Sputnik V: "En 42 días voy a poder abrazar a mi mamá", el anhelo de una enfermera vacunada

Primera enfermera vacunada en el Hospital Argerich.
Primera enfermera vacunada en el Hospital Argerich. Crédito: GCBA
María Ayzaguer
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29 de diciembre de 2020  • 11:47

En el Hospital Argerich, en el barrio de la Boca, hoy hubo vacunas sin llantos y pacientes que llegaron sin sus padres: son los trabajadores de la salud que acudieron al primer día de vacunacióncontra el coronavirus.

Entre ellos estaba Karina De La Iglesia, jefa de Enfermería de la Unidad de Terapia Intensiva B del hospital. "Creo que es el principio del fin del maldito coronavirus", dijo, visiblemente emocionada, minutos después de recibir la primera dosis de la vacuna Sputnik V. A su lado y en simultáneo, cuatro compañeros que también están en la primera linea de lucha contra el coronavirus recibieron su pinchazo.

Karina, que trabaja en el Argerich desde el 2011, reside en Lanús y convive con sus padres. "Mi mamá está atravesando un cáncer de mama y está inmunosuprimida. Te imaginarás la incertidumbre de cada día de estar llevando el virus a casa: hace nueve meses que no la beso ni abrazo", cuenta por teléfono.

Ese reencuentro deberá esperar un poco más: la inmunización completa se logra luego de la segunda dosis de la vacuna, que se puede aplicar recién dentro de 21 días. Según detalló esta mañana el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, el segundo componente de la vacuna llegará a lo largo de la primera quincena de enero cuando lo disponga el Ministerio de Salud de la nación.

"Estuve estudiando mucho sobre la vacuna y prefiero ser prudente: voy a esperar hasta el día 42 para volver a abrazarla. A esta altura no me cuesta nada esperar un mes más", explica Karina. Su marido también es enfermero y según expresó, "cree 100% en las vacunas". Así se refirió a cierta controversia que existe en algunos sectores respecto de la calidad de la vacuna rusa.

El año más duro

"Hace once años que trabajo en terapia intensiva y como este no hubo ninguno", cuenta De La Iglesia. Según explicó, desde que se desató la pandemia en su sector se disparó la incertidumbre y el miedo. "Los primeros casos fueron un total desconcierto y enfermería tuvo que reinventarse por completo. No fue fácil, el enfermero terapista pasó de hacer un trabajo completamente individual a trabajar en grupos de a dos o tres con protocolos nuevos y extremando los cuidados", cuenta.

¿Qué representa la vacuna para ella? Esperanza. "Siento que cruzamos la línea y le avanzamos al virus. Es la cuarta pata que faltaba, pero tenemos que seguir con el distanciamiento, el uso de tapabocas y el lavado frecuente de manos. Es importante concientizar y que también perdamos el miedo".

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