Hallan restos de la vieja Santa Fe

Fundada por Garay en 1573, quedó sumergida bajo aguas de un afluente del Paraná
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14 de octubre de 2000  

Luego de una pesquisa de más de cinco años tras las huellas de las antiquísimas ruinas de Santa Fe La Vieja, fundada en 1573 por Juan de Garay, y sumergida bajo las aguas del río San Javier desde 1670, arqueólogos argentinos hallaron más de 3000 fragmentos cerámicos de la época colonial que permitirán reconstruir la vida del primer gran asentamiento urbano hispanoamericano de los siglos XVI y XVII.

Se encontraron fragmentos de vasijas cuyos motivos pictóricos indican la presencia de población negra en la zona. Esta información coincide con documentos que aseguran la existencia de habitantes españoles, portugueses, indios y, en menor medida, esclavos negros en Santa Fe.

El trabajo estuvo a cargo de Javier García Cano, director de la Fundación Albenga -dedicada a la arqueología subacuática- y Mónica Valentini, del departamento de Arqueología de la Escuela de Antropología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), quienes recientemente terminaron la tercera fase de una investigación que comenzó en 1995.

Cuatro siglos bajo las aguas

Santa Fe La Vieja estaba a unos ochenta kilómetros al norte de la actual capital provincial y comenzó su evacuación a mediados de 1649 por los constantes desbordes de uno de los brazos del río Paraná. Los derrumbes progresivos de la barranca dejaron al pueblo incomunicado con el exterior.

Recién en 1670 logró ser totalmente despoblada. Un sector de la ciudad quedó sumergido bajo el río y otro, en tierra, fue abandonado.

Para el arquitecto Carlos Pernaut, vicepresidente para América del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, el valor de la investigación radica en la posibilidad de ver "una ciudad detenida en el tiempo y realizar pruebas que configurarán el modelo urbano español de aquella época". La relevancia del hallazgo reside en que este poblado constituye un antecedente del modelo urbano que, posteriormente, adoptaría la ciudad de Buenos Aires.

"En comparación con Buenos Aires, Santa Fe La Vieja fue en su época una ciudad más importante. Esta realidad se vislumbra en el tipo de materiales que hallamos y que nos hablan de un mayor poder adquisitivo de sus habitantes. En este sentido, las casas tenían tejas decoradas y los materiales de construcción eran de una calidad superior", informa el arquitecto Javier García Cano.

Veinte buzos se sumergieron en aguas del río San Javier en busca de pistas o indicios que permitieran reconstruir parte de una historia que tiene más de 400 años bajo las aguas.

Hoy, los científicos creen que la zona donde vivía la elite colonial se halla a unos 20 metros de la orilla del río, donde se encontró una gran cantidad de material arqueológico. Precisamente, en este lugar se localizaban la plaza principal, la iglesia de los Jesuitas y la casa del fundador de Santa Fe La Vieja.

El especialista en arqueología subacuática Javier García Cano dijo que un importante porcentaje de cerámicas halladas fue confeccionado por indígenas. Otros fragmentos encontrados, en cambio, provenían de España o eran producto de fabricaciones españolas locales. Pero también se identificaron cerámicas guaraníes en zonas más alejadas del centro urbano.

Misterio y desafío

En diálogo con La Nación , la licenciada en historia Mónica Valentini indicó: "El trabajo comenzó siendo un gran misterio porque teníamos que meternos en las aguas turbias del río San Javier. Desconocíamos si el río verdaderamente tenía material de investigación. Sí sabíamos que en 1949 el investigador santafecino Zapata Gollán había comenzado a investigar en la zona con la ayuda de un grupo de buzos. Lo que nos intrigaba era saber qué buscaban".

Si bien fue imposible trabajar sobre restos arquitectónicos "porque las casas eran de tapia y se deshicieron al tomar contacto con el agua -aclaró la licenciada Valentini- encontramos muchos fragmentos cerámicos, algo de huesos, maderas y algunos metales".

El esfuerzo de los buzos no fue menor: durante las tres campañas (en 1995, 1996 y 1998), de unos 20 días de duración cada una, tuvieron que manejarse casi a ciegas porque las aguas del río San Javier son turbias. Si bien no había profundidades superiores a los 10 metros, algunas veces tenían que trabajar atados a caños para evitar ser llevados por la corriente.

Los investigadores afirman que la misión no terminó. "Pero todo depende de conseguir los fondos necesarios -comentan preocupados-. Todavía queda mucho por relevar en el río."

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