
Cuáles son las fobias más frecuentes
Una de cada tres consultas es por pánico con agorafobia; quienes buscan ayuda son mayormente mujeres de entre 20 y 30 años
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Náuseas, taquicardia, falta de concentración o fatiga son algunos de los síntomas detrás de los cuales pueden esconderse inmanejables temores irracionales: las fobias. Estos fantasmas, que para despertar sólo necesitan un disparador en nuestro entorno, desconciertan a quienes los padecen y a los médicos, que luego de un sinfín de estudios concluyen que el paciente está físicamente sano. Mientras tanto, ella o él se siente cada vez más atormentado.
"Es muy, pero muy frecuente que se subdiagnostiquen estos trastornos -dice el doctor Gustavo Bustamante, vicepresidente de la Fundación Fobia Club-. Les dicen a los pacientes que son nervios o estrés, hasta les sugieren que se tomen vacaciones, tengan un hijo o se compren un auto... Los profesionales dan soluciones mágicas pasando por alto el diagnóstico."
La Fundación Fobia Club, que investiga los trastornos de ansiedad, acaba de presentar sus estadísticas que revelan cuáles son los temores más comunes que padecen los argentinos.
Un seguimiento de 2000 pacientes realizado de febrero de 2000 a julio de 2004 muestra que el pánico y la fobia social son los cuadros más frecuentes. En especial, entre los 20 y los 30 años.
"Los que más se acercan a la fundación son quienes padecen pánico con agorafobia", afirma Bustamante. Según los resultados del trabajo, el 34% de la población estudiada lo padecía.
En tanto, el 61% de las consultas fue de mujeres y el 39% de hombres. "Esto confirma que no nos salimos de los parámetros mundiales", señala el especialista. Es que estos datos coinciden con la tendencia mundial: los trastornos de ansiedad son más frecuentes entre las mujeres.
Descontrolados
El pánico es una sensación física y espontánea, que surge sin motivo aparente y provoca distintos síntomas: palpitaciones, ahogo, mareos y hasta la sensación de estar muriendo o perdiendo el control de la situación. "Es como si nos pusieran una almohada en la cara -ejemplifica Bustamante-. Empezaríamos a transpirar, tendríamos ganas de salir corriendo y pedir auxilio."
Pero lo que hace más grave este trastorno son las crisis, que duran entre 10 y 15 minutos y aparecen en cualquier contexto. Cuando aparecen, dejan un enorme agotamiento físico y una gran preocupación: ¿qué pasa si se repite en la calle o cuando uno está solo? Esto lleva a que la persona se recluya en su casa y pierda el contacto con el entorno. "Llega a un punto tal que el pánico se une con la agorafobia o miedo a salir a la calle, y que nadie lo pueda asistir si sobreviene el pánico", dice.
Las crisis se dan cada vez con más frecuencia y hasta llegan a repetirse en el día. "Si bien hay una predisposición genética, debe existir un desencadenante -explica el entrevistado-. A fines de 2001, por ejemplo, llegó a la fundación mucha gente a la que se le desencadenaron crisis por el corralito."
La segunda causa de consulta es la fobia social, que es el temor a ser evaluado por los otros. Suele confundirse con timidez y la padece un 13,3% de la población mundial. Según las cifras de Fobia Club -(011) 4804-3750-, el 26% de los 2000 pacientes con fobia social (el 47,5% entre los pacientes de 20 a 30 años) logró sobreponerse a los pocos meses de iniciar el tratamiento.
Sudar, sentir taquicardia, ruborizarse, temblar o tener la mente en blanco suelen ser los síntomas al tener que hablar en público, rendir un examen, enfrentar una entrevista de trabajo o querer expresar los sentimientos.
"La mayor cantidad de solteros, por ejemplo, pertenece a este grupo de pacientes", señala Bustamante, que indica que este trastorno es una mezcla de falta de destrezas sociales, ansiedad e inhibiciones comportamentales para las actividades sociales.
Pero no sólo los adultos padecen fobia social. El pico más alto se registra a los 14 o 15 años, lo que significa que crecen conviviendo con ese fantasma antes de consultar a un psiquiatra o un psicólogo especializado.
Esos chicos se niegan a participar de situaciones en las que pueden tener contacto con otros, como festejar el cumpleaños, ir a la escuela, ir a dormir a la casa de un amigo, salir del cuarto para saludar a invitados o participar de almuerzos o cenas con ajenos a la familia. "Con los años, el trastorno se propaga como un incendio en la persona y las crisis son cada vez más graves", dice Bustamante, que explica que casi un 60% de los alcohólicos suele reconocer que comenzó a beber porque se sentía socialmente incómodo.
Obsesiones y depresión
Las obsesiones compulsivas, la ansiedad generalizada, las fobias más específicas y la depresión son otros de los padeceres que más atormentan a los argentinos. Un 11% de los pacientes sufría ansiedad generalizada. A diferencia de la fobia, se caracteriza por una preocupación permanente y excesiva.
El trastorno obsesivo compulsivo se registró en el 9% de los pacientes. "Un día asocian una idea que no pueden sacar de la cabeza, la sobredimensionan y deben convivir con ella en un mundo imaginario -explica-. Se sienten hiperresponsables de ideas que nunca llevan a la práctica y el tormento no les permite encontrar alivio."
Sólo el 6% tuvo fobia a situaciones u objetos determinados. El límite entre un temor racional y una fobia está en la desproporción de la respuesta ante cierta situación.
Todos estos trastornos tienen en común la depresión que producen. El 50% de los que sufren ansiedad tiene depresión secundaria, que desaparece al tratar el cuadro clínico. Pero, ¿cuál es el futuro de estos desagradables fantasmas? El especialista estima que aumentarán las consultas. "El contexto de incertidumbre en el que vivimos y la presión social favorecen su aparición", concluye.






