Un sitio que nos vuelve a conectar con el universo

Alejandro Gangui
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24 de febrero de 2017  

¿Quién busca, como yo, tus muertas horas ¡oh, noche!, y tus estrellas, fingiendo que son ellas las lágrimas de luz con que tú lloras? Manuel M. Flores (La noche, 1874)

Las estrellas son más que lágrimas de luz que nos regala la noche. Pero las grandes ciudades lentamente nos han ido robando ese regalo. Imaginar el cielo, percibir sus cambios lentos y tranquilos, estas y otras actividades se han vuelto cada vez más raras para quienes vivimos dentro de la burbuja ciudadana. Quienes nos resistimos a este destino miramos con cariño a los planetarios. Son como las cuevas de los milagros. Nunca estamos seguros de con qué se nos sorprenderá, pero entramos en ellos con curiosidad y siempre nos vamos con la mente en ebullición de imágenes.

Cuando empieza el espectáculo, nos olvidamos de la ciudad. La inquietante oscuridad de ese nuevo cielo se cubre de una miríada de estrellas. Como por arte de magia, percibimos sus luces, titilantes, como fuegos lejanos que pueblan el firmamento y que se distribuyen por esa invisible bóveda que nos rodea.

El Planetario es, sin dudas, un lugar para el asombro y para despertar la curiosidad. Pero es, además, un aula abierta al cielo, donde niños y grandes pueden plantearse nuevas preguntas sobre lo que perciben, y todo de manera lúdica y atractiva.

El cielo de hoy, el del día en que yo nací, cualquier cielo que imaginemos, el proyector del Planetario lo puede mostrar. Con su ayuda también podemos viajar por todo el globo terrestre. Presenciar, por ejemplo, un amanecer en París, y ver cómo el sol se despega del horizonte hacia la derecha, mientras que aquí en Buenos Aires lo hace hacia la izquierda.

Los planetarios son fundamentales para la divulgación de los conceptos básicos de la astronomía y de la ciencia en general, ya sea que pensemos en el movimiento de los astros, que conjuga la matemática y la física, o en la biología y la química atmosférica de los tan novedosos exoplanetas. El escenario natural para comenzar a hacerse preguntas es un diáfano cielo estrellado o, a falta de éste, un planetario. Son sitios únicos y que, al menos por un rato, nos vuelven a poner en contacto con el universo.

El autor es investigador del Conicet y escribió Entre la pluma y el cielo. Ensayos e historias sobre los astros

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