Cómo afrontar la "depre" de fin de año

Especialistas en salud mental aconsejan estrechar los vínculos afectivos como estrategia para evitarla
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25 de diciembre de 2001  

En estos días, las pocas hojas que le quedan al almanaque nos obligan, muchas veces sin quererlo, a realizar un balance de lo acontecido durante el año en nuestra esfera personal. "En las fiestas de fin de año hacemos nuestro balance -confirma el doctor Luis Hornstein, secretario científico de la Sociedad Psicoanalítica del Sur-: diferencia entre lo anhelado y lo logrado, relaciones afectivas, expectativas concretadas, frustraciones, ilusiones."

Pero esta revisión de lo vivido no siempre arroja un saldo positivo, u otras veces no somos capaces de rescatar aquellos momentos, logros o proyectos capaces de demostrarnos que los 365 días del año que se escapa no han pasado en vano por la puerta de nuestra casa. Es en estos casos en los que sobreviene la clásica depresión de las fiestas, más conocida como la "depre" de fin de año.

"Es habitual que nos pongamos tristes o melancólicos en medio de este espacio festivo -dice el doctor Alfredo Cía, presidente honorario de la Asociación Argentina de Trastornos de la Ansiedad-, puesto que al fin de cada año experimentamos el vacío que generan las ausencias, las postergaciones y los objetivos incumplidos, los problemas afectivos sin resolver o, simplemente, los inconvenientes cotidianos."

Aun así, existen sencillas medidas que permiten ahuyentar la depre de fin de año, malestar que sin ser invitado a las fiestas suele sentarse tanto a la mesa navideña como a la que despide el año viejo y recibe al que llega.

Dos caminos

"Todo balance nos enfrenta con la realidad de lo que somos y con la diferencia de lo que hubiéramos podido ser -afirma el licenciado Hugo Litvinoff, psicoanalista titular en Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina-. Si la persona tiene además una tendencia depresiva, pondrá el acento en lo que no ha hecho, en lo no logrado y el resultado será dañino para su estructura psíquica."

Pero, continúa, "si por el contrario es capaz de conectarse con las cosas que logró, estará en mejores condiciones para aceptar sus limitaciones y en lugar de martirizarse con lo que no hizo se dispondrá a elaborar proyectos para el próximo ciclo".

Bien vale el esfuerzo elegir el camino que conduce a la elaboración de nuevos proyectos, pues en el otro sendero acechan los síntomas psicológicos y físicos que conlleva la depre de fin de año. Estos van desde el decaimiento, el desgano y el cansancio hasta la más franca desesperación, pasando antes por la apatía, la tristeza, la desesperanza, la pérdida de placer y la falta de expectativas futuras, enumera el doctor Cía.

"Mucha gente, cuando se siente deprimida, tiende a aislarse -afirma Litvinoff-. Nada más equivocado: hay que juntarse. Y no sólo porque las penas compartidas son más fáciles de sobrellevar, sino porque además el entusiasmo y la buena onda también se suman."

Un diciembre distinto

Sin embargo, todo hace suponer que esta vez habrá que extremar todo intento de defensa de nuestro estado de ánimo. Para este psicoanalista,"en estos días la angustia de verse empobrecido, el temor a perder lo que aún queda y la desconfianza respecto del futuro de los hijos han arrasado con la famosa depre de fin de año, relegándola a segundo plano".

"Desde que tengo memoria, es la primera vez que a estas alturas de diciembre mis pacientes y la gente en general hacen tan poca referencia a las fiestas -continúa Litvinoff-. Lo que predomina es el sentimiento de que estamos viviendo situaciones demasiado graves como para andar pensando en fiestas y reuniones."

"En la Argentina de hoy, el acto de celebrar se plantea como un interrogante: ¿qué celebramos? -coincide el doctor Cía-. Las festividades se han visto ensombrecidas por los hechos recientes y, en consecuencia, los sentimientos se trastruecan. La alegría, el entusiasmo, la vitalidad han dado paso a la incertidumbre, la melancolía, la angustia y el temor."

"Entre quienes piden ayuda terapéutica -agrega el doctor Hornstein- predominan en proporción abrumadora (como sucede en épocas de catástrofe) dificultades en la autoestima y la identidad, trastornos del sueño y del apetito, apatía, ausencia de proyectos, crisis de ideales y valores, trastornos corporales."

"En estas circunstancias, la función de la cultura es proveer recursos psicosociales y rituales que tienden a colaborar en la recuperación, como fue el cacerolazo", afirma Cía, para quien la acción cívica compartida tiene un rol crucial: "Permite cambiar una actitud pasiva por otra más activa, y una visión desesperanzada por otra más optimista. Esto admite la posibilidad de vislumbrar una salida y, así, intentar la reconstrucción de los daños que suceden a una situación caótica".

"Desde lo estrictamente psicológico -agrega el licenciado Miguel Espeche, coordinador general del Programa de Salud Mental Barrial del hospital Pirovano-, este estado de cosas puede significar un importante crecimiento madurativo y anímico para quienes deban, en medio de esta situación, encontrar cuáles son las raíces que los sostienen, eso que siempre acompaña a las personas y a las comunidades más allá de toda circunstancia, más allá de todo derrumbe."

Toda crisis es también una oportunidad de cambiar y aprender a actuar de manera diferente en lo personal, afirma Litvinoff. "Y si somos capaces de salir de ella, y si cuando salimos nos descubrimos mejores, entonces el esfuerzo y el dolor habrán valido la pena. A la depresión se la combate construyendo la esperanza."

Ocho claves para esperar la llegada de 2002

Vínculos: fortalecer los vínculos afectivos. Es importante poder ser escuchado, apoyado y contenido por amigos y familiares.

Valores: rescatar los valores trascendentales: espirituales, religiosos y comunitarios.

Visiones: intentar cambiar una visión completamente negativa por otra más positiva; pensar que toda crisis es transitoria y superable. Recuperar el sentido del humor.

Distracciones: desconectarse por momentos de las preocupaciones, practicando deportes u otras actividades placenteras y recreativas. Contactarse con la naturaleza.

Relajación: practicar técnicas de relajación para aliviar tensiones.

Activos: asumir una postura activa frente a la crisis, en forma individual y colectiva. No abandonarse a una actitud pasiva.

Creatividad: generar una visión de futuro más optimista facilita la integración social, otorgándonos una visión mas esperanzada frente a los hechos recientes.

Consulta: ver al médico de confianza o a un especialista si uno se ve desbordado por la "depre" de fin de año.

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