificio Bolívar 373.

La transformación de Bolívar en un uso peatonal es un buen planteo para las tres cuadras que van desde la avenida Julio A. Roca hasta Belgrano. Sin embargo, la nivelación de la calzada ofrecería al menos dos desafíos. Por un lado, la desaparición de la vereda podría tener efectos no deseados como la ocupación por venta callejera. Si bien se marcará una distinción entre la antigua acera y la calzada con cambio de materiales, la vereda como hecho espacial desaparecería. Por otro lado, deberá prestarse mayor atención a la limpieza de la calle, ya que la acumulación de basura podría obstruir las rejas proyectadas como solución técnica de desagües pluviales.

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