Un diálogo que rompe la indiferencia mutua

Andrés Franco
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31 de octubre de 2013  

Ver, sentir y palpar espacios de participación ciudadana caracterizados por el encuentro y el diálogo entre jóvenes y adolescentes no es frecuente, más si consideramos que este encuentro se fundamenta en la preocupación de uno por el otro.

Durante cuatro meses, más de 400 voluntades jóvenes salieron al encuentro de 1100 chicos que viven en villas y asentamientos de la Capital y el Gran Buenos Aires. Este encuentro fue voluntario, con participación ciudadana pura y genuina.

Del lado de los jóvenes, la predisposición para escuchar a los chicos y las chicas de villas y asentamientos, compartir sus anécdotas, discutir sus ideas y propuestas. Del lado de los adolescentes, ser escuchados por otros ciudadanos, sentir que sus palabras valen y tienen peso "más allá de la villa", que sus sueños y sentimientos son como los de cualquier otra persona.

El resultado de esta encuesta inédita está compilada en la publicación Las Voces de los Adolescentes en Villas y Asentamientos de Buenos Aires. Esperamos que llegue a todos los sectores de la sociedad, sobre todo a los adultos, que, en definitiva, son los responsables de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos.

Los chicos viven hacinados, hablan de violencia en la casa y en la calle, de dificultades para terminar la escuela a pesar de confiar en la educación como herramienta de ascenso social. Más de la mitad de los adolescentes que afirmó haber sido víctima de un robo o hurto se traslada más de 16 cuadras para ir al colegio, y en casos extremos mencionaron haber recibido disparos o haber quedado atrapados en un tiroteo.

Y, sin embargo, los jóvenes valoran el barrio, confían en sus vecinos y apuestan al futuro con optimismo. ¿Qué más dicen los chicos? Que la mamá suele ser la principal sostén y compañera para confiar a esa edad; que a los amigos o conocidos los contactan a través de las redes sociales; que la escuela y la familia son ejes centrales en la vida; que muchos sueñan con ser médicos o docentes para servir a la comunidad; que a la hora de identificar lo que no les gusta aparecen la exclusión, la marginalidad, la inseguridad y, por sobre todo, la pobreza.

Desde Unicef y Techo estamos convencidos de que esta encuesta amplifica su voz, la voz de algunos de los adolescentes más postergados que nacen y crecen bajo el estigma y la indiferencia de gran parte de nuestra sociedad.

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