Es posible reducirla un 50%

Fabiola Czubaj
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17 de diciembre de 2009  

Cada día, en el país mueren súbitamente 75 adultos, según las estimaciones más conservadoras. Es decir que cada año se pierden poco más de 27.000 vidas, de las que más de 13.000 se podrían evitar con sólo saber cómo actuar.

La muerte súbita es la que ocurre inesperadamente durante las primeras horas desde la aparición de síntomas, con o sin una enfermedad ya conocida. "El hecho de ser inesperada hace que la mayoría de los casos en adultos ocurra en la vía pública o en el hogar", dijo el doctor González Zuelgaray, jefe del Servicio de Arritmias y Electrofisiología del Instituto Argentino del Diagnóstico y Tratamiento (IADT) y presidente de Arrhythmia Alliance Argentina. Esta flamante alianza local, cuya organización madre en el Reino Unido ( www.arrhythmiaalliance.org.uk ) logró incluir por ley la arritmia y la muerte súbita como prioridades de la salud pública, promueve la llamada cadena de supervivencia.

Se trata de un conjunto de pasos que deben cumplirse ante un caso de muerte súbita. El primero es llamar al 107 (Emergencias), para iniciar luego el masaje cardíaco si se cuenta con el entrenamiento adecuado. "La mitad de los pacientes podrían sobrevivir si se lograra reforzar la cadena de supervivencia", explicó González Zuelgaray.

Los resultados de una encuesta en a 984 personas de 17 a 82 años de 1997, que acaba de actualizarse, mostró que el 60% desconocía el número de Emergencias (107), mientras que sólo el 21% dijo conocer la RCP. "La encuesta nos da cifras de lo que ya intuíamos: la gran desinformación que hay sobre una de las principales causas de muerte de los menores de 65", indicó. Eso incluye la prevención de la enfermedad coronaria, principal causa de muerte súbita en los adultos.

El 75-80% de los casos ocurre por la alteración de la actividad eléctrica del corazón, que se puede detectar con un electrocardiograma o con saber tomarse el pulso.

"Lo ideal sería trazar un mapa con la frecuencia de paros cardíacos en cada ciudad e instalar desfibriladores externos automáticos en lugares estratégicos que, además de policías y bomberos, puedan operar, por ejemplo, docentes, porteros u otros voluntarios entrenados", propuso.

Cuando sólo se realizan las maniobras de reanimación, sobrevive el 5%, mientras que cuando se combina con un choque eléctrico, sobrevive más del 50%. Un dato clave: por cada minuto que pasa sin actuar se reduce un 10% la probabilidad de sobrevida.

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