Algunas ideas sobre la saciedad

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3 de mayo de 2003  

Los especialistas advierten que hay que tener cuidado con esta pulsión instintiva que nos lleva a consumir más en invierno, sobre todo con los productos que tienen alta concentración de calorías en poco volumen, como el tentador chocolate.

En cambio, en ciertas regiones de nuestro país, como la Patagonia, donde las personas suelen pasar mucho tiempo caminando en contra del viento, se calcula que el gasto metabólico aumenta casi un 20% en invierno. En estos casos, la reposición calórica no sólo es inocua, sino imprescindible.

La sensación de bienestar que experimentamos cuando bebemos algo caliente en invierno tampoco tiene correlato con la necesidad orgánica, ya que inmediatamente "nuestro organismo equipara esta temperatura del líquido que ingresa con la corporal", explica la presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición.

Costumbres al plato

La mayoría de los motivos que nos llevan a consumir comidas o bebidas calientes en invierno son también de tipo sociocultural.

Explica la doctora Velia Lšbbe, de la SAN, que "cualquier ama de casa sabe que en verano, el horno mejor ni encenderlo. Pero en invierno, que la cocina esté encendida es un plus de bienestar".

En cuanto a las infusiones, que mutan de los helados jugos bebidos en vasos transparentes en verano a los cálidos jarritos de cerámica con sus sabrosos y humeantes tes o cafés, cabe señalar que a pesar de que nuestro cuerpo los sienta más pesados, hay buenas noticias para quienes cuidan la línea: "Ningún alimento caliente tienen más calorías que su similar frío", asegura Lšbbe. Lo que sucede es que mientras que los líquidos helados estimulan el peristaltismo ("aceleran la digestión"), los alimentos calientes pasan más lentamente del estómago al intestino, y esto provoca mayor sensación de saciedad.

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