En el aire, jugando con fuego

Valeria Shapira
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5 de diciembre de 2001  

Quemarse o no quemarse. ¿Será esa la cuestión? Enchufados, conectados, sulfatados, incendiados en un fuego del que a veces ni cenizas quedan... Así andamos: jurando fidelidad al smog y al ruido, eternamente infieles a los estabilizadores de tensión, a los filtros, a las balanzas, con tal de responder a los mandatos del éxito o de pagar, en tiempo y forma, la cuenta de la luz a fin de mes. Embanderados en sonrisa digna de la más divina de las comedias, avanzamos sin oponer resistencia hacia el encuentro del burnout , por más que el aterrizaje suponga una cita ineludible con el infierno del Dante.

¿Y la salud? Mal, gracias. Recalentada, como la atmósfera. Con más aire puro en la Dinamarca del príncipe de Shakespeare (el del to be or not to be ), con menos en Buenos Aires, irrespirable en Afganistán.

No se angustie: Llame ya y lo convertiremos, rápidamente, en "gente que sueña que abraza a otra gente" . Es la oferta del día: abrace en sueños, sólo en sueños. Nos quedan otros saldos: Enchúfese sin descanso al e-mail que atraviesa los mares, y esquivará decorosamente miradas y amares. Y olvide de una vez ese maldito deseo de encontrarse con la persona cuya foto llevaría en la billetera...

Prendan las luces: estamos en el aire, a punto de caer, convencidos de que se trata de ser o no ser, de cara o cruz.

Momento. ¿Y si la vida no fuera una moneda? Al final, tanto querer tocar el cielo con las manos, que mientras tanto se nubla y uno se pierde la emoción de contemplar el celeste. Habría que animarse.

Sin miedo a los pronósticos que anticipan tormentas para todo aquel que pretenda sus minutos de gloria diaria con la familia, los amigos, la caminata, el olor de las librerías o el cine. Pensando que existe el gris (aunque no esté de moda), y así no seguir aferrados a la eterna duda entre estar acá o allá. Que no es la duda del motor, sino la del freno. La que siempre nos deja sin el celeste.

Reflexionando que pueden existir estabilizadores, aun en este mundo en llamas, gobernado por la propuesta de tocar el cielo con las manos, aunque después el burnout se sienta hasta en los huesos. O poniendo en duda (la que puede ser motor para el cambio) una frase que siempre creímos imbatible: ¿Calavera no chilla? Habría que preguntarle a Hamlet.

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