Exportación de cerebros

Nora Bär
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26 de junio de 2002  

Hace unos días se realizó en Buenos Aires un encuentro que reunió a un grupo de los más brillantes científicos y artistas argentinos. Organizado por la John Simon Guggenheim Foundation y la Fundación Antorchas -que ofrecen becas a profesionales destacados-, allí becarios y autoridades de ambas organizaciones tuvieron la oportunidad de intercambiar impresiones.

Entre el asombro y la incredulidad, un tema que dominó las conversaciones fue el número excepcional de becarios que regularmente tiene la Argentina en comparación con otros países.

En los 75 años de la Fundación Guggenheim, la lista de los argentinos cuyo trabajo fue juzgado como sobresaliente sobrepasa largamente las de todos los demás aspirantes: con 379 intelectuales que merecieron la distinción, nuestro país supera a Canadá (283), México (245), Brasil (211), Chile (171), Colombia (64), Cuba (57), Venezuela (35), Uruguay (49), Puerto Rico (41), Peru (71), Ecuador (13), Costa Rica (9) y Bolivia (16).

Y no se trata de un caso aislado. El último año ocurrió algo similar con las becas internacionales del Howard Hughes Medical Institute, organización filantrópica que subvenciona a muchos de los científicos que trabajan en las fronteras del conocimiento biomédico: la Argentina (con 15 subsidios) sólo es superada por Rusia (con 18); luego vienen Bulgaria (2), la República Checa (6), Estonia (4), Hungría (8), Lituania (3), Polonia (3), la República Eslovaca (2), Ucrania (2), Brasil (4), Canadá (13), Chile (3), México (7) y Venezuela (1).

No hay vueltas, una y otra vez la conclusión es evidente y siempre la misma: "El país no aprovecha una de sus mayores ventajas comparativas: sus intelectuales y científicos -se indigna el doctor Ernesto Calvo, químico de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales e integrante del círculo dorado de becarios-. Exportamos a un valor de entre 0,15 y 0,30 dólar por kilo, según se tomen granos o petróleo, e importamos, en promedio, a 4 dólares por kilo. Mientras tanto, un kilo de chips supera el millón de dólares..."

Como otros, Calvo está preocupado por las penurias de todo tipo que están destruyendo el sistema científico local, pero se angustia aún más al pensar en cómo se van los jóvenes más brillantes que forma en su laboratorio -conoce bien ese desgarramiento: en los últimos meses partieron dos, uno para Harvard y otro para Canadá-. "Y se van para no volver, no para perfeccionarse y volver", se lamenta.

En un ejercicio reiterado del modus operandi que consiste en correr detrás de lo urgente, mientras se olvida lo importante, la Argentina exporta alegremente sus mejores cerebros, bienes que otros países se cuidan mucho de perder.

En el siglo IV a.C. el chino Sun Tzu ya se había percatado de que la inteligencia es uno de los bienes supremos de la especie humana. En su clásico estratégico-filosófico El arte de la Guerra, escribió: "Nada debería ser tan bien visto como la inteligencia; nada debería recompensarse tan generosamente como la inteligencia; nada debería ser tan confidencial como el trabajo de la inteligencia".

Sería interesante que comenzáramos a tomar nota de algunas premisas que ya nadie discute. Cultivar el conocimiento y dejar volar la imaginación son dos de ellas. Ya lo dijo Cromwell: "Nunca se va tan lejos como cuando no se sabe adónde se va".

Por: Nora Bär

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