Aconsejan moderación a la hora de sentarse a la mesa navideña

Los especialistas recomiendan menos grasas y alcohol, y más alimentos frescos
Valeria Shapira
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23 de diciembre de 2001  

No es un fin de año de vacas gordas. Pero aun en período de crisis y austeridad, la mesa navideña que mañana reunirá a las familias seguramente tendrá parámetros que, al igual que en tiempos mejores, no siempre se adecuan a lo que el organismo de los seres que viven al sur del Ecuador es capaz de soportar.

"La problemática de las fiestas de fin de año, en relación con lo que la gente come, está basada en tres cuestiones: la calidad de los alimentos -privilegiamos las grasas y la comida hipercalórica, como si viviéramos el invierno del hemisferio norte-, la cantidad (generalmente excesiva) y las condiciones de conservación, ya que muchas veces dejamos el camino libre a los micoorganismos que pueden contaminarla y luego causar trastornos gastrointestinales", según explica el doctor Jorge Dávolos, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Italiano.

Los malos tragos hacen temblar balanzas: carnes con abundantes salsas, confituras y alcohol son algunos de los alimentos que hacen de las cenas de fin de año una carga pesada para el aparato digestivo. Un cálculo rápido resulta ejemplificador: 14 almendras, 4 nueces, 2 rebanadas finas de pan dulce, 20 gramos de turrón y una copa de champagne dulce suman 767 calorías. Sin contar, claro está, la entrada, el plato principal y el postre. Mientras que, según la licenciada en nutrición M. Emilia Mazzei, del Grupo Educador en Salud y Alimentación (GESA), "en un plan de alimentación normal, de unas 2000 calorías diarias, una cena oscila entre 600 y 700 calorías".

Pero el exceso no sólo atenta contra la hebilla del cinturón: "Las comidas altas en grasas producen digestión lenta y provocan distensión abdominal y disconfort. Los hidratos de carbono provocan fermentación en el nivel intestinal. El alcohol produce una depresión general que se traduce en una pérdida de reflejos", afirma Dávolos.

En estos días de calor y humedad, las bacterias no necesitan de Santa Claus: su mejor regalo son los alimentos que pasan horas sobre la mesa o están mal conservados. "La gente suele preparar comida en los días previos, pero es mejor consumir alimentos frescos. Por otro lado, si se sirve una hora antes de que lleguen los familiares y se la deja por varias horas fuera de la heladera, las bacterias pueden reproducirse -advierte el gastroenterólogo-. Si a esto se suma que la comida del 24 y la del 31 de diciembre suelen ser el almuerzo del 25 y del 31, en caso de haberse contaminado puede producir cuadros de intoxicación".

Según Mazzei, "una bacteria que ha ingresado en un alimento, a las 2 horas se multiplicará en 64; a las 4 horas, en 4000 y a las 6 horas, en 260 mil". Entre los alimentos más fáciles de contaminarse están las carnes con salsas, las cremas, la mayonesa casera, la papa y el arroz. Eso no significa que necesariamente ocurra una contaminación porque hay medidas preventivas para evitar que el aparato digestivo se queje por no dar abasto.

Cuando sucede, "el cuadro típico de contaminación es de vómitos, diarrea y, en algunos casos, temperatura. Generalmente, las diarreas son autolimitadas (se curan solas). En estos casos no es aconsejable tomar productos que frenen la motilidad intestinal. Conviene hacer una dieta líquida y consumir bebidas bicarbonatadas o con electrolitos. Si persiste, aparecen dolores o temperatura alta, es mejor consultar", dice Dávolos.

Lo ideal, aconseja la licenciada Mazzei, es comer poco y preferir ensaladas y frutas. Un secreto, sobre todo efectivo para aquellos que siguen un plan de alimentación bajo en grasas, es "tomar jugo de limón con soda o un té de limón, antes y después de las comidas. El limón ayuda a que la vesícula y por ende el hígado puedan fabricar y liberar mejor la bilis, necesaria para la digestión de las grasas. El día después "conviene tomar un desayuno natural, con frutas y jugos, que ayudan a regular el equilibrio de los líquidos en el organismo. Además, como contienen vitaminas y minerales, son útiles para contrarrestar los excesos de proteínas y grasas", recomienda .

Un documento difundido por la Clínica Mayo, de los Estados Unidos, advierte que "es posible mantenerse alejado de los excesos". Lo importante es planificar qué y cuánto se va a comer... y respetarlo. Agrega, además: "Frecuentemente nos sentimos presionados por nuestras circunstancias. Algunos beben, otros comen excesivamente, como una manera de disminuir la ansiedad". Pero aun en tiempos de crisis y angustia, "el recuerdo más importante será el tiempo compartido con los seres queridos, y no la comida o los regalos".

Cómo evitar trastornos durante las fiestas

Comida: debe ser preparada, en lo posible, el mismo día 24 y hay que llevarla a la mesa en el momento en que comienza la cena.

Bebidas: si se guardan bebidas en la heladera, conviene lavar los envases para evitar que los microorganismos contaminen la comida.

En la mesa: comer moderado y en forma balanceada, e incluir comidas poco elaboradas. Es aconsejable servirse porciones pequeñas.Alcohol: prestar atención a su consumo, y recordar que es la principal causa de accidentes en las fiestas.Molestias: si aparecen problemas gastrointestinales, realizar una dieta líquida y, en caso de fiebre o vómitos, consultar con un médico de guardia o el de cabecera.

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