El prejuicio dificulta la atención

Por Andrés Mega Para LA NACION
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28 de febrero de 2004  

Es indudable, que en los últimos diez años se ha producido un dramático cambio en la nosología y presentación de los cuadros clínicos de pacientes con trastornos psíquicos. Pero lo que ha sido más contundente, por lo menos en mi experiencia, es el exponencial crecimiento de los cuadros depresivos, que involucran desde las formas más benignas, denominadas distimias, hasta las malignas, como la depresión mayor. Si hace unos 15 años uno estimaba que la población general iba a presentar algún trastorno anímico en un porcentual del 12 al 15%, no es temerario afirmar que hoy en día esa proporción se ha duplicado, con la aparición de un fenómeno antes no verificado: las depresiones graves en la niñez.

Estamos asistiendo, especialmente desde la alarma mundial desatada luego de la caída de las Torres Gemelas, a un incremento en los niveles basales de ansiedad. Tal incremento se potencia y produce el llamado TAG, o trastorno de ansiedad generalizada, que a nivel neurobioquímico se caracteriza por una desregulación catecolamínica y todo el correlato neurovegetativo en el nivel cardíaco, respiratorio, secretorio, gastrointestinal.

La depresión es una enfermedad reconocida mundialmente como tal y una de las primeras causas de morbimortalidad en todas las etapas vitales. No reconocerlo hace que una tardía consulta torne más difícil un tratamiento eficaz. Al mismo tiempo, también es importante reconocer que un tratamiento racional en depresión conlleva necesariamente la aplicación simultánea, y no excluyente entre sí, de psicoterapia y psicofarmacología, dado que la persona es, precisamente, una integración de alma y cuerpo. Existe la posibilidad de ser optimistas en la recuperación de este cuadro, con los nuevos recursos de los que la ciencia ahora dispone. Pero vencer el prejuicio, es, precisamente, el primer paso para la recuperación.

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