Crónica de un drama que no cesa

El impacto de la catástrofe impide que muchos salgan del shock
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10 de mayo de 2003  

Santa Fe.- ¿Cómo evaluar el impacto del drama en los santafecinos cuando siete barrios de la ciudad siguen bajo las aguas? ¿Cómo saber qué piensan cuando 105.000 personas viven el desastre en carne propia? ¿Cómo determinar el daño cuando se ven obligados a vivir lejos de su hogar, sin ninguna certeza de qué les depara el futuro?

Las caras de este drama sin precedente son múltiples: el desarraigo y el hacinamiento en los centros de evacuados, las horas sin fin de quienes se resisten a abandonar los techos, los que debieron autoevacuarse en casas de familiares o amigos, los que están volviendo a reconstruir sus casas. Y también están los que decidieron involucrarse: los voluntarios que acompañan, los héroes sin nombre que abrieron las puertas de su casa.

Cada uno sobrelleva la pena como puede. Algunos logran exteriorizar el dolor y cuentan lo que sienten, pero muchos otros permanecen con la mirada perdida, como ausentes.

No son pocos: es toda Santa Fe la que está shockeada por el tema. No son muchos los que consiguieron enfriar la angustia y pensar con calma.

La pérdida golpea distinto. Los que poco tenían se conforman también con poco. Por eso en los centros de evacuados se ven rostros tristes, pero no tanta desesperación. Son los que se pasan la vida perdiendo, y de tanto perder se terminan resignando.

Distinta es la reacción de la clase media, de los profesionales. A ellos el agua les llegó más hondo. Son los que lloran, los que protestan. Los que viven el duelo porque este río impiadoso les robó una historia de fotos, de libros, de documentos.

Sin embargo, ambos grupos comparten la fortuna de saberse vivos. De haber podido salvarse.

Un caso más dramático viven los que permanecen en los techos defendiendo lo indefendible. Al riesgo sanitario de las aguas infectas se agrega el shock de pasar 24 horas en un lugar mínimo frente a una escena espantosa. El miedo y la soledad atacan duro de noche.

Nadie en esta ciudad está a salvo. Ni siquiera los que estamos de paso. A todos la inundación nos dejó su huella.

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