Dilemas del mal dormir

Los neurólogos Mirta Averbuch, directora del Departamento de Medicina del Sueño del Centro de Diagnóstico TCBA, y Norberto Kriguer, presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, explicaron a LA NACION LINE las causas, mitos y tratamientos del insomnio
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24 de abril de 2004  • 09:34

No pegar un ojo en toda la noche, despertarse constantemente o sentir cansancio a la mañana siguiente son algunos de los síntomas del insomnio, patología que padece cerca del 25% de la población de América latina, según un trabajo realizado por la Sociedad Latinoamericana de Medicina del Sueño.

Pero ¿por qué algunas personas no pueden cumplir con una función fisiológica tan básica como el dormir? Los trastornos del sueño pueden ser originados por ciertas condiciones del lugar en el que pretendemos hallar descanso -temperatura, ruidos, cama, almohada-, como por otras enfermedades, la toma de medicamentos como antidepresivos, y niveles de ansiedad muy altos. Además, pueden estar generados por otras patologías del propio sueño como ronquidos, sonambulismo, terrores nocturnos y pesadillas.

La falta de descanso puede traer diversas consecuencias, pues el sueño cumple funciones vitales para el aprendizaje y el crecimiento. "Hoy se puede comprobar mediante imágenes, a través de la técnica de resonancia computada de cerebro funcional, que durante el sueño se procesa la información que se recibe durante el día y sirve como archivo de la memoria. Además, se fabrican proteínas que posibilitan la recuperación física y se produce un descenso de cortisol, la hormona mala del stress, lo que nos permite levantarnos con niveles bajos de stress y ansiedad al día siguiente. En los niños, se secretan hormonas del crecimiento", explicó a LA NACION LINE la neuróloga Mirta Averbuch, directora del Departamento de Medicina del Sueño del Centro de Diagnóstico TCBA.

Además del cansancio físico, el insomnio puede provocar trastornos de conducta; irritabilidad; dificultades de concentración y de memoria; hipertensión arterial; lentitud en las actitudes -por lo cual somos más proclives a accidentes hogareños y laborales-; aumento del colesterol; alteraciones hormonales que pueden incluso llevar a la impotencia sexual, e infarto de miocardio o cerebral.

Camino al sueño

La cantidad de horas necesarias para un buen descanso varía según la persona, pero generalmente oscila entre seis y ocho horas. Sin embargo, Averbusch reconoció que a algunos individuos les basta con cinco horas y otros precisan entre nueve y diez para recuperarse. Según precisó la médica, actualmente la población mundial en general duerme un promedio de una hora y media menos de lo que tendría que dormir.

¿Cómo hacer para poder cerrar los ojos y entregarse a los designios de Morfeo? Norberto Kriguer, presidente de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño , indicó que existen muchos hábitos que se realizan sin saber que dificultan la conciliación del sueño y que modificándolos se puede resolver el 75% de los casos de insomnes crónicos. Es lo que los especialistas denominan higiene del sueño y consiste en regularizar los horarios de acostarse y levantarse; no consumir alcohol, café o mate antes de ir a la cama y no realizar ejercicios físicos en las últimas horas del día, entre otras cuestiones.

Además, Kriguer recomienda no utilizar el dormitorio como escritorio ni como sala de reunión, pues la cama debe estar asociada directamente con el dormir. "El individuo va a la cama en el momento que tiene sueño. Si se acuesta y está 15 minutos sin dormir, debe retirarse a una habitación contigua y hacer algo relajante para como escuchar música, ejercicios de respiración, yoga, leer un libro, darse un baño caliente, y debe volver a la cama cuando tenga sueño", aconsejó.

Ambos profesionales coincidieron en que los fármacos son adecuados en situaciones puntuales, durante poco tiempo, y que su uso debe estar estrictamente controlado por el médico.

En cambio, se utilizan terapias que hacen hincapié en cuatro aspectos: las causas, la denominada higiene del sueño, la educación y medidas congnitivo-conductuales que involucran un seguimiento del paciente, buscan desterrar ciertos mitos y lograr que la persona deje de estar pendiente del sueño, uno de los obstáculos para el buen dormir.

"La gente que tiene insomnio atribuye todo lo que le pasa a la falta de sueño. Esto produce un circuito de autoperpetuación porque durante el día hay un aumento de la atención somatizada en el cuerpo -se levantan con dolores de espalda, de cintura, de cuello-, un exceso de ansiedad y una excesiva preocupación por el sueño perdido. Cuando llega la noche, para el insomne se da una situación paradojal: se puede dormir en un silla, pero cuando va a la cama, los ojos se le abren como dos faroles, porque hay una asociación, que llamamos autohipnosis negativa, con el hecho de ir a la cama. Esto hace que el cerebro, en vez de entrar en sueño y bajar el nivel de actividad, permanezca hiperactivo y con un sueño que llamamos sueño vigilante, donde se escucha cada ruido ambiente", comentó Averbuch.

Al respecto, Kriguer explicó que según el trabajo de la entidad de América latina, realizado en México, San Pablo y Buenos Aires, el 44% de los pacientes recurrió a la denominada higiene del sueño para acabar con su patología, el 17% a hierbas medicinales, y sólo el 10% a fármacos.

Constanza Longarte

Especial para LA NACION LINE

clongarte@lanacion.com.ar

Para dormir mejor

  • No practicar ejercicios físicos antes de acostarse.
  • Evitar el café, mate y alcohol después de las 18 horas
  • No usar la cama como escritorio, ni para ver televisión.
  • No forzar el sueño
  • Realizar tareas relajantes antes de ir a dormir: baño caliente, yoga, ejercicios de respiración, escuchar música.
  • Si a pesar de estas consideraciones persisten los problemas de sueño, consultar a un especialista.
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