El estado del mundo

Nora Bär
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23 de enero de 2002  

En su mordaz y ya clásica novela Monte Miseria , el psiquiatra de la Escuela de Medicina de Harvard Samuel Shem pone en boca de uno de su personajes una cruel verdad: "En la vida, al igual que en el ámbito de los logros humanos, donde hagas lo que hagas siempre hay alguien que lo ha hecho más y mejor -escribe-, en la degradación siempre hay quien te supera con creces".

Algo de eso es lo que uno siente frente a las sobrecogedoras imágenes de Kandahar , la película de Mohsen Makhmalbaf y que refleja la salvaje realidad de las mujeres afganas, sometidas a la voluntad de sus maridos y al imperio de una cultura que les impide el acceso a la educación y la salud.

De la catástrofe argentina a la guerra de Afganistán o los desastres ecológicos australianos, las postales del mundo de principios de milenio no dejan de exhibir impúdicos claroscuros. La nueva versión de Estado del Mundo, en su edición 2002, expone a la consideración de quien se tome el trabajo de leerlos muchos datos que lo confirman.

El documento, que despliega los principales problemas que se someterán a consideración de los líderes mundiales en la cumbre de septiembre en Johannesburgo, analiza los avances y retrocesos que se registraron en todo el planeta desde la reunión de Río, en 1992.

Y si bien es cierto que no todos fueron retrocesos (se registraron índices declinantes de muerte por neumonía, diarrea y tuberculosis, y disminución de emisiones de gases que dañan la capa de ozono), también lo es que en otras áreas el panorama internacional no hace más que ensombrecerse: las muertes por sida se multiplicaron por seis, mil cien millones de personas carecen de agua pura y las emisiones de dióxido de carbono (un gas que contribuye al efecto invernadero) aumentaron casi un diez por ciento. En el último cuarto de siglo reaparecieron 20 enfermedades infecciosas familiares -como la tuberculosis, la malaria y el cólera- y emergieron por lo menos 30 previamente desconocidas, como la hepatitis C y el ébola. Y todo esto, rodeado por un nivel de pobreza y de exclusión que no coinciden con la imagen de progreso que prometía el siglo XXI.

Claro que, mientras el programa ambiental de las Naciones Unidas cuenta con un presupuesto de 100 millones de dólares, los gastos militares ascienden a más de dos mil millones... por día.

Para sobreponerse a estos desafíos, los investigadores de Worldwatch recomiendan una receta sencilla: "La historia muestra que la cooperación puede vencer obstáculos aparentemente insalvables", dice Hilary French.

Habrá que pensar en una nueva globalización , que vaya más allá del comercio y las finanzas. Habrá que decidir -los argentinos lo estamos sintiendo en carne propia- si nos unimos para enfrentar los problemas o si persistimos en este camino hacia un mundo donde los ideales carecen de valor, y no tienen cotización en ninguna de las bolsas del planeta.

Por: Nora Bär
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