En dos décadas la mayoría de la población podría ser obesa

Investigadores advierten sobre el riesgo creciente de los malos patrones alimentarios
Investigadores advierten sobre el riesgo creciente de los malos patrones alimentarios
Nora Bär
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30 de agosto de 2001  

VIENA.- Si es cierto, como dice la antigua sentencia, que "eres lo que comes", el XVII Congreso Internacional de Nutrición está sometiendo al juicio de los especialistas investigaciones de importancia prioritaria. Las épocas en que la palabra dieta era apenas sinónimo de adelgazar quedaron atrás. Hoy, los más de 3000 expertos que llegan al Centro Internacional de Viena cada mañana, cuando la brisa agita las aguas plateadas del Danubio, discuten sobre mecanismos moleculares que pueden prevenir las condiciones degenerativas, fortificar el sistema inmunológico y hasta influir en las actividades cognitivas.

En el panorama nutricional global predominan los contrastes. El profesor Ibrahim Elmadfa, de la Universidad de Viena, anticipó logros y dejó en claro que la nutrición es un punto crucial para la salud pública. En 2000, la Unión Europea aprobó un documento que encara la seguridad alimentaria como un tema prioritario.

Faltan datos

La otra cara del calidoscopio nutricional se presenta cada año bajo la forma de cuatro millones de personas que mueren por falta de alimentos. La deficiencia de vitamina A (en la Argentina la padece entre un 10 y un 20% de la población) puede causar una larga lista de enfermedades.

Pero, según Anne Kern, de la Organización Mundial de la Salud, todavía existe "un vacío desesperante de datos nutricionales, en particular en lo concerniente a cómo implementar planes y proyectos de intervención".

Y, como contracara, el fantasma de la obesidad acecha a los países en vías de desarrollo. Andreu Palau, de la Universidad de las islas Baleares, sentenció que "la obesidad es una epidemia real. Si esta tendencia continúa, en dos generaciones la mayor parte de la población será obesa". Explicó que "hay mayor acceso a la comida y estamos más adaptados para combatir la pérdida de peso que la ganancia".

Hoy se sabe que un gran número de moléculas tornan este mecanismo en un proceso complejo. Una de sus indudables protagonistas es la hormona leptina, producida por el tejido adiposo y que actúa sobre el hipotálamo. Pero aún resta responder preguntas controvertidas sobre esta hormona.

Otra de las polémicas gira en torno de los determinantes de la obesidad, ya que los procesos involucrados en la adipogénesis (formación de células grasas), la termogénesis (liberación de energía en forma de calor) y el apetito son muchos y la combinación resultante varía de un individuo a otro.

Un trabajo de la Universidad de Hong Kong encontró que entre chicos de 6 y 7 años el índice de masa corporal de la madre, el peso al nacer, la velocidad de ingesta y el deseo de comer cuando está aburrido indican una tendencia a la obesidad. Otros estudios agregan que, al parecer, los bebes que succionan con más fuerza son los que presentan un riesgo mayor.

Nuevo modelo

Geoffrey Cannon, especialista británico que trabaja en Brasil, fue provocativo: "Decir que la muerte es causada por hambre o grasas saturadas es decir que es producida por una bala que penetró en el cerebro. La cuestión es averiguar quién compró el revólver, quién apretó el gatillo y por qué". Para Cannon, los patrones de alimentación hoy están determinados por "modernos sistemas de comercio conducidos ideológicamente, que equivalen a una nueva forma de colonialismo del Sur".

Entre las causas que explican patrones alimentarios no saludables mencionó el procesamiento de los alimentos (como la hidrogenación de las grasas), la urbanización (lleva a un desconocimiento de los frutos de la tierra), la globalización de dietas poco adecuadas, la hambruna, ciertas decisiones políticas (dar facilidades aduaneras a alimentos con grasas saturadas), la superpoblación, el sedentarismo y "la estupidez, que lleva a algunos a ingerir alimentos que no les darían ni a sus perros y gatos" (sic).

Aconsejó que cuando se habla de cambiar la dieta las recomendaciones no se hagan en el nivel individual, sino a todo el grupo familiar y a la comunidad. Y advirtió que "si se pierde la diversidad dietaria, se pierden fitoquímicos protectores". El desafío va más allá de lo estético y de la esfera privada para ingresar de lleno en el espinoso terreno de los asuntos públicos.

Por: Nora Bär

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