Dos de cada tres infectados no lo saben

Según especialistas consultados, a pesar de que existen medicamentos eficaces, muchas personas con HIV no acceden a ellos
Valeria Shapira
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1 de diciembre de 2001  

Con más certezas en los aspectos médicos que en los sociales, el Día Mundial de la Lucha contra el Sida encuentra a la Argentina con 20.713 enfermos notificados: el 72% está vivo, el 24% ha fallecido y el 4% restante tiene status desconocido. Los infectados con el virus ascenderían, según cifras oficiales y siempre considerando que existe un subregistro nada desdeñable, a 122.000.

Pero la situación local es preocupante. "Dos terceras partes de los infectados no saben que son portadores. Esas son las personas que se internan en los hospitales públicos, y a las que muchas veces se les descubre la infección cuando ya se enfermaron, lo que muestra una clara falla en los mecanismos de prevención", dijo a LA NACION el doctor Héctor Pérez, del servicio de infectología del hospital Fernández.

Según este especialista, "lo paradójico es que hoy tenemos medicamentos que cambian la situación natural de la enfermedad, pero la gente no accede a ellos".

En la Argentina, el 77% de los afectados son varones y el 22% mujeres, y la vía de transmisión sexual continúa liderando la lista de formas de contagio, con el 49,5% de los casos, seguida de los usuarios de drogas inyectables, con el 38,3 por ciento.

Mayores de 50

Este año, a dos décadas del inicio de la epidemia, un documento de Lusida al que tuvo acceso exclusivo LA NACION pone el acento en la situación de los pacientes mayores de 50 años. Según ese organismo, en la Argentina los enfermos mayores de 50 acumulados en los últimos 20 años alcanzan los 1084, lo que representa un 5,2% del total de enfermos diagnosticados al mes de septiembre de 2001.

Lo inquietante es que la mortalidad en este grupo, que llega al 30,2%, "es superior a la encontrada en los menores de 50, en los que representa un 24 por ciento", dice el documento.

Concluyendo que "en la Argentina el HIV-sida se caracteriza por presentar una baja prevalencia en las personas mayores de 50, incluyendo las que sobreviven por largo tiempo y las que se infectan por primera vez", el trabajo argumenta que "los síntomas en las personas mayores pueden no ser reconocidos y orientar hacia otras enfermedades. Tal es el caso de la demencia, que puede ser diagnosticada como mal de Alzheimer, o como el cansancio o la pérdida de peso, que pueden ser interpretados como parte del proceso natural del envejecimiento".

Con respecto a las terapias antirretrovirales, "son un factor de interés, ya que las nuevas terapéuticas pueden interferir con el tratamiento de enfermedades crónicas previas. Las personas mayores con HIV-sida poseen especificidades clínicas y mayor frecuencia de efectos adversos por las interacciones medicamentosas, lo que plantea un importante desafío para las intervenciones terapéuticas".

"Es fundamental hablar de este tema para resaltar que el virus no conoce ni edades ni sexo y que hay que cuidarse siempre. Tenemos que desterrar la vieja idea de los grupos de riesgo, porque los mayores de 50 también tienen relaciones sexuales y pueden contraer el virus", afirmó el doctor Pérez.

En términos generales, en la Argentina la transmisión heterosexual ha ido aumentando en forma sostenida en ambos sexos, aunque de forma más importante en las mujeres, que se enferman más precozmente que los varones, siendo la edad media en el sexo femenino de 27 años, mientras que en el masculino es de 32 años.

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