Crece la expectativa por el glaciar

Los especialistas y los pobladores de la zona afirman que es imposible precisar cuándo se quebrará
Mariela Arias
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25 de febrero de 2004  

PARQUE NACIONAL LOS GLACIARES.- Sólo 100 metros separan las pasarelas de madera de la lengua de hielo del glaciar Perito Moreno, que desde octubre pasado reposa sobre tierra firme. El esperado dique natural está cerrado. El desnivel entre los lagos es un dato de la realidad. Pero acá nadie se anima a pronosticar cuándo romperá. "Sólo Dios sabe", afirman hasta los no creyentes.

Desde el Balcón Sur de la pasarelas -el lugar más cercano al que se puede acceder-, la perspectiva es sobrecogedora. El hielo de azul profundo despide un aliento gélido. Las formas neogóticas y extravagantes hacen pensar que el glaciar es una obra de Antonio Gaudí. El silencio sólo es interrumpido por los temblores que causan en el frente norte los constantes desprendimientos de hielo que los turistas de todo el mundo no se cansan de fotografiar cada mediodía.

A partir de la nota publicada ayer por LA NACION sobre la posibilidad de su ruptura, los teléfonos de las oficinas de turismo de El Calafate (a 80 km del ventisquero Perito Moreno) no dejaron de sonar. La gente llama desde todo el país, pero los lugareños son cautos.

"Muchos glaciólogos tienen opiniones diferentes. En este momento es muy difícil precisar cuándo se romperá el dique de hielo porque no se conoce cuál es la dinámica actual. Estamos en un proceso de calentamiento global con menor producción de hielo a partir de la nieve, y no nos podemos aventurar a afirmar que romperá en las próximas semanas", aseguró Carlos Corvalán, intendente del Parque Nacional Los Glaciares, que tiene a su cargo la protección y el cuidado del célebre río de hielo.

Sin embargo, el glaciar Perito Moreno, como lo hizo 16 veces durante el siglo pasado, ya inició su proceso de cierre. "Hay un desnivel importante, de 6 metros, entre el Brazo Rico y el Canal de los Témpanos, pero de un cierre definitivo se podrá hablar recién después de marzo. Los informes que recibimos periódicamente de los glaciólogos hacen pensar que el glaciar está en equilibrio, pero nadie aún ha aportado datos en tiempo real", aseguró Corvalán, que junto con sus hombres controlan uno de los parques nacionales más extensos de la Argentina.

La última ruptura del dique de hielo fue el 17 de febrero de 1988. Cinco mil almas lloraron, aplaudieron y gritaron durante diez horas. Un santacruceño, Agustín Mora, lo filmó, y ese film constituye hoy un valioso testimonio. "Cerca de las cinco de la mañana empezó la fisura del hielo, y con las primeras luces, a las 6.40, empezamos la filmación. No pararíamos hasta las 16.40, cuando cayó el último bloque. Estar frente al glaciar cuando ocurre la ruptura es similar a presenciar cómo se dinamita un edificio, el estrépito se escucha a varios kilómetros a la redonda. No hay palabras para explicar lo que uno siente; yo digo que me tocó la mano de Dios", dice Mora, que aún vende y expone el video "Patagonia: tierra bendita", con imágenes de la última ruptura.

Para él, "sólo la naturaleza puede decidir cuándo será. De acuerdo con lo sucedido años anteriores, el desnivel debería superar los 20 metros para que se produzca la ruptura", afirma Mora, que espera poder filmarlo otra vez. En ese momento la televisión japonesa lo transmitió en vivo. Pero no era fácil trabajar: las baterías se descargaban debido a las bajas temperaturas.

Gigante helado

Pero si en 1988 hubo cinco mil personas, ahora las previsiones de Parques Nacionales hacen pensar que superarían las 30 mil. Y hay que tomar recaudos. "Hoy ya es un espectáculo ver el glaciar, pero tenemos que ser cuidadosos, porque no queremos que nadie se sienta frustrado por venir y no poder ver la ruptura", afirmó Néstor Méndez, intendente de El Calafate e hijo de pioneros.

Según los registros de la Intendencia de Parques Nacionales, en 1899 comenzaron las primeras observaciones del glaciar. En 1917, el glaciar cerraría por primera vez, y en 1936 se provocaría una ruptura. En ese momento, la diferencia entre ambos lagos fue de 17 metros.

Si bien cerca de 2200 turistas llegan a diario para mirarlo desde las pasarelas o bien navegar frente a la pared principal, cuando cae la noche pocos tienen el privilegio de dormir a pocos pasos. Es el caso de Roberto Schupbach, concesionario del restaurante ubicado al pie del ventisquero, junto a la casa de guardaparques. "Tengo 62 años y buena parte de mi vida la pasé en este lugar. En el 86 estuve en la construcción de las pasarelas y ahora vivo acá. La naturaleza tiene sus tiempos, por eso creo que no se puede asegurar con precisión cuándo romperá. Si pasa el mes de marzo sin novedades, sólo ahí se podrá empezar a tener alguna precisión", asegura este hombre conocedor del lugar.

Poco queda de la villa El Calafate que en 1988 apenas superaba los 2000 habitantes y unas pocas plazas turísticas. Hoy, con casi 11.000 personas, 3400 plazas turísticas y serios problemas de infraestructura, vive una temporada récord. Cuando el hielo rompa, es probable que se produzca una avalancha turística.

"En la última ruptura yo tenía 14 años -recuerda Leonardo Mardones, otro habitante de la zona-. Fuimos con mi padre, en medio de una caravana de vehículos. El Calafate se despobló y todos nos fuimos a ver el espectáculo que la naturaleza nos regalaba. Había espectadores de todas partes del mundo, mirando y escuchando una sinfonía de desprendimientos que se prolongó durante todo el día, hasta que por la tarde se produjo la caída total del túnel."

La ruptura del dique de hielo no le hará mella a este gigante que tiene una superficie similar a la de la Capital Federal. El glaciar nace en la Cordillera y desciende como un verdadero río de hielo. Cuando avanza sobre la península de Magallanes se produce una obstrucción en el drenaje entre los brazos Rico y el Canal de los Témpanos. Al elevarse las aguas del Rico, la presión que ejerce sobre el dique natural de hielo va en aumento, hasta que la ruptura vuelve a comunicar los dos lagos.

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