Todos los conflictos siguen abiertos

Ángeles Castro
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22 de mayo de 2012  

El millón y medio de usuarios que toman la red se subtes a diario sin duda festeja desde ayer la cancelación del anunciado paro por 72 horas. La mala noticia para ellos es que el acuerdo alcanzado entre las partes en pugna ante el Ministerio de Trabajo sólo puede leerse como un paréntesis, pero de ninguna manera como una solución a los problemas de fondo.

Ayer, los empleados del subte lograron que Metrovías convalidara un aumento promedio de entre el 10 y el 15% –según la categoría– en los sueldos. No obstante, las tratativas no ocurrieron dentro de la negociación paritaria, que quedó postergada para agosto; la oferta y la posterior aceptación de los líderes de la UTA y los metrodelegados fueron simplemente un parche, que cumplirá con la función de evitar el paro de tres días, pero perderá toda utilidad cuando llegue agosto y los involucrados vuelvan a sentarse a una misma mesa.

Para entonces, probablemente los gremialistas retomen la extorsiva amenaza de frenar un servicio indispensable para más de un millón de pasajeros.

Nada se resolvió ayer tampoco respecto del traspaso del subte, pese a que un representante del gobierno de la ciudad participó de la reunión en Trabajo. La Casa Rosada y Mauricio Macri siguen jugando a eludir las responsabilidades que sobre la prestación asumieron oportunamente, el Estado nacional por la firma del contrato de concesión con Metrovías y el porteño por la adhesión a un acta acuerdo que le cedió la potestad tarifaria y el control del servicio.

Mientras las autoridades se hacen las distraídas, en los andenes los usuarios son víctimas del abandono y de la inseguridad. Precisamente, la falta de inversión en la red de subtes y la indefinición sobre la custodia de las plataformas son otras dos deudas pendientes.

De los 2500 millones de dólares de desembolso necesarios para poder mejorar y modernizar el subte para que alcance los estándares internacionales de confort y seguridad, nada se habló en la víspera.

Mucho menos dialogaron los gobiernos nacional y porteño –un binomio en el que, en rigor, el diálogo no existe– respecto del servicio de policía en el subte, que cíclicamente estalla cada dos o tres meses cuando la Nación insiste en el retiro de la Federal y la Ciudad se niega a desplegar a la Metropolitana.

Todos los conflictos siguen latentes. Sólo se abrió un paréntesis.

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