Los objetos centenarios y de culto que desaparecerán con el cierre de la Línea A

Vagones de madera, puertas que se abren manualmente, espejos dentro de los coches, boleterías como esculturas serán parte de la historia cuando mañana comience el reemplazo
Mauricio Giambartolomei
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11 de enero de 2013  • 10:32

Mañana dejarán de funcionar los históricos vagones de madera de la Línea A de subte que darán paso a las nuevas y modernas unidades chinas , más confortables y seguras, aunque menos pintorescas que las centenarias.

Durante toda la jornada los 55 vagones de madera, puestos en funcionamiento en 1913 y construidos por la compañía belga La Brugeoise, realizarán sus últimos viajes por las vías que unen las estaciones Carabobo y Plaza de Mayo.

Los coches Le Brugeoise son en total 95, pero solamente 55 están en funcionamiento: 33 están rotos y 7 se encuentran en mantenimiento. La vida útil de un vagón, según los expertos, debería ser de 30 años , en promedio. Los viejos tienen 99.

Los rieles, ubicados por debajo de las avenidas Rivadavia y De Mayo, despedirán así a los coches más antiguos del mundo, los que le dieron vida a la primera red de subterráneos de América latina.

"El plan consiste en el retiro de los 55 coches Le Brugeoise de 100 años de antigüedad que hoy están funcionando para reemplazarlos por 45 nuevos coches con aire acondicionado y la más moderna tecnología", afirmó tiempo atrás Juan Pablo Piccardo, el presidente de Subterráneos de Buenos Aires (Sbase).

Northern Locomotive and Rolling Stock Industry es la empresa china que construyó las nuevas unidades por las que se invirtieron unos 100 millones de dólares. Antes de empezar a funcionar deberán hacer pruebas de circulación de entre 500 y 2000 kilómetros; además se les deberá instalar el sistema de señalamiento o paratren.

Los 95 coches de Le Brugeoise saldrán a la superficie por Primera Junta y serán trasladados hasta el Taller Polvorín. Con ellos se irá la historia de los asientos de madera, el cierre manual de las puertas, las lámparas dentro de los vagones con espejos que transportaron a millones de pasajeros, de diferentes épocas: los primeros, vestidos con impecables trajes, sombreros o polleras trabajadas con finura; y los últimos, sumergidos en los Ipads o smartphone, ajenos al bamboleo crujiente de las formaciones.

Hace poco más de un mes la red de Subte de la Ciudad cumplió 99 años en medio de un interminable debate por el traspaso , la negociación paritaria de los trabajadores, los paros y un escenario de conflicto.

Los cambios, a pesar de estar programados para modernizar la flota, no dejaron de generar polémica. Son 21 comerciantes y 25 puestos de diarios y revistas los que trabajan en las 16 estaciones de la línea que se opusieron al cambio.

También se alzaron voces en contra en redes sociales donde varias asociaciones pidieron por la continuidad de los vagones de madera. "Decile no a la remoción de los vagones más hermosos y antiguos del continente. Pertenecen al patrimonio cultural de la ciudad", insta en Facebook el grupo llamado Postproducción Fotográfica .

Algunos en contra para que no se altere su ingreso de dinero; otros en defensa de lo que consideran patrimonio histórico de la Ciudad.

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