Descubren un segundo puente del Inca en el sur de Bolivia

Tiene tres metros de alto y quince de largo, y dos de sus alcantarillas aún funcionan
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21 de mayo de 2003  

Un equipo de científicos argentinos dirigido por el investigador y director del Departamento de Arqueología del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, Rodolfo Raffino, descubrió un puente inca de más de 500 años de antigüedad, oculto en la cordillera de los Chichas, en el sur de Bolivia. Se trata de una construcción de piedra, ubicada a 3760 metros sobre el nivel del mar y parcialmente transformada por los españoles en épocas coloniales.

"El tramo remodelado por los españoles se hizo probablemente en el siglo XVII. El camino y este puente se ampliaron para facilitar el pasaje de tropas de mulas que quizá transportaban alimentos a las minas de Potosí controlado por los españoles hasta la revolución de mayo de 1810", dijo a LA NACION el director de la expedición.

El puente es una obra de tres metros de alto por seis de ancho y 15 de largo. En la base tiene tres alcantarillas de desagüe, de las cuales dos aún funcionan.

Huellas del pasado

La misión científica estuvo integrada por los arqueólogos argentinos Christian Vitry, Diego Gobbo y el mencionado Raffino, y los investigadores y guías de la ciudad de Tarija Carlos y Liselote Methfessel. El equipo viajó a Bolivia a principios de abril para continuar las excavaciones que había suspendido a fines de 2002. En aquella oportunidad, descubrieron 500 kilómetros de Camino del Inca en la región donde ahora hallaron el puente.

"Volvimos a relevar parte del tramo que descubrimos el año último y realizamos varias exploraciones en busca de otras construcciones incaicas. Así descubrimos el puente", explicó Raffino. La expedición fue financiada por la National Geographic Society.

El puente inca, hallado por el equipo de investigadores argentino, es el segundo en su tipo que aún permanece en pie desde la llegada del conquistador español. El primero había sido descubierto en abril de 2000 por la misma expedición. Aquella construcción fue levantada entre 1470 y 1490, en la región de Tarija, a 3300 metros sobre el nivel del mar.

"Los viajeros naturalistas del siglo XIX habían descripto en sus crónicas la existencia de puentes a lo largo de la ruta del Inca. Por eso nos dedicamos a buscar este tipo de construcciones. La primera que encontramos tenía nueve metros de alto por dos y medio de ancho", explicó Raffino.

Según el director de la expedición, el Camino del Inca fue muy investigado hacia principios de siglo XX, pero aproximadamente hacia la tercera década el interés de los arqueólogos decreció y se dejaron de lado los estudios sobre el tema.

No obstante, con la idea de postular el Camino del Inca y las obras asociadas a esta arquitectura como patrimonio de la humanidad ante la Unesco (en la categoría paisaje cultural), los estudios arqueológicos se multiplicaron en distintos países de América latina. Incluso se han llegado a organizar recorridos turísticos por estas carreteras precolombinas.

Autopista imperial

La red de vialidad incaica comprendía 25.000 kilómetros de camino de piedra extraída de canteras. Nacía en Ecuador y se extendía hasta el sur de la provincia de Mendoza, en la Argentina.

Muchos tramos eran solamente rastrillados y señalizados por rocas que se colocaban sobre los costados de la vía. Hoy, gran parte de esa senda se encuentra debajo de la ruta nacional N° 40 que se extiende desde la Quiaca hasta Ushuaia.

La columna vertebral del Camino del Inca era el Capacñam, una ruta de 2500 kilómetros que nacía en el Cuzco, penetraba en Calaoyo (en La Quiaca), continuaba por la puna jujeña y finalizaba mas allá de las quebradas de Humahuaca y del Toro. La vía imperial tenía arterias que se bifurcaban: algunas cruzaban la cordillera hacia Chile y otras se internaban en los bosques chaqueños.

Hace 500 años, esta verdadera autopista precolombina conocía un tránsito intenso. La recorrían guerreros (sinchis), artesanos (camáyocs), campesinos (jatumrunas), obreros (yanaconas), señores (apus) y reyes (cápacs). Era apta para las caravanas que utilizaban la llama como transporte de carga. Con estos animales trasladaban el oro, la plata y el cobre que obtenían de las principales factorías de explotación minera.

La ruta se extendía hasta las fronteras del imperio donde se instalaban pucarás: guarniciones militares destinadas a defender el territorio de cualquier invasión.

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