Hay altos niveles de anemia entre los bebes argentinos

Afirman que es por falta de suplementación con hierro después de la lactancia
Afirman que es por falta de suplementación con hierro después de la lactancia
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21 de agosto de 2000  

La anemia es la carencia nutricional con mayor presencia en todo el mundo. Según un estudio realizado por profesionales del servicio de Mediano Riesgo del Hospital Garrahan, la principal causa de anemia en lactantes es la falta de hierro en la dieta ( anemia ferropénica ) y la inadecuada o inexistente prescripción de hierro en forma de medicamento.

Para los responsables de la investigación, los doctores Villarreal, Rocco, Gaviña, Prado y Bailatti, los niños de entre 3 y 4 meses que tuvieron un destete precoz y fueron alimentados con leche de vaca entera y papillas pobres en hierro sufrieron anemia. El problema surge porque los bebes necesitan consumir tanto hierro como los adultos, pero la cantidad de alimentos que ingieren es mucho menor. Por eso, los lactantes son muy vulnerables a padecer esta enfermedad.

Los pediatras advierten que, a partir del cuarto mes de vida, los depósitos de hierro de los bebes se reducen a la mitad, y en estos casos hay que administrar hierro en forma de medicamento para poder mantener la concentración adecuada en la sangre, hasta los doce meses.

Enfermedad invisible

La anemia no se percibe visualmente. Muchos padres creen que sus hijos están sanos porque tienen el peso y la talla acordes con su edad. Algunos sospechan que algo no anda bien cuando el pequeño parece estar muy cansado y sin fuerzas. Las consecuencias de una anemia severa son graves. A largo plazo, puede ocasionar problemas de atención y trastornos en el desarrollo mental y motor.

"El hierro tiene una participación fundamental en la conformación del metabolismo cerebral de los bebes. El efecto adverso más importante de la carencia de hierro es la alteración del desarrollo psicomotor, probablemente irreversible. Por eso, es imperioso resolver esta deficiencia en los dos primeros años de vida", advierte Alejandro O´Donnell, jefe del servicio de Nutrición del Garrahan.

En la Argentina, los índices de prevalencia en niños menores de dos años son alarmantes. La provincia de Misiones posee la cifra más alta (55%), mientras en el Gran Buenos Aires es de un 46,7%, en Salta llega a un 35% y en Tierra del Fuego al 24%. "Existen seguimientos de chicos anémicos desde los 10 meses de vida. Luego se los evaluó al iniciar el jardín de infantes y al comenzar el ciclo primario, y se encontraron diferencias en su rendimiento intelectual, en relación con los niños que no padecieron la enfermedad", explica O´Donnell.

Para combatir la anemia, los médicos recomiendan que durante los primeros seis meses de vida la leche materna sea el alimento principal del bebe, ya que le brinda anticuerpos que lo protegen contra las enfermedades. Pero cuando se acaba la lactancia los niños necesitan un suplemento de hierro, porque sus requerimientos nutritivos son mayores y el ritmo de crecimiento es muy veloz.

Planes para 2001

Recientemente, para prevenir esta afección el Ministerio de Salud resolvió que, a partir del año próximo, la leche que compra para distribuir en los centros de salud de todo el país por medio del Programa Materno Infantil (Promin) será reemplazada por leche fortificada.

Funcionarios del ministerio están trabajando para que esta medida pueda ser aplicada en marzo de 2001. Pablo Vinocur, coordinador de la Unidad Ejecutora de Programas Materno Infantiles y Nutricionales del Ministerio de Salud de la Nación, informó que la leche entera que se distribuye a más de 800 mil personas, en su mayoría niños, será reemplazada por una leche rica en hierro, zinc (para prevenir los problemas en el crecimiento) y ácido ascórbico (facilita la absorción del hierro).

En los Estados Unidos, esta experiencia de fortificar las fórmulas lácteas se realiza desde la década del 60. Actualmente, este alimento es consumido por el 80% de los niños de alrededor de 6 meses. A esto se atribuye el hecho de que la anemia afecte sólo al 3% de los lactantes y preescolares norteamericanos.

A partir de que el bebe deja la leche materna, su dieta tiene que incluir leches fortificadas y carnes rojas, alimentos muy abundantes en hierro. También legumbres, hortalizas, soja y porotos. Pero estos últimos vegetales deben ser acompañados por otros ricos en vitamina C (cítricos, por ejemplo), que permiten la retención del hierro por parte del organismo; de lo contrario, este nutriente se pierde. En este sentido, O´Donnell aclara que "la espinaca de Popeye sin vitamina C no sirve de nada". Por otra parte, el té y el mate interfieren en la absorción del hierro y deben consumirse lejos de las comidas principales. Por eso, los pediatras prescriben gotas con hierro entre los 4 y los 18 meses como suplemento preventivo. "Estas gotas son fundamentales para prevenir la anemia. El problema es que las madres se olvidan de dárselas a los niños, y entonces el tratamiento fracasa", aclara O´Donnell.

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