Hacia las profundidades del océano

Ya hay tres proyectos en marcha para llegar al "sitio prohibido", que nunca antes tocó un ser humano
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3 de agosto de 2011  

NUEVA YORK.- Una nueva generación de temerarios está buscando sumergirse a través de 10.000 metros de agua hasta el fondo de un abismo rocoso en el oeste del Pacífico que se encuentra oculto en una perpetua oscuridad. Es el punto más profundo del océano. El sitio prohibido, conocido como Challenger Deep, se encuentra tan lejos del alcance de los rayos de sol que su temperatura es cercana al congelamiento.

"Cuando era niño, no sólo amaba la increíble exploración de los océanos sino también la del espacio", dijo James Cameron, director de Avatar, Titanic y El a bismo. "No puedo pensar en una fantasía mayor que la de ser un explorador y ver lo que los ojos humanos no han visto antes."

Estos nuevos exploradores pueden darse el lujo de vivir sus sueños gracias a sus extraordinariamente profundos bolsillos. Significativamente, sus ambiciones exceden por lejos la de las naciones, que no tienen planes de enviar personas a tanta profundidad.

Los billonarios y millonarios incluyen a Cameron, al magnate de la aviación Richard Branson y al gurú de Internet Eric E. Schmidt. Cada uno está construyendo, planeando construir o financiando la construcción de minisubmarinos pensados para transportarlos a ellos, a sus amigos y a los científicos a las profundidades. Los empresarios también hablan de llevar turistas allí abajo.

Los vehículos, diseñados para transportar entre una y tres personas, se estima que costarán entre 7 y 40 millones de dólares.

La primera zambullida está prevista para este año. Pero mientras el secreto y la incertidumbre técnica han rodeado a muchas de estas empresas, los oceanógrafos dicen que la agenda actual podría modificarse.

El avance está ocurriendo ahora en parte debido a los progresos en materiales, en baterías y en electrónica, que están bajando los costos y aumentando la capacidad de los sumergibles. Aun así, el desafío es formidable. Los más difíciles de construir son los compartimientos para la tripulación, cuyas paredes deben ser muy delgadas, fuertes y diseñadas con precisión para soportar las toneladas de aplastante presión. Los ingenieros están utilizando materiales inesperados, como esferas de cristal resistente a la presión.

Los humanos han descansado sus ojos en el Challenger Deep sólo una vez, hace medio siglo, en un navío de la armada de los Estados Unidos. En el descenso se quebró una ventana. El aterrizaje sobre el fondo revolvió tanto barro que los buzos pudieron ver poco y no tomaron ninguna fotografía. Estuvieron allí sólo 20 minutos.

Las incursiones a profundidades menores se han multiplicado con los años. Desde el descubrimiento del Titanic en el lecho del Atlántico Norte, en 1985, cientos de exploradores, turistas y cineastas (incluyendo a Cameron) han visitado el más famoso naufragio del mundo, que descansa a más de tres kilómetros de profundidad. El Challenger Deep y otros abismos similares forman parte de un vasto sistema de fosas en el lecho marino que cruzan el planeta. Los más profundos se encuentran en el Pacífico Oeste.

Durante décadas, los biólogos han espiado a sus habitantes al sumergir dragas en las profundidades, con las que extrajeron gusanos de aspecto bizarro, crustáceos y pepinos marinos. Más recientemente, robots subacuáticos han filmado enjambres de anguilas y de fantasmagóricos peces, con colas largas y sinuosas.

El último gran desafío

A principios de abril, Branson dio una conferencia de prensa en Newport Beach, California, para presentar su sumergible. "El último gran desafío para los humanos -dijo Branson, el fundador de Virgin Atlantic y Virgin Galactic- es explorar las profundidades oceánicas." El vehículo y su nave madre costaron unos 17 millones de dólares, y se sumergiría este año.

Unas semanas después, otro equipo hizo públicos sus planes. La compañía Tritón Submarines anunció que está lista para construir un sumergible para llevar a tres personas al fondo de Challenger Deep. Un ejecutivo de la compañía dijo que un billonario y un millonario estaban en tratativas para comprar cada uno un vehículo, valuados en 15 millones de dólares.

Tal vez el menos visible de los empresarios sea Eric Schmidt, presidente de Google y fundador del Instituto para la Investigación Océanica. Actualmente cuenta con dos barcos oceanográficos y también financió el desarrolló de un sumergible avanzado. La nave, Deepsearch, es grande y fino, como un pez espada o un torpedo. Se sumergiría 10 km en poco más de una hora. "La meta -dice- es contar con un medio que les ofrezca a los científicos acceso ilimitado a las profundidades del océano."

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