
La existencia de una novilla cuya piel está pigmentada de color rojo tiene para la religión judía un significado simbólico y ritual muy particular, ligado a la purificación y a la preparación para la llegada del Mesías. Con gran habilidad la realizadora Barkai utiliza esta creencia para vincularla con la forma en la que una adolescente -no por casualidad, pelirroja- arriba no solo a una inclinación sexual sino también a un atisbo de posición respecto del ámbito en el que la está criando su viudo padre.
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