Una tarea regulada a fuerza de tragedias

Eugenio Samino
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9 de junio de 2012  

En geriatría hubo varios "Cromagnones" olvidados. En la ciudad hubo sucesivas tragedias en una actividad que fue regulada sólo en 2000.

El Estado de la Ciudad empezó a controlar la situación de los geriátricos en 2002, luego de la catástrofe del geriátrico de la calle Superí, donde murieron cinco abuelas. A partir de esa tragedia, se redactó la ley 661, que está en vigor. Recién fue reglamentada en 2005, cuando murieron otras dos abuelas en un geriátrico de la calle Saavedra de forma muy parecida a lo que vimos ayer.

La ley reglamenta la cantidad de metros, los detalles de infraestructura y lo que tiene que ver con la cantidad de personal y los mecanismos de atención. La Ciudad los controla, y los que tienen camas contratadas por el PAMI también reciben auditorías.

Con esta ley pasó algo particular. Al momento de ser promulgada, había cerca de 1000 geriátricos en la ciudad. Cuando se reglamentó, quedó la mitad: hoy no llegan a 600. ¿Qué pasó? Los que no se adecuaron a la norma no dejaron de ser geriátricos, sino que pasaron a funcionar clandestinamente.

Es muy difícil saber cuánta gente vive en esos "geriátricos truchos". Como la ley considera geriátrico al establecimiento con más de cinco personas, muchos reciben a tres o cuatro, y así escapan de la ley. Mientras tienen abuelos autoválidos no pasa nada, pero cuando empiezan a deteriorarse, surgen los problemas graves.

El otro gran tema es que no hay camas suficientes para el requerimiento de la ciudad, tanto a nivel privado como público.

Si se considera que un geriátrico privado puede costar entre 6000 y 7000 pesos, ¿cuántas familias pueden pagar esa suma? Con el agregado de que en mayo de 2002 el decreto de emergencia sanitaria, que agrega el Plan Médico Obligatorio, exime a las obras sociales y prepagas de la internación geriátrica; es la familia la que debe afrontar el pago. Y el sistema clandestino se alimenta de estas situaciones.

Uno de los graves problemas que encontramos cuando hacemos operativos y clausuramos los "geriátricos truchos" es qué hacer con los abuelos. Van al hospital de agudos para ser compensados, pero a la semana les dan de alta y regresan al sistema clandestino.

Hay una enorme escasez de camas y en la ciudad tenemos una población envejecida. La internación geriátrica es prácticamente una internación de urgencia: cuando se llega a ella, es porque se agotaron las posibilidades anteriores.

Hay dos víctimas en el sistema: la gente que trabaja en los geriátricos y los abuelos.

Esta es una tarea de muy baja calificación. El trabajo con adultos mayores genera un deterioro muy grande si no se lo hace con técnicos especialistas y con una adecuada rotación de personal. El problema al que muchas veces nos enfrentamos es que en el sector de atención a la gente mayor muchos buscan personal barato y esto, como es fácil comprender, deriva en que frente a los pacientes haya gente sin la capacitación adecuada.

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