Energía y Ecología

Nora Bär
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21 de abril de 2004  

Según Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute, en 1970 el costo de un barril de petróleo era equivalente al de un bushel (35.239 kilos) de trigo; hoy se necesitan nueve bushels del cereal para comprar la misma cantidad de petróleo.

La presión ascendente del "oro negro" está haciendo que hasta los Estados Unidos tengan que enfrentar las complejidades propias de la ecuación energética que, según afirma Brown, "está impulsando el mayor déficit comercial de la historia norteamericana" al inclinar la balanza entre los EE.UU. y Arabia Saudita en favor del país de Medio Oriente.

Tanto el caso norteamericano como el argentino son ejemplares en varios sentidos, pero especialmente en uno: ilustran la precariedad del abastecimiento de combustibles que, como otros recursos naturales, no son renovables. De hecho, muchos especialistas en estos temas subrayan que, dado que se necesitaron millones de años para crear cada gota del petróleo que hoy gastamos en segundos, aunque se desarrollen nuevas tecnologías es ciento por ciento seguro que los pozos terminarán agotándose. Otros opinan que, dado que el petróleo es un contaminante, las reservas deberían quedarse donde están: bajo tierra.

Sin duda, las variables que influyen en el problema energético exceden largamente la de los precios. Según Daniel Bouille, vicepresidente de la Fundación Bariloche, que entre otros temas estudia el de la energía y su relación con el medio ambiente, cualquier discusión sobre estas cuestiones tiene que abarcar el escenario completo y no puede reducirse al estrecho margen de la coyuntura.

Para Bouille, la "crisis" local tiene raíces lejanas. En particular, en las decisiones que durante la pasada década determinaron la transferencia del poder en materia energética a actores descentralizados que implementaron una visión "muy cercana al corto plazo".

A diferencia de lo que propone un discurso muy difundido, Bouille insiste en que la energía es un bien estratégico y por lo tanto no puede dejarse exclusivamente en manos de centros de decisión descentralizados. Y atribuye a un notorio incremento de la explotación del gas natural -otro recurso no renovable- en busca de rentabilidad, el que nuestras reservas hayan descendido de algo más de 30 años, a principios de la década del noventa, a menos de 15, en la actualidad. Una parte significativa de esas reservas se destinó a la exportación, prohibida durante más de cuarenta años.

"La Argentina tiene abundantes recursos, pero no es Arabia ni Venezuela -explicó Bouille, en una pausa del reciente seminario sobre cambio climático realizado en el Palacio San Martín-. Durante mucho tiempo, la política en esta materia estuvo regida por dos criterios: el autoabastecimiento y la diversificación. Así, nuestra matriz energética reposará en las fuentes más abundantes (como la hidroeléctrica), y las otras se preservarán para el futuro."

Para pensar..., porque también en esto se cumple aquello de que "quien no tiene cabeza para prever, debe tener hombros para aguantar".

Por: Nora Bär

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